Trabajadores. Batallas por la dignidad (III)

Los domingos 27 de agosto  y 10 de septiembre publiqué la primera y segunda partes de esta historia. He contado sobre la serie de agravios que estos trabajadores vivieron (en la primera parte), y de cómo esos mismos agravios (en la segunda parte) se transformaron en una poderosa fuerza para organizarse y luchar por su dignidad.

Hasta ahora, mientras el primer grupo de trabajadores se hallaba fuera de la planta, con un proceso judicial en los tribunales, empantanado con los recursos legales que el bufete de abogados que representaba a la empresa interponía, el segundo grupo, ya había sido reinstalado.

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El 11 de agosto de 2012, con la reinstalación de los 11 trabajadores la estrategia de la empresa empezó a partirse. “Allí ya comenzamos a agarrar credibilidad como organización, porque ellos (los gerentes, los supervisores) se la pasaban diciéndoles a los otros trabajadores que nosotros ya no íbamos a entrar; que el que se afiliara al sindicato se iba a ir también, como nosotros”, recuerda Néstor Hernández Rodríguez, operador de roladora, la máquina donde se hacen las costaneras.

Continúa Néstor: “A los del segundo grupo de trabajadores, los que fuimos reinstalados, cuando regresamos, ya nadie nos hablaba. Si los supervisores miraban a alguien hablando con los 11 que entramos, ya lo llamaban de Recursos Humanos, y lo empezaban a cuestionar, que qué estaba hablando con nosotros, que si se iba a afiliar al sindicato. Para el almuerzo, estaba uno sentado aquí, estaba allí la mesa vacía, y nadie se sentaba con uno. Como animales raros nos miraban. Las mesas llenas de un lado, y nosotros comiendo solos en las demás mesas porque nadie se sentaba con uno. Era prohibido que los demás compañeros hablaran con nosotros. Si veían grupitos de tres o de cuatro, dios guarde, la empresa les prohibía a los compañeros, que qué estaban hablando con nosotros, que los íbamos a manipular. Implementaron un sistema de cámaras para vigilar lo que hacíamos adentro de la planta. A pesar que la gente veía que ya no podían despedirlos, porque a nosotros nos habían reinstalado, todavía quedaba un gran temor, había mucho miedo en los trabajadores”.

“El gerente de Recursos Humanos llegaba de uno en uno, en las máquinas, en todas las áreas, que qué era lo que uno quería para desistir del sindicato, que los sindicatos no eran buenos en Guatemala, que ellos tenían la mejor asesoría legal, que los que se afiliaran al sindicato los iban a sacar de la empresa y que no iban a encontrar trabajo en ninguna otra parte”, recuerda Néstor.

Con el primer grupo de trabajadores reinstalados la empresa pasó a la ofensiva, incrementando los controles sobre los trabajadores. Entonces, la organización tuvo que implementar otras estrategias. Si la empresa podía controlar completamente lo que los diez trabajadores hacían adentro de la planta, afuera no podría hacerlo, y menos aún los domingos. Entonces, continúa relatándonos Néstor: “visitábamos a los trabajadores en sus casas, los íbamos a visitar los domingos, como los Testigos de Jehová íbamos, de dos en dos, solo que nosotros no íbamos con traje y corbata porque ni a eso llegábamos. O en las salidas de turno, por ejemplo: –miren muchá, fíjense que me voy a ir por tal lado, me siguen, y en tal lado nos vamos a juntar, pero lejos de la planta. Con alguien que vivía aquí, en el área de Villa Nueva, nos íbamos hasta allá por la zona 1 (de Ciudad de Guatemala), porque si algún conocido veía que alguien estaba platicando con nosotros, luego lo sabían en la empresa. La empresa implementó algo, que a algunos trabajadores les subieron el sueldo, pero con la condición que tenían que tener informados a los supervisores, a los de recursos humanos, de todo lo que se enteraran”.

Cada semana, los trabajadores manifestaban afuera de la planta, con las familias, las esposas, los hijos chiquitos, para decir “aquí estamos”, con pancartas y gritaban: que “más vale morir de pie que vivir de rodillas”; y que “sindicato unido, jamás será vencido”. Así fue como otros trabajadores fueron perdiendo el miedo, y se animaron a afiliarse al sindicato, que ahora cuenta con 70 trabajadores, de alrededor de 130.

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En septiembre de 2014, los trabajadores del primer grupo de fundadores del sindicato fueron reinstalados. De los 27 fundadores, 12 del primer grupo y 15 del segundo, regresaron 9 del primer grupo y 11 del segundo a la planta. –“Si emplazamos a la empresa y por eso nos despiden, en 24 horas tienen que reinstalarnos”, le dijo, con el Código de Trabajo en la mano, Boanerges Argueta, operador de stiller, a Emeterio Nacth, ayudante de costanera. Ahora, bromea Emeterio: “Boanerges se equivocó en un pequeñísimo detalle, y es que no fueron 24 horas, sino 24 meses”. En realidad, los trabajadores pasaron dos años y siete meses, resistiendo.

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Ahora, con el sindicato, las condiciones de trabajo han cambiado: se acabaron los turnos de 16 horas y la obligatoriedad de trabajar los domingos, el que quiere hacerlo lo hace, ya no hay más amenazas de despido, y si se trabaja domingo se tiene derecho a descansar un día de la semana. Ahora, también, solo se trabaja una semana de día y otra de noche, cuando antes eran tres semanas consecutivas en cada turno. Ya no se trabaja durante la Semana Santa. Ya nadie cabecea la carga. Los turnos como operador y como auxiliar son reconocidos –en el salario–; si un auxiliar pasa a ser operador recibe el salario del operador. Los supervisores no pueden ya maltratar a los trabajadores, insultarlos, como antes. Las secciones del comedor, para los almuerzos, ahora son las mismas que para los trabajadores administrativos, teniendo derecho a un subsidio, la empresa asume una parte del costo de la comida. Ahora ya tienen permiso para ir a consultas al Seguro Social. Los uniformes los dan cuando se arruinan, y no cada año.

Siempre, no reconocer al sindicato. Ellos mismos, la empresa, creó un sindicato, de esos blancos. Con eso Ternium Internacional de Guatemala intenta bloquear la negociación del pacto colectivo de condiciones de trabajo. En esta como en otras luchas no hay final feliz; queda solo la satisfacción de saber que se luchó, porque no había más qué hacer.

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A estas batallas por la dignidad se sumaron múltiples apoyos: Víctor Pérez Herrera, jefe de Taller de Coca Cola Guatemala, y miembro del sindicato de la embotelladora, que siempre ha estado allí, con ellos, que nunca les ha dejado solos. Los abogados Ingrid Urízar y Rafael Sánchez, de Festras, la Federación Sindical de Trabajadores de la Alimentación, Agroindustria y Similares de Guatemala, son de esos abogados incorruptibles, que tanta falta le hacen a Guatemala. En Canadá, Mario Torres, de la Fundación Enrique Torres, en honor a un gran luchador por los derechos de los trabajadores, les ayudó a establecer contacto con el United Steelworkers y estos les abrieron las puertas al IndustriALL Global Union, el sindicato mundial del acero, del que Sitraternium hace parte.

https://elperiodico.com.gt/domingo/2017/09/24/trabajadores-batallas-por-la-dignidad-iii/

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Modernización fiscal y pacto(s) colectivo(s) en nombre del desarrollo social

La crisis fiscal y la inexistencia de un genuino pacto colectivo, constituyen; en el marco del decaimiento socioeconómico y cultural actual; los desequilibrios más apremiantes que debe afrontar el Estado guatemalteco hacia el fortalecimiento del proceso democrático del país.  Bien dicen pesadores latinoamericanos que un Estado no puede ser fuerte teniendo una sociedad debilitada. Esto podría traducirse, en que la crisis que se refleja en el Estado es producto de la crisis de la sociedad. Es falso que pueda existir un Estado eficiente en una sociedad poco organizada, ya que el Estado es creación de la sociedad; y en consecuencia, expresa tanto las cualidades como las debilidades del origen cultural de su población.

Es bien conocido que la modernización económica de un país descansa en dos pilares fundamentales: la modernización fiscal y la modernización financiera. En tal virtud, se puede afirmar que sin ambas modernizaciones (fiscal y financiera) los anhelos por un mejor país,  en términos de prestación de servicios y entrega de bienes de calidad a la sociedad, no se podrán concretar y todo quedaría en ilusiones. Esto viene a colación en el sentido que el contenido de la columna anterior ´Presupuesto abierto y programas sociales´ sería una utopía si el organismo recaudador no procura agilizar sus niveles de recaudación fiscal; y peor aún, si el Congreso hace las asignaciones sin seguir la lógica de los programas de compensación social.

Lo anterior se hace más preocupante  si se toma en cuenta que la cooperación internacional está, hoy por hoy, supeditada a los avances de los pueblos en materia de respeto a los derechos humanos y a la democratización de las sociedades. Además, esto viene enmarcado dentro de los diecisiete esenciales puntos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Por lo que, en alusión al título del presente artículo, los guatemaltecos no debemos permitir que el concepto de democracia se quede sin sustento o vacío de contenido. ¿Cómo evitarlo?  Estando atentos a que el presupuesto 2018 sea un proyecto responsable que le asigne un contenido presupuestario a nuestra democracia intercultural.

En realidad, la crisis fiscal es un problema tan complejo como diverso. Por un lado, la evasión y la elusión fiscal continúan siendo el talón de Aquiles de la estructura tributaria; pero por otro lado, la relación de la fuerza laboral, en materia de informalidad versus formalidad es de 80 a 20. Estas dos situaciones agudizan la crisis fiscal, pues no se tiene certeza numérica de los movimientos económicos informales, como tampoco de las pérdidas por evasión fiscal. Es acá, donde el Estado por la vía de su gobierno debe apoyar a las instituciones estatales relacionadas para que se tenga la capacidad de procesar estas cifras y plantear opciones de políticas económico-financieras, con números acordes dentro de la globalidad del tema; y luego entonces, bajo el genuino pacto colectivo  arriba mencionado, trabajar en la modernización fiscal.

Estamos frente al desafío de nuestra propia historia; y para enfrentarla, Guatemala necesita de un Estado fuerte, política y financieramente. Por ello, la afirmación de que el fortalecimiento financiero del Estado sea inseparable del fortalecimiento democrático, cobra plena vigencia. Ya que la legitimidad se alcanza cuando el Estado es capaz de satisfacer la demanda social de sus ciudadanos. Sin embargo, es de valientes reconocer que el origen de nuestra cultura contemporánea está basada en la indiferencia. Y los que nos llamamos guatemaltecos lo único que compartimos es el territorio; al grado de ignorar, la valiosa cultura de la cosmovisión Maya. De esta indiferencia social acumulada en el tiempo, hoy, Guatemala está enfrentando el desafío de un futuro ya entre nosotros. Y solo si somos capaces de construir una economía eficiente y una sociedad etnocultural más igualitaria, alcanzaremos un mejor manejo de nuestra interculturalidad democrática; y así, tener viabilidad de nación ante la Aldea Global.

http://s21.gt/2017/09/13/modernizacion-fiscal-pactos-colectivos-nombre-del-desarrollo-social/

Trabajadores. La batalla por la dignidad (Parte I)

Dignidad. Valor inherente al ser humano por el simple hecho de serlo.

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Esta es la historia de un pequeño grupo de trabajadores que, con sus propias fuerzas, por si mismos, demostraron que, si luchaban, era posible mejorar sus condiciones de vida, hacerse respetar. En esta larga batalla la bondad, la solidaridad y el coraje iban a ser llevados al límite.

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Todo empezó en 2006, cuando una nueva administración tomó el control de la planta. De inmediato, la nueva gerencia impuso sus condiciones: eliminaron las canastas navideñas; el convivio para los niños; el festejo que, el día del niño, daban a los pequeños; y así, una serie de pequeñas prestaciones más.

La nueva administración quitó la cena, que, en el turno de la noche, hasta un tiempo antes les daban. Con ello, en adelante, durante el turno de la noche, el que quería comer debía llevar sus alimentos. A todos los trabajadores, en cualquier turno, se les prohibía salir –durante sus tiempos de comida– afuera de la planta.

Incrementaron luego la jornada de trabajo, de 12 a 16 horas, en turnos que iban de 6 de la mañana a 10 de la noche, y de 2 de la tarde a 10 de la mañana. Entonces, le dije al gerente de producción que yo a ese horario no me adaptaba. Él me mandó a llamar a su oficina, y me dijo: – Mirá, aquí ningún hijuelagranputa me va a decir cómo voy a trabajar yo. – Ingeniero disculpe, pero esto es un trabajo, no es esclavitud, le dije yo. – La gran puta, me dijo, y somató el escritorio. Mejor me salí, allí lo dejé.

Con el incremento de la jornada de trabajo, durante algunas horas, los dos turnos se traslapaban. Ante ello, en el área de embarque, los trabajadores tenían que “cabecear” las láminas. Como no había suficientes grúas para realizar el proceso de carga, entonces, los trabajadores eran forzados, entre dos, a transportar manualmente, con su propia fuerza, sobre su cabeza, las láminas. Al principio, los trabajadores pensaban que esto podía hacerse agrupando tres láminas; pero el ingeniero les dijo: – No, se llevan las diez de un solo. Ya tenía uno la cabeza con el canalito ya hecho, bromean ahora los trabajadores.

Luego, impusieron que era obligatorio trabajar los domingos. Los trabajadores recuerdan así el discurso que acompañó la nueva orden: – Miren: si no quieren hacer ni mierda, dejen allí esa babosada. Ustedes no van a andar allí jodiendo igual que antes, porque ahorita ya es esta nueva empresa y ellos vienen dando con todo. Lo que yo puedo hacer es despedirlos a ustedes, así como despedí a los que no querían hacer ni mierda y se pusieron al brinco, ya vieron como los eché a la mierda, igual lo voy a hacer con Ustedes, los voy a despedir, y allí afuera miren qué putas hacen. Al final de cuentas aquí la planta tiene gente de sobra; se van dos, tres, y allí afuera hay cien esperando. Así que Ustedes: o hacen lo que aquí se les dice, o van a comer mierda.

En el área de embarque, uno de los supervisores intentó obligar a los trabajadores a llevar la basura que estaba en los botes al basurero general. Como los trabajadores le dijeron que no, que cada quien tenía su trabajo, que esa era labor de los trabajadores de limpieza, entonces, él agarró los botes de basura y se los vació sobre su cabeza. – Aquí yo mando; aquí, si yo quiero los despido.

Uno de los supervisores llegó hasta una pequeña bodega donde los trabajadores tenían colgados sus suéteres. Entro y dijo: – ¿De quién es esto? – De nosotros, le dijimos. – A mí no me parece que estén colgando esto aquí, y agarró los suéteres y los tiró al piso y mandó a uno de los trabajadores a que los fuera tirar a un basurero.

Para ir al baño los trabajadores debían ir hasta la oficina del supervisor y allí solicitar el “pase”, un cartón firmado y sellado por el ingeniero; lo que solo podía hacerse si no había nadie más haciendo uso del servicio sanitario. Si el pase estaba en la oficina y no estaba la persona, allí había problema. El baño queda lejos de donde estaban los trabajadores. – Uno para ir al baño, de aquí a que vaya a pedir el pase, o esperar a que otra persona venga y entregue el pase… se hacía un desmadre.

En otra ocasión a uno de los trabajadores se le sancionó por acostarse, durante su tiempo de comida, a la sombra de un árbol. Era tanto el cansancio que, en lugar de comer, él prefirió dormir un rato. El supervisor pasó y se le quedó viendo. Esa misma tarde le llamaron de recursos humanos para oficializarle la sanción.

Cuando alguien precisaba ir a consulta con el médico, por alguna enfermedad, en la empresa no les otorgaban los permisos. El ingeniero me dijo: – Gente enferma no queremos aquí; si vas a ir al IGSS es un día a cuenta de tus vacaciones. A los trabajadores que estaban en el turno de noche, les decían que, si iban al IGSS, eso no contaba, que no tenían permiso. Los trabajadores se ríen ahora: – Solo que tuvieras tu cita del IGSS en la noche; si estabas en el turno de noche no podías enfermarte.

La frase que más recuerdan los trabajadores que les repetían los supervisores era: – El portón tiene seis metros de ancho y de alto tiene uuuuu, bastante, pasa un camión, no van a pasar ustedes, se pueden ir cuando quieran.

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Con lo que no contaba la gerencia era con un inofensivo camión de bebidas que, una vez a la semana llegaba a surtir producto a la cafetería de la fábrica. Un día, el vendedor y los dos auxiliares, con su uniforme de camisa de botones a rayas blancas y rojas y pantalón de lona, entablaron una conversación con algunos trabajadores de la fábrica: – ¿Qué tal muchá, que tal todo por aquí? Ya los compañeros les contaron que para todo eran amenazas de despido, los insultos, la jornada de trabajo. – ¿Saben qué? les dijeron, mejor platicamos afuera, si los oyen aquí los van a despedir, ¿a qué hora terminan su turno? El vendedor y los auxiliares eran miembros del Sindicato de Coca Cola Guatemala, STECSA, el Sindicato de Trabajadores de Embotelladora Central, Sociedad Anónima.

Desde ese momento los agravios que los trabajadores habían vivido en la planta se transformaron en una poderosa fuerza para organizarse y luchar por su dignidad. ¿Qué podían perder estos que no tenían nada más que ellos mismos, su fuerza, su solidaridad, y su honestidad para no dejarse comprar? Continuará…

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Este 26 de agosto se celebra el 42 aniversario del Sindicato de Coca Cola Guatemala, STECSA. Con este artículo, y la lucha de estos trabajadores que vivían estos atropellos en pleno siglo veintiuno, rendimos un homenaje a: Pedro Quevedo († 12 de diciembre de 1978), Manuel López Balam († 5 de abril de 1979), Arnulfo Gómez († 1 de mayo de 1980), Ricardo García († 1 de mayo de 1980), Marlón Mendizábal († 27 de mayo de 1980), Edgar René Aldama († 21 de junio de 1980), Ismael Vásquez († 21 de junio de 1980) y Florentino Gómez († 21 de junio de 1980), dirigentes de STECSA asesinados y desaparecidos por los regímenes militares.

https://elperiodico.com.gt/domingo/2017/08/27/trabajadores-la-batalla-por-la-dignidad-parte-i/

Trabajadores. Batallas por la dignidad (II)

Opinión:  Manolo E. Vela Castañeda

El domingo 27 de agosto ­­(http://bit.ly/2f8EoA3) publiqué la primera parte de esta historia. Allí contaba la serie de agravios que, desde 2006, a diario, tenían lugar en la planta de Ternium Internacional de Guatemala, que se halla en Villa Nueva. Pero hubo un punto en que esos mismos agravios se transformaron en una poderosa fuerza para que los trabajadores se organizaran y se lanzaran a luchar por su dignidad. Es lo que relataremos a continuación.

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A las 19:00 horas del lunes 5 de marzo de 2012, en el Juzgado Séptimo de Trabajo, 12 trabajadores de Ternium Internacional emplazaron a la empresa. Su propósito: empezar la inscripción de una organización sindical, al mismo tiempo que se protegían para que dicha empresa no pudiera despedirlos.

Al día siguiente, el martes, a las seis de la mañana, conforme iban llegando, los trabajadores se percataron de un inusual despliegue de los guardias de seguridad privada, unos 15, vestidos con su uniforme negro, pantalón con franjas rojas, camisa de manga larga, armados, que estaban apostados en la garita de entrada. A cada trabajador que quería entrar a la planta le pedían su identificación, que verificaban contra un listado. A los 12 trabajadores que horas antes habían emplazado a la empresa les fue negado el acceso, y allí mismo les hicieron entrega de su carta de despido.

A las tres semanas, el 31 de marzo, un nuevo grupo, esta vez de 15 trabajadores, se incorporó al sindicato. También fueron despedidos. Siempre al día siguiente, pero esta vez, mientras estaban en sus puestos, dos policías iban por cada uno de los 15 trabajadores y los llevaban a la oficina de Recursos Humanos. Allí les informaban de su despido y les conminaban a aceptar su liquidación. –Yo les dije que no lo iba a recibir. Entonces, ellos me empezaron a amenazar: que tenía que recibirlo, porque si no lo iba a perder, que eso se iba a llevar un gran tiempo. Los policías les llevaban hasta la puerta de la planta.

Entre el personal del Juzgado y las oficinas de la Inspección General de Trabajo del ministerio, alguien vendía información a la empresa. “Persona que nosotros íbamos a inscribir como nueva en el sindicato, al ratito, el mismo día, la empresa ya lo sabía”. Después, los trabajadores iban a presentar una demanda contra la Inspección por filtración de información. Dos inspectores fueron despedidos.

Y así empezó una nueva vida, sin trabajo, sin los ingresos que ellos llevaban para el sostenimiento de sus familias, pero con la fuerza de ellos mismos, y de sus otros compañeros, y la posibilidad de construir una organización, su sindicato, para hacerse respetar. Hasta ese momento, marzo de 2012, el sindicato eran 27 trabajadores. Pero era un sindicato de desempleados, todos sus miembros estaban en la calle. Fue como empezar 12 rounds con un nocaut, en la lona.

Hasta allí, la empresa había conseguido su objetivo: que ninguno de los integrantes del sindicato pusiera un pie en la planta. Lo que seguía era una batalla legal en los tribunales para, con el propósito de doblegar la voluntad de los trabajadores, asfixiarlos económicamente, darle largas al proceso y que terminaran renunciando. A otros, la empresa intentó comprarlos, los visitaban en sus casas, y llegaron al extremo de recopilar información de sus finanzas personales: “Yo tenía un préstamo en un banco, y me dijeron: –mire si usted va ahorita a traer su indemnización la empresa nos autorizó que le demos el doble y con eso va a poder cubrir la deuda que tiene en el banco, y además le van a pagar los meses de salario que han pasado”. En otro caso, cuenta: “en ese momento, yo tenía bastante mal a mi esposa. Me llamaban y me decían: –mirá, tu esposa, está enferma, ¿cómo le vas a hacer? si ni quiera estás trabajado”.

Mientras esas batallas tenían lugar, el 21 de junio de 2012, el Ministerio de Trabajo reconoció la Personalidad Jurídica del sindicato.

En agosto de 2012 iba a ocurrir otra victoria: el gerente de la empresa iba a ser enviado a prisión por negarse a acatar la orden de reinstalación a favor de los trabajadores del segundo grupo. Mientras el gerente hacía como que leía la orden de reinstalación, en sus oficinas, el juez de Trabajo, Edwin Marín, le explicó que “allá, en el Centro Preventivo, va a tener todo el tiempo del mundo para leer”; y en eso entran los policías, y le dicen: “nos va tener que acompañar caballero, es una orden”. En represalia, el juzgador fue trasladado. Los empresarios, esos señorones que saben que de los coches se hace la manteca y de los hombres dinero, no podían permitir un desafío a su control del sistema de justicia laboral.

De los 15 trabajadores diez regresaron a la planta. El número de miembros del sindicato bajó a 22. Si no alcanzaban los 20, el sindicato desaparecía.

Había 12 trabajadores cuyo proceso de reinstalación se veía torpedeado por los recursos legales que la empresa presentaba.

Los 12 trabajadores que eran parte del sindicato, pero que estaban fuera de la planta, no podían aceptar un empleo formal, porque ello implicaba renunciar del litigio que tenían.

A unos los aceptaron en una maquila, pero a los días les decían que ya no iban a poder seguir porque eran conflictivos. Era el resultado de la red de información que las empresas recopilan a través de infor.net,
su eslogan: “reduciendo riesgos”.

Para ayudar a sobrevivir al grupo de 12 trabajadores “los primeros diez que entramos hicimos un compromiso que cada uno iba a apoyar a uno de los que se había quedado afuera, con lo que pudiera, algunos, económicamente, otros con víveres”.

Del grupo de 12, unos se hicieron ayudantes de albañil; otro se hizo peluquero; otro puso una pollera; otro puso una venta de papas en su casa, allí vendía mixtas, “le llevábamos coca cola”; luego, dejó allí a la esposa y él se fue a recolectar latas; otro se hizo agente de seguridad privada, y recuerda de cuando lo ponían a perseguir a los perros que se soltaban de las casas, en los condominios; el STECSA, el sindicato de la Coca Cola, hizo colectas que ayudaban con los útiles de los niños; de Canadá, el sindicato del acero les envió un dinero que recolectó entre sus afiliados, lo que les sirvió para salir de las deudas más urgentes, esas que no esperan: el pago de la renta y los servicios, el agua, la luz.

Esta multinacional del acero, con oficinas –entre Europa y América– en 13 países, se iba a topar con un grupo de trabajadores que no aceptaban las migajas con las que la empresa pretendía comprarlos. Gente decente, solidaria, de esos que ya no le temen a nada, porque están resueltos que en su pobreza mandan ellos. Un día, ahora recuerdan, les dijo el gerente: “con la venta de la basura, la chatarra, los metales que reciclamos, podemos pagar la demanda en los tribunales, ya dejen de hacer problemas”. La multinacional podía tener toda la plata del mundo, pero eso no le alcanzaba para comprar a este grupo de trabajadores que tenían claro que la dignidad no se vende.

https://elperiodico.com.gt/domingo/2017/09/10/trabajadores-batallas-por-la-dignidad-ii/

La retorcida lógica de los secuestradores del convenio 169

Cualquier texto de economía  demanda  que para la realización de inversiones,  de contratos,  de cualquier tipo de actividad humana,  las reglas que establezcan la manera en que se llevan a cabo se encuentren establecidas en reglas claras,  concisas y exactas aplicables a todos por igual que señalen cuales son los requisitos a cumplir y cuáles son los efectos de llevar a cabo una actividad.

Lo anterior también es el caso con el convenio 169 de la organización internacional del trabajo. La lógica demandaría que para su aplicación existan reglas claras sobre como ejecutar ciertas actividades para cumplir con el denominado  ‘Derecho de Consulta’ que ha sido instaurado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos y declarado aplicable sin limitación a Guatemala por la Honorable Corte de Constitucionalidad.

El Ministerio de Trabajo, órgano encargado de la aplicación de los Convenios Internacionales en materia de Trabajo  publicó a principios del mes anterior una Guía metodológica para realizar el proceso de Consulta de conformidad con el Convenio 169.  El día  martes ha surgido la noticia que  se había interpuesto por una organización indígena una acción de amparo en contra de dicha guía.  Se alega que la Guía Metodológica no se consultó a los pueblos indígenas.   Esta es la segunda tratativa de regular el derecho a la Consulta.  Los amparos,  sin embargo,  no señalan que  aspectos de los derechos de los pueblos indígenas vulnera esta Guía,  sino simplemente se alega que no se consultó a los interesados.

Entonces,  para normar el derecho a la consulta se necesita,  valga la redundancia,  hacer una consulta,  pero utilizando que normas?   Pero entonces,   el alegato  podrá ser,  a cada paso de la consulta que se está violando algún  derecho  ancestral.  De esta manera,  se crea un círculo vicioso.  Pareciera  que hay quienes  quieren utilizar el pretendido ‘Derecho a la Consulta’  para simplemente crear vacíos que impidan  que existan reglas claras para tener un ambiente propicio a la inversión en el país.  Es posible que nos encontremos ante una situación donde los tribunales han hecho al Estado rehén de las organizaciones  que han utilizado el derecho a la Consulta como excusa para paralizar el desarrollo.

La solución  debe debatirse entre dos aspectos, o los tribunales definen el contenido de la consulta sobre la consulta,  o  las organizaciones son propositivas y no negativas sobre el derecho a la consulta.

La Guía metodológica tiene la ventaja fundamental,  que se trata de esto,  de una guía,  aunque  entonces pueda alegarse que la guía no es obligatoria y que no viola el convenio 169.   Pero para dicho caso,  la argumentación de la falta de obligatoriedad haría la Guía nugatoria. Si tomamos la Guía como una propuesta,  la respuesta de las organizaciones indígenas no debe ser que viola el derecho a la consulta, sin indicar  cuales partes de la guía no son admisibles.  En este caso es como  ver a nuestro país,  como el perro que se muerde la cola y va en círculos,  pero no resuelve nada.

Para tener un desarrollo adecuado como país,  debemos dejar claramente establecidas que objeciones concretas,  basadas en principios jurídicos claros y fundamentados en la constitución política de la república  existen  por parte de los interesados para que la guía sea aplicable. Es obligación de las organizaciones indígenas aterrizar el derecho a la Consulta e indicar que parte de la guía es inadmisible para dichas organizaciones y sobre todo una justificación razonable para lo anterior basada en la normativa que escogimos todos como país al elegir a una asamblea constituyente en dos ocasiones separadas.

http://s21.com.gt/2017/08/09/la-retorcida-logica-los-secuestradores-del-convenio-169/

El mundo de los servicios públicos de empleo

Los SPE son desafiados constantemente por las expectativas de crecimiento, las condiciones cambiantes en el mercado laboral y los contextos institucionales. Un paso importante para abordar estos desafíos y para apoyar de manera más apropiada el fortalecimiento y la modernización de los SPE, es generar y recopilar información sistemática acerca de las características institucionales y operativas de dichas agencias. La disponibilidad de información estructurada y comparable sobre los SPE posibilita que el diálogo, las actividades y las iniciativas de asistencia técnica y financiera en relación con los mercados laborales estén mejor fundamentados. Los SPE son los principales ejecutores de las políticas del mercado laboral, pero hasta ahora no había información disponible a nivel global sobre los mismos. En los capítulos de este informe se aportan elementos para entender el grado de desarrollo de estas agencias a nivel mundial, así como sus desafíos y oportunidades.

DESCARGAR:

https://publications.iadb.org/handle/11319/7423?locale-attribute=es&

Guatemala y EE. UU. ponen fin a demanda

Aunque hasta ayer no había una postura oficial, Guatemala se libró  de una  demanda laboral de hasta por US$15 millones —Q109 millones— en el marco del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.

El litigio laboral con la Oficina del Representante de Comercio de los Estados Unidos (USTR, en inglés) se mantuvo por casi 10 años.

Hasta ayer, autoridades de los ministerios de Economía y Trabajo mantenían reserva de la decisión del panel arbitral que fue notificada al Gobierno hace un mes.

“En efecto, hemos visto un informe que está circulando del USTR; sin embargo, hemos tenido acercamiento con el Gobierno de EE. UU., y a petición de ellos acordamos hacer público la otra semana el resultado del panel”, afirmó Leticia Teleguario, ministra de Trabajo.

Leticia Teleguario, ministra de Trabajo
”Por acuerdo con el USTR y Guatemala, no se puede hacer público aún el resultado de la resolución del panel arbitral, sino hasta la próxima semana”, afirmó Leticia Teleguario, ministra de Trabajo.

La misma posición reflejó hace algunos días Adolfo Barrera Ortiz, viceministro de Economía, y en esa ocasión afirmó a Prensa Libre que la conclusión apuntaba a favorecer a Guatemala.

La conclusión ya se encuentra en la Dirección de Administración de Comercio Exterior (DACE), que es el administrador del TLC.

No hubo daño

Según trascendió, la conclusión es que Guatemala demostró durante las audiencias del panel que no “se presentó daño al comercio” y que está regulado en el capítulo 16 del TLC, que trata el tema laboral.

Alejandro Ceballos, presidente Vestex

El hecho de que los sindicatos hayan presentado una demanda a través de EE. UU. sin haber dialogado antes y haber tratado de arreglar las cosas, derivó en este conflicto. La justicia llegó y por lo único que podían acusar era porque se pudiera afectar el comercio, algo que no sucedió.
Además, “que las violaciones a los derechos laborales no fueron recurrentes”.

Alejandro Ceballos, presidente de la Asociación de Vestuario y Textiles (Vestex), dijo que para que se comprobara una violación se tuvo que haber afectado el comercio y la balanza comercial es positiva para EE. UU. “Por lo tanto, no hubo una causa comprobable”, enfatizó.

Con esos términos coincidió José González-Campo, miembro de la comisión laboral del Cacif, y afirmó que habrá que analizar cuál fue la interpretación del panel.

En todo caso, dijo que esto será un precedente para cuando se traten temas laborales.

En el sitio insidetrade,com, Celeste Drake, especialista en política comercial de la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO, en inglés), se negó a comentar sobre el caso, ya que no había leído el informe y no estaba al tanto del resultado.

Rigoberto Dueñas, representante sindical
Guatemala, dentro del TLC, se comprometió a respetar los convenios fundamentales de la OIT, los cuales no se cumplen en este momento, y con esa resolución definitivamente es un triunfo para la impunidad y para las prácticