Trabajadores. Batallas por la dignidad (III)

Los domingos 27 de agosto  y 10 de septiembre publiqué la primera y segunda partes de esta historia. He contado sobre la serie de agravios que estos trabajadores vivieron (en la primera parte), y de cómo esos mismos agravios (en la segunda parte) se transformaron en una poderosa fuerza para organizarse y luchar por su dignidad.

Hasta ahora, mientras el primer grupo de trabajadores se hallaba fuera de la planta, con un proceso judicial en los tribunales, empantanado con los recursos legales que el bufete de abogados que representaba a la empresa interponía, el segundo grupo, ya había sido reinstalado.

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El 11 de agosto de 2012, con la reinstalación de los 11 trabajadores la estrategia de la empresa empezó a partirse. “Allí ya comenzamos a agarrar credibilidad como organización, porque ellos (los gerentes, los supervisores) se la pasaban diciéndoles a los otros trabajadores que nosotros ya no íbamos a entrar; que el que se afiliara al sindicato se iba a ir también, como nosotros”, recuerda Néstor Hernández Rodríguez, operador de roladora, la máquina donde se hacen las costaneras.

Continúa Néstor: “A los del segundo grupo de trabajadores, los que fuimos reinstalados, cuando regresamos, ya nadie nos hablaba. Si los supervisores miraban a alguien hablando con los 11 que entramos, ya lo llamaban de Recursos Humanos, y lo empezaban a cuestionar, que qué estaba hablando con nosotros, que si se iba a afiliar al sindicato. Para el almuerzo, estaba uno sentado aquí, estaba allí la mesa vacía, y nadie se sentaba con uno. Como animales raros nos miraban. Las mesas llenas de un lado, y nosotros comiendo solos en las demás mesas porque nadie se sentaba con uno. Era prohibido que los demás compañeros hablaran con nosotros. Si veían grupitos de tres o de cuatro, dios guarde, la empresa les prohibía a los compañeros, que qué estaban hablando con nosotros, que los íbamos a manipular. Implementaron un sistema de cámaras para vigilar lo que hacíamos adentro de la planta. A pesar que la gente veía que ya no podían despedirlos, porque a nosotros nos habían reinstalado, todavía quedaba un gran temor, había mucho miedo en los trabajadores”.

“El gerente de Recursos Humanos llegaba de uno en uno, en las máquinas, en todas las áreas, que qué era lo que uno quería para desistir del sindicato, que los sindicatos no eran buenos en Guatemala, que ellos tenían la mejor asesoría legal, que los que se afiliaran al sindicato los iban a sacar de la empresa y que no iban a encontrar trabajo en ninguna otra parte”, recuerda Néstor.

Con el primer grupo de trabajadores reinstalados la empresa pasó a la ofensiva, incrementando los controles sobre los trabajadores. Entonces, la organización tuvo que implementar otras estrategias. Si la empresa podía controlar completamente lo que los diez trabajadores hacían adentro de la planta, afuera no podría hacerlo, y menos aún los domingos. Entonces, continúa relatándonos Néstor: “visitábamos a los trabajadores en sus casas, los íbamos a visitar los domingos, como los Testigos de Jehová íbamos, de dos en dos, solo que nosotros no íbamos con traje y corbata porque ni a eso llegábamos. O en las salidas de turno, por ejemplo: –miren muchá, fíjense que me voy a ir por tal lado, me siguen, y en tal lado nos vamos a juntar, pero lejos de la planta. Con alguien que vivía aquí, en el área de Villa Nueva, nos íbamos hasta allá por la zona 1 (de Ciudad de Guatemala), porque si algún conocido veía que alguien estaba platicando con nosotros, luego lo sabían en la empresa. La empresa implementó algo, que a algunos trabajadores les subieron el sueldo, pero con la condición que tenían que tener informados a los supervisores, a los de recursos humanos, de todo lo que se enteraran”.

Cada semana, los trabajadores manifestaban afuera de la planta, con las familias, las esposas, los hijos chiquitos, para decir “aquí estamos”, con pancartas y gritaban: que “más vale morir de pie que vivir de rodillas”; y que “sindicato unido, jamás será vencido”. Así fue como otros trabajadores fueron perdiendo el miedo, y se animaron a afiliarse al sindicato, que ahora cuenta con 70 trabajadores, de alrededor de 130.

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En septiembre de 2014, los trabajadores del primer grupo de fundadores del sindicato fueron reinstalados. De los 27 fundadores, 12 del primer grupo y 15 del segundo, regresaron 9 del primer grupo y 11 del segundo a la planta. –“Si emplazamos a la empresa y por eso nos despiden, en 24 horas tienen que reinstalarnos”, le dijo, con el Código de Trabajo en la mano, Boanerges Argueta, operador de stiller, a Emeterio Nacth, ayudante de costanera. Ahora, bromea Emeterio: “Boanerges se equivocó en un pequeñísimo detalle, y es que no fueron 24 horas, sino 24 meses”. En realidad, los trabajadores pasaron dos años y siete meses, resistiendo.

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Ahora, con el sindicato, las condiciones de trabajo han cambiado: se acabaron los turnos de 16 horas y la obligatoriedad de trabajar los domingos, el que quiere hacerlo lo hace, ya no hay más amenazas de despido, y si se trabaja domingo se tiene derecho a descansar un día de la semana. Ahora, también, solo se trabaja una semana de día y otra de noche, cuando antes eran tres semanas consecutivas en cada turno. Ya no se trabaja durante la Semana Santa. Ya nadie cabecea la carga. Los turnos como operador y como auxiliar son reconocidos –en el salario–; si un auxiliar pasa a ser operador recibe el salario del operador. Los supervisores no pueden ya maltratar a los trabajadores, insultarlos, como antes. Las secciones del comedor, para los almuerzos, ahora son las mismas que para los trabajadores administrativos, teniendo derecho a un subsidio, la empresa asume una parte del costo de la comida. Ahora ya tienen permiso para ir a consultas al Seguro Social. Los uniformes los dan cuando se arruinan, y no cada año.

Siempre, no reconocer al sindicato. Ellos mismos, la empresa, creó un sindicato, de esos blancos. Con eso Ternium Internacional de Guatemala intenta bloquear la negociación del pacto colectivo de condiciones de trabajo. En esta como en otras luchas no hay final feliz; queda solo la satisfacción de saber que se luchó, porque no había más qué hacer.

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A estas batallas por la dignidad se sumaron múltiples apoyos: Víctor Pérez Herrera, jefe de Taller de Coca Cola Guatemala, y miembro del sindicato de la embotelladora, que siempre ha estado allí, con ellos, que nunca les ha dejado solos. Los abogados Ingrid Urízar y Rafael Sánchez, de Festras, la Federación Sindical de Trabajadores de la Alimentación, Agroindustria y Similares de Guatemala, son de esos abogados incorruptibles, que tanta falta le hacen a Guatemala. En Canadá, Mario Torres, de la Fundación Enrique Torres, en honor a un gran luchador por los derechos de los trabajadores, les ayudó a establecer contacto con el United Steelworkers y estos les abrieron las puertas al IndustriALL Global Union, el sindicato mundial del acero, del que Sitraternium hace parte.

https://elperiodico.com.gt/domingo/2017/09/24/trabajadores-batallas-por-la-dignidad-iii/

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Trabajadores. La batalla por la dignidad (Parte I)

Dignidad. Valor inherente al ser humano por el simple hecho de serlo.

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Esta es la historia de un pequeño grupo de trabajadores que, con sus propias fuerzas, por si mismos, demostraron que, si luchaban, era posible mejorar sus condiciones de vida, hacerse respetar. En esta larga batalla la bondad, la solidaridad y el coraje iban a ser llevados al límite.

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Todo empezó en 2006, cuando una nueva administración tomó el control de la planta. De inmediato, la nueva gerencia impuso sus condiciones: eliminaron las canastas navideñas; el convivio para los niños; el festejo que, el día del niño, daban a los pequeños; y así, una serie de pequeñas prestaciones más.

La nueva administración quitó la cena, que, en el turno de la noche, hasta un tiempo antes les daban. Con ello, en adelante, durante el turno de la noche, el que quería comer debía llevar sus alimentos. A todos los trabajadores, en cualquier turno, se les prohibía salir –durante sus tiempos de comida– afuera de la planta.

Incrementaron luego la jornada de trabajo, de 12 a 16 horas, en turnos que iban de 6 de la mañana a 10 de la noche, y de 2 de la tarde a 10 de la mañana. Entonces, le dije al gerente de producción que yo a ese horario no me adaptaba. Él me mandó a llamar a su oficina, y me dijo: – Mirá, aquí ningún hijuelagranputa me va a decir cómo voy a trabajar yo. – Ingeniero disculpe, pero esto es un trabajo, no es esclavitud, le dije yo. – La gran puta, me dijo, y somató el escritorio. Mejor me salí, allí lo dejé.

Con el incremento de la jornada de trabajo, durante algunas horas, los dos turnos se traslapaban. Ante ello, en el área de embarque, los trabajadores tenían que “cabecear” las láminas. Como no había suficientes grúas para realizar el proceso de carga, entonces, los trabajadores eran forzados, entre dos, a transportar manualmente, con su propia fuerza, sobre su cabeza, las láminas. Al principio, los trabajadores pensaban que esto podía hacerse agrupando tres láminas; pero el ingeniero les dijo: – No, se llevan las diez de un solo. Ya tenía uno la cabeza con el canalito ya hecho, bromean ahora los trabajadores.

Luego, impusieron que era obligatorio trabajar los domingos. Los trabajadores recuerdan así el discurso que acompañó la nueva orden: – Miren: si no quieren hacer ni mierda, dejen allí esa babosada. Ustedes no van a andar allí jodiendo igual que antes, porque ahorita ya es esta nueva empresa y ellos vienen dando con todo. Lo que yo puedo hacer es despedirlos a ustedes, así como despedí a los que no querían hacer ni mierda y se pusieron al brinco, ya vieron como los eché a la mierda, igual lo voy a hacer con Ustedes, los voy a despedir, y allí afuera miren qué putas hacen. Al final de cuentas aquí la planta tiene gente de sobra; se van dos, tres, y allí afuera hay cien esperando. Así que Ustedes: o hacen lo que aquí se les dice, o van a comer mierda.

En el área de embarque, uno de los supervisores intentó obligar a los trabajadores a llevar la basura que estaba en los botes al basurero general. Como los trabajadores le dijeron que no, que cada quien tenía su trabajo, que esa era labor de los trabajadores de limpieza, entonces, él agarró los botes de basura y se los vació sobre su cabeza. – Aquí yo mando; aquí, si yo quiero los despido.

Uno de los supervisores llegó hasta una pequeña bodega donde los trabajadores tenían colgados sus suéteres. Entro y dijo: – ¿De quién es esto? – De nosotros, le dijimos. – A mí no me parece que estén colgando esto aquí, y agarró los suéteres y los tiró al piso y mandó a uno de los trabajadores a que los fuera tirar a un basurero.

Para ir al baño los trabajadores debían ir hasta la oficina del supervisor y allí solicitar el “pase”, un cartón firmado y sellado por el ingeniero; lo que solo podía hacerse si no había nadie más haciendo uso del servicio sanitario. Si el pase estaba en la oficina y no estaba la persona, allí había problema. El baño queda lejos de donde estaban los trabajadores. – Uno para ir al baño, de aquí a que vaya a pedir el pase, o esperar a que otra persona venga y entregue el pase… se hacía un desmadre.

En otra ocasión a uno de los trabajadores se le sancionó por acostarse, durante su tiempo de comida, a la sombra de un árbol. Era tanto el cansancio que, en lugar de comer, él prefirió dormir un rato. El supervisor pasó y se le quedó viendo. Esa misma tarde le llamaron de recursos humanos para oficializarle la sanción.

Cuando alguien precisaba ir a consulta con el médico, por alguna enfermedad, en la empresa no les otorgaban los permisos. El ingeniero me dijo: – Gente enferma no queremos aquí; si vas a ir al IGSS es un día a cuenta de tus vacaciones. A los trabajadores que estaban en el turno de noche, les decían que, si iban al IGSS, eso no contaba, que no tenían permiso. Los trabajadores se ríen ahora: – Solo que tuvieras tu cita del IGSS en la noche; si estabas en el turno de noche no podías enfermarte.

La frase que más recuerdan los trabajadores que les repetían los supervisores era: – El portón tiene seis metros de ancho y de alto tiene uuuuu, bastante, pasa un camión, no van a pasar ustedes, se pueden ir cuando quieran.

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Con lo que no contaba la gerencia era con un inofensivo camión de bebidas que, una vez a la semana llegaba a surtir producto a la cafetería de la fábrica. Un día, el vendedor y los dos auxiliares, con su uniforme de camisa de botones a rayas blancas y rojas y pantalón de lona, entablaron una conversación con algunos trabajadores de la fábrica: – ¿Qué tal muchá, que tal todo por aquí? Ya los compañeros les contaron que para todo eran amenazas de despido, los insultos, la jornada de trabajo. – ¿Saben qué? les dijeron, mejor platicamos afuera, si los oyen aquí los van a despedir, ¿a qué hora terminan su turno? El vendedor y los auxiliares eran miembros del Sindicato de Coca Cola Guatemala, STECSA, el Sindicato de Trabajadores de Embotelladora Central, Sociedad Anónima.

Desde ese momento los agravios que los trabajadores habían vivido en la planta se transformaron en una poderosa fuerza para organizarse y luchar por su dignidad. ¿Qué podían perder estos que no tenían nada más que ellos mismos, su fuerza, su solidaridad, y su honestidad para no dejarse comprar? Continuará…

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Este 26 de agosto se celebra el 42 aniversario del Sindicato de Coca Cola Guatemala, STECSA. Con este artículo, y la lucha de estos trabajadores que vivían estos atropellos en pleno siglo veintiuno, rendimos un homenaje a: Pedro Quevedo († 12 de diciembre de 1978), Manuel López Balam († 5 de abril de 1979), Arnulfo Gómez († 1 de mayo de 1980), Ricardo García († 1 de mayo de 1980), Marlón Mendizábal († 27 de mayo de 1980), Edgar René Aldama († 21 de junio de 1980), Ismael Vásquez († 21 de junio de 1980) y Florentino Gómez († 21 de junio de 1980), dirigentes de STECSA asesinados y desaparecidos por los regímenes militares.

https://elperiodico.com.gt/domingo/2017/08/27/trabajadores-la-batalla-por-la-dignidad-parte-i/

Trabajadores. Batallas por la dignidad (II)

Opinión:  Manolo E. Vela Castañeda

El domingo 27 de agosto ­­(http://bit.ly/2f8EoA3) publiqué la primera parte de esta historia. Allí contaba la serie de agravios que, desde 2006, a diario, tenían lugar en la planta de Ternium Internacional de Guatemala, que se halla en Villa Nueva. Pero hubo un punto en que esos mismos agravios se transformaron en una poderosa fuerza para que los trabajadores se organizaran y se lanzaran a luchar por su dignidad. Es lo que relataremos a continuación.

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A las 19:00 horas del lunes 5 de marzo de 2012, en el Juzgado Séptimo de Trabajo, 12 trabajadores de Ternium Internacional emplazaron a la empresa. Su propósito: empezar la inscripción de una organización sindical, al mismo tiempo que se protegían para que dicha empresa no pudiera despedirlos.

Al día siguiente, el martes, a las seis de la mañana, conforme iban llegando, los trabajadores se percataron de un inusual despliegue de los guardias de seguridad privada, unos 15, vestidos con su uniforme negro, pantalón con franjas rojas, camisa de manga larga, armados, que estaban apostados en la garita de entrada. A cada trabajador que quería entrar a la planta le pedían su identificación, que verificaban contra un listado. A los 12 trabajadores que horas antes habían emplazado a la empresa les fue negado el acceso, y allí mismo les hicieron entrega de su carta de despido.

A las tres semanas, el 31 de marzo, un nuevo grupo, esta vez de 15 trabajadores, se incorporó al sindicato. También fueron despedidos. Siempre al día siguiente, pero esta vez, mientras estaban en sus puestos, dos policías iban por cada uno de los 15 trabajadores y los llevaban a la oficina de Recursos Humanos. Allí les informaban de su despido y les conminaban a aceptar su liquidación. –Yo les dije que no lo iba a recibir. Entonces, ellos me empezaron a amenazar: que tenía que recibirlo, porque si no lo iba a perder, que eso se iba a llevar un gran tiempo. Los policías les llevaban hasta la puerta de la planta.

Entre el personal del Juzgado y las oficinas de la Inspección General de Trabajo del ministerio, alguien vendía información a la empresa. “Persona que nosotros íbamos a inscribir como nueva en el sindicato, al ratito, el mismo día, la empresa ya lo sabía”. Después, los trabajadores iban a presentar una demanda contra la Inspección por filtración de información. Dos inspectores fueron despedidos.

Y así empezó una nueva vida, sin trabajo, sin los ingresos que ellos llevaban para el sostenimiento de sus familias, pero con la fuerza de ellos mismos, y de sus otros compañeros, y la posibilidad de construir una organización, su sindicato, para hacerse respetar. Hasta ese momento, marzo de 2012, el sindicato eran 27 trabajadores. Pero era un sindicato de desempleados, todos sus miembros estaban en la calle. Fue como empezar 12 rounds con un nocaut, en la lona.

Hasta allí, la empresa había conseguido su objetivo: que ninguno de los integrantes del sindicato pusiera un pie en la planta. Lo que seguía era una batalla legal en los tribunales para, con el propósito de doblegar la voluntad de los trabajadores, asfixiarlos económicamente, darle largas al proceso y que terminaran renunciando. A otros, la empresa intentó comprarlos, los visitaban en sus casas, y llegaron al extremo de recopilar información de sus finanzas personales: “Yo tenía un préstamo en un banco, y me dijeron: –mire si usted va ahorita a traer su indemnización la empresa nos autorizó que le demos el doble y con eso va a poder cubrir la deuda que tiene en el banco, y además le van a pagar los meses de salario que han pasado”. En otro caso, cuenta: “en ese momento, yo tenía bastante mal a mi esposa. Me llamaban y me decían: –mirá, tu esposa, está enferma, ¿cómo le vas a hacer? si ni quiera estás trabajado”.

Mientras esas batallas tenían lugar, el 21 de junio de 2012, el Ministerio de Trabajo reconoció la Personalidad Jurídica del sindicato.

En agosto de 2012 iba a ocurrir otra victoria: el gerente de la empresa iba a ser enviado a prisión por negarse a acatar la orden de reinstalación a favor de los trabajadores del segundo grupo. Mientras el gerente hacía como que leía la orden de reinstalación, en sus oficinas, el juez de Trabajo, Edwin Marín, le explicó que “allá, en el Centro Preventivo, va a tener todo el tiempo del mundo para leer”; y en eso entran los policías, y le dicen: “nos va tener que acompañar caballero, es una orden”. En represalia, el juzgador fue trasladado. Los empresarios, esos señorones que saben que de los coches se hace la manteca y de los hombres dinero, no podían permitir un desafío a su control del sistema de justicia laboral.

De los 15 trabajadores diez regresaron a la planta. El número de miembros del sindicato bajó a 22. Si no alcanzaban los 20, el sindicato desaparecía.

Había 12 trabajadores cuyo proceso de reinstalación se veía torpedeado por los recursos legales que la empresa presentaba.

Los 12 trabajadores que eran parte del sindicato, pero que estaban fuera de la planta, no podían aceptar un empleo formal, porque ello implicaba renunciar del litigio que tenían.

A unos los aceptaron en una maquila, pero a los días les decían que ya no iban a poder seguir porque eran conflictivos. Era el resultado de la red de información que las empresas recopilan a través de infor.net,
su eslogan: “reduciendo riesgos”.

Para ayudar a sobrevivir al grupo de 12 trabajadores “los primeros diez que entramos hicimos un compromiso que cada uno iba a apoyar a uno de los que se había quedado afuera, con lo que pudiera, algunos, económicamente, otros con víveres”.

Del grupo de 12, unos se hicieron ayudantes de albañil; otro se hizo peluquero; otro puso una pollera; otro puso una venta de papas en su casa, allí vendía mixtas, “le llevábamos coca cola”; luego, dejó allí a la esposa y él se fue a recolectar latas; otro se hizo agente de seguridad privada, y recuerda de cuando lo ponían a perseguir a los perros que se soltaban de las casas, en los condominios; el STECSA, el sindicato de la Coca Cola, hizo colectas que ayudaban con los útiles de los niños; de Canadá, el sindicato del acero les envió un dinero que recolectó entre sus afiliados, lo que les sirvió para salir de las deudas más urgentes, esas que no esperan: el pago de la renta y los servicios, el agua, la luz.

Esta multinacional del acero, con oficinas –entre Europa y América– en 13 países, se iba a topar con un grupo de trabajadores que no aceptaban las migajas con las que la empresa pretendía comprarlos. Gente decente, solidaria, de esos que ya no le temen a nada, porque están resueltos que en su pobreza mandan ellos. Un día, ahora recuerdan, les dijo el gerente: “con la venta de la basura, la chatarra, los metales que reciclamos, podemos pagar la demanda en los tribunales, ya dejen de hacer problemas”. La multinacional podía tener toda la plata del mundo, pero eso no le alcanzaba para comprar a este grupo de trabajadores que tenían claro que la dignidad no se vende.

https://elperiodico.com.gt/domingo/2017/09/10/trabajadores-batallas-por-la-dignidad-ii/

Sindicato de maestros pide 30 por ciento de aumento salarial

Esta semana, el Ministerio de Educación le presentará una contrapropuesta al STEG.

El ministro de Educación, Hugo López, confirmó que el Sindicato de Trabajadores de la Educación de Guatemala (STEG) ya le planteó de manera “informal” que desean un aumento salarial del 30 por ciento. El funcionario indicó que ahora se encuentran en “un momento de tregua”, mientras la cartera que dirige le hará esta semana una contrapropuesta a los maestros, la cual sería menor a lo que espera pactar Joviel Acevedo.

Desde el 14 de agosto, el STEG tomó medidas de hecho después de que el Ministerio de Educación (Mineduc) dejara detenida la negociación del Pacto Colectivo, debido a que se había llegado a la etapa de discutir sobre el incremento salarial a los maestros.

La primera acción fue una manifestación en la ciudad, posterior a ella realizaron bloqueos en puertos y aduanas, que finalizaron con altercados que el Magisterio calificó como “represión”. Al ver que el Ejecutivo no cedía ante su propuesta, estos decidieron tomar las Direcciones Departamentales, las cuales fueron liberadas el viernes, después de una reunión que López sostuvo con Acevedo.

El origen de la cifra

En las condiciones planteadas se prevé que el aumento sea igual al firmado en los dos gobiernos anteriores. Durante la gestión de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), este fue del 28 por ciento, mientras en el Partido Patriota (PP) subió al 30 por ciento. Actualmente la planilla del Magisterio equivale a Q10.7 millardos, de darse el aumento esperado por el STEG, esta subiría Q3.2 millardos más.

Un maestro recién contratado gana Q3 mil 400 con los descuentos y uno con 30 años de trabajo obtiene Q6 mil 200 mensuales. El ministro de Educación indicó que es injusto que después de 30 años de trabajo alguien tenga ese sueldo, pero que las condiciones financieras del país no son suficiente para mejorar el salario del Magisterio. Es por esto que considera que la contrapropuesta de su cartera será menor a lo que espera el sindicato.

Para conocer más detalles de la propuesta del Magisterio organizado elPeriódico contactó a Acevedo, sin embargo, este no contestó las llamadas telefónicas ni los mensajes de texto enviados.

Después de que en diciembre de 2012, el expresidente, Otto Pérez Molina anunciara la firma de un nuevo Pacto Colectivo con el Magisterio, la unión que existía en esta organización se dividió, ya que los miembros de otros sindicatos desconocían las negociaciones que había hecho Acevedo con las anteriores autoridades.

Daños por terremoto

Por el sismo de magnitud de 7.7 grados en la escala de Richter, sensible el jueves 7 de septiembre, el ministro de Educación indicó que 117 escuelas resultaron dañadas y que otras 600 fueron afectadas por las lluvias. El sismo, calificado como terremoto por el Insivumeh, duró un minuto y 33 segundos.

“Teníamos un diálogo con el STEG y eso provocó que pudiéramos negociar un tercer Pacto Colectivo de 14 meses. Ahora hay un tema con el aumento salarial, que no se le puede dar respuesta inmediata”.

Hugo López, ministro de Educación.

https://elperiodico.com.gt/nacion/2017/09/12/sindicato-de-maestros-pide-30-por-ciento-de-aumento-salarial/

El insólito pedido de mejora salarial que los sindicatos de Estados Unidos hacen para los trabajadores de México

Que los sindicatos reclamen mejoras salariales para los trabajadores de su país es algo normal, pero ¿qué pasa cuando plantean lo mismo para los obreros de otra nación?

Eso es justamente lo que hizo la principal federación sindical de Estados Unidos, la AFL-CIO por sus siglas en inglés, de cara a las discusiones en curso para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte o TLCAN.

En un documento con varias recomendaciones que presentó al gobierno de EE.UU., la federación sindical sugirió nivelar el “terreno de juego” en materia salarial entre el país y los otros dos socios del tratado: México y Canadá.

En concreto, propuso acordar “que todos los trabajadores —sin importar el sector— tengan derecho a percibir salarios para que puedan solventar un nivel de vida decente para el trabajador y su familia en la región del país signatario donde reside”.

Y precisó que ese nivel de vida debe incluir “alimentos, agua, vivienda, educación, salud, transporte y otras necesidades esenciales, incluida la capacidad de ahorrar para la jubilación y emergencias”.

La propuesta es que se pueda considerar una violación del tratado cualquier exportación de un producto que tenga mano de obra de un trabajador remunerado por debajo de lo que exige ese nivel de vida.

Bandera en la frontera de México y EE.UU.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEstados Unidos, México y Canadá abrieron el proceso para renegociar su acuerdo regional de libre comercio.

“Esto es un enfoque nuevo, diferente, y no ha sido incluido en un acuerdo comercial anteriormente”, señala Celeste Drake, especialista en política comercial de AFL-CIO.

Y admite que, si bien se aplicaría igualmente a los tres países, la propuesta apunta en particular a mejorar los salarios de los obreros mexicanos, que consideran injustamente bajos.

“Es la misión de los sindicatos locales hacer esto, pero los sindicatos locales en México están siendo reprimidos, no tienen una oportunidad justa de organizarse”, dice Drake a BBC Mundo.

“Ventajas comparativas”

Los bajos salarios de México son una vieja inquietud de los sindicatos estadounidenses: es algo que les preocupa desde antes que el TLCAN entrara en vigor en 1994.

Al igual que la cuestión ambiental, el compromiso por cumplir las leyes laborales de cada país fue incluido finalmente en los acuerdos suplementarios del tratado y no en el texto básico.

La brecha salarial entre EE.UU. y México se mantuvo con el acuerdo en funcionamiento, pese a que el país latinoamericano recibió grandes inversiones que permitieron a cientos de miles de personas entrar a la clase media.

Y los sindicatos al norte del Río Grande ven el momento de actualizar las reglas laborales ahora que el presidente de EE.UU., Donald Trump, abrió el proceso para modificar el TLCAN.

El objetivo de Trump es lograr que la industria de su país, que ha visto desplazar miles de puestos de trabajo a México, compita en términos más favorables para reducir el déficit comercial con el vecino del sur.

Presidente de EE.UU., Donald Trump.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionDonald Trump: el presidente de EE.UU. busca mejores condiciones para la industria de su país en el TLCAN.

Sin embargo, la recomendación hecha por AFL-CIO al representante comercial de EE.UU. parece lejos de reunir consenso entre expertos.

“Determinar niveles salariales en un tratado internacional es inapropiado“, sostiene John Ries, un profesor de comercio internacional en la Universidad de British Columbia, en Canadá.

A su juicio, intervenir en el mercado laboral y aumentar los salarios es una cuestión que México debe definir de forma doméstica.

“Las diferencias salariales son la base de las ventajas comparativas y para el comercio. Entonces, si fijamos salarios iguales no habrá esas ventajas comparativas”, señala Ries a BBC Mundo.

“Soy solidario con que los mexicanos tengan un nivel salarial razonable, pero ¿qué pasaría si los salarios se fijan tan altos que nadie emplea a esos trabajadores mexicanos? Acabarían sin tener ningún trabajo”, razona.

Un obstáculo difícil

Drake, la especialista de AFL-CIO, niega que el objetivo de los sindicatos sea igualar los salarios mexicanos con los estadounidenses o aumentarlos a un nivel que vuelva inviable la contratación de mano de obra.

Pero sostiene que “la idea de la ventaja comparativa no dice que estás habilitado a ganar tu ventaja abusando y explotando a seres humanos“.

De todos modos, admite que funcionarios del gobierno de EE.UU. evitaron mostrar demasiado entusiasmo con el planteo en reuniones “confidenciales” que mantuvieron con los sindicatos.

FabricaDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionLa brecha salarial entre México y EE.UU. se mantuvo abierta con el tratado de libre comercio.

Esta semana concluyó la segunda ronda de conversaciones entre EE.UU., México y Canadá para renegociar el TLCAN, sin anuncios de avances importantes pero con la esperanza intacta de llegar a un acuerdo a fin de año.

Se espera que Washington presente su posición formal sobre el empleo en la tercera ronda de discusiones, cuyo comienzo está marcado para el 23 de septiembre en Ottawa, Canadá.

Quienes siguen de cerca las negociaciones anticipan que la cuestión laboral puede ser un obstáculo difícil.

“México está plantado en contra de negociar sus niveles salariales en las discusiones”, dice a BBC Mundo Pamela Starr, una profesora de relaciones internacionales en la Universidad de Southern California, experta en el vínculo entre EE.UU. y México.

“Sospecho que la posición del gobierno de EE.UU. no coincidirá intencionalmente con la de los sindicatos”, señala, “pero aumentar los niveles salariales en México es una de las cosas que EE.UU. quisiera hacer”.

http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-41183011

Bases sobre normas de negociación colectiva en el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social

  1. La efectividad del derecho a la salud de la población guatemalteca requiere que el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social del gobierno de Guatemala dirija una política de gobierno en materia laboral en donde se asegure la efectividad de los servicios públicos de salud y la dignificación de los y las trabajadoras de la institución. El reconocimiento del derecho fundamental de libertad sindical y negociación colectiva es una condición básica para asegurar la participación social de los servidores públicos en la definición de condiciones justas de trabajo y permite al Estado exigir la eficiencia, transparencia y probidad en el desemepeño del empleo público.

 

  1. Toda intención y acción de Negociación Colectiva, así como el tratamiento de cualquier aspecto laboral que se presente por medio de organizaciones de trabajadores, se realiza dentro del marco del artículo 106 de la Constitución Política relativo al deber del Estado a proteger y fomentar la negociación colectiva. Esta obligación se realiza según las normas y principios que derivan de los convenios de la Organización Internacional del Trabajo según las observaciones técnicas establecidas por la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones de la Conferencia Internacional del Trabajo (Estudio General del 2013).

 

  1. Que el convenio 154 sobre Negociación Colectiva de la Organización Internacional del Trabajo delimita el contenido de la negociación a los aspectos relativos a condiciones de trabajo y relaciones entre organizaciones de trabajadores y el empleador. Que esta delimitación es importante en el caso de la Administración Pública ya que los asuntos de dirección política y contrataciones normalmente están excluidos del ámbito de la negociación colectiva.

 

  1. Que las normas de derecho del trabajo son de naturaleza de orden público y por lo tanto están dentro de ese orden y no fuera de él. Por lo tanto la negociación colectiva en la administración pública se realiza sobre la base de un estricto cumplimiento por parte de cualquier funcionario o empleado público (sea patrono o trabajador) de las leyes vigentes y el orden público.

 

  1. Que las normas presupuestarias son un factor determinante, vinculante e ineludible en todo proceso de negociación colectiva. Su inobservancia implica responsabilidad para funcionarios y empleados públicos y hace insostenibles los derechos que dignifican a los empleados públicos.  En consecuencia en cualquier proceso de negociación colectiva la realización de informes técnicos financieros previos, y no posteriores, a la suscripción de los arreglos es obligatoria y constituye una garantía político institucional no solo para la administración pública sino también para los empleados públicos ya determinan la sostenibilidad de los procesos de dignificación.  Estos estudios no deben limitarse al establecimiento de la disposición financiera propiamente dicha sino a la prospectiva económica con relación al impacto que cada propuesta de derechos y obligaciones laborales pueda implicar.

 

  1. Que la buena fe es principio fundamental y su primer base institucional la contituye una adecuada y suficiente representatividad que en el caso del empleador se expresa en la debida legitimidad de las personas que representan a la entidad pública y la determinación de su competencia legal (funciones y atribuciones debidamente delimitadas) sobre las que debe actuar, es decir, la base de esta representatividad y capacidad legal esta constituída por la competencia legal asignada al cargo que ocupa cada persona; en ese sentido, un funcionario o empleado público solo puede tomar decisiones sobre aspectos que estén permitidos por la ley como parte de su competencia y constituyen actos sin validez aquellos que se hallan realizado fuera de ese marco legal de actuación.

 

Para los trabajadores existen reglas internacionalmente reconocidas para determinar los criterios objetivos de representatividad de dichas organizaciones para establecer con precisión la titularidad de la condición de organización más representativa .  En este sentido, es deseable que los principios que sobre este aspecto establece el Comité de Libertad Sindical del Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo sean reconocidos plenamente por las organizaciones de trabajadores públicos y que los mismos sean aplicados en forma voluntaria desde la perspectiva de los principios democráticos que rigen la normativa sindical en nuestro país según el artículo 207 del Código de Trabajo.

 

  1. Que todo acto arbitrario y discrecional de la administración pública en el otorgamiento o reconocimiento de derecho laboral anula la existencia del mismo y es causa de responsabilidad legal para la persona que se haya extralimitado en el ejercicio de sus funciones al momento de otorgarlo. La administración pública tiene el deber y el derecho de revisar todo acto incorrecto, aunque se trate de asuntos laborales, y espera de las organizaciones de trabajadores público un cumplimiento rígido de la legalidad como parte de las atribuciones y obligaciones que les corresponden como empleados públicos.

 

  1. El diálogo social es el medio idoneo por excelencia para desarrollar un efectivo ejercicio de la libertad sindical y negociación colectiva para lo cual es importante que entre las partes que lo realizan se respete el principio de que en toda búsqueda de consensos se deben discutir sobre el contenido de las propuestas y no sobre la persona que las presenta, de tal forma que esa práctica concreta materializa el comunmente citado principio de respeto lo que garantiza la eficiencia y eficacia de cada esfuerzo de diálogo.

 

  1. Todo resultado de un proceso de negociación colectiva en el MSPAS debe ser público ya que se considera que la transparencia ante la ciudadanía es la mejor garantía de legitimidad de las posiciones y actitudes de las organizaciones de trabajadores y de las autoridades y representantes del ministerio.

Pactos Colectivos

Analizamos los pactos colectivos en las distintas instituciones públicas y los cambios que necesitan, para evitar que las finanzas del Estado continúen siendo dilapidadas.

Panelistas:

– Marvin Flores (Miembro de acción ciudadana)

– Augusto Valenzuela (Presidente de la asociación iberoamericana de derecho del trabajo y de la seguridad social Guillermo Cabanellas)

– Alejandro Argueta (Abogado laborista)

– Francisco Quezada (Investigador del CIEN)

http://www.fundacionlibertad.com/articulo/pactos-colectivos-0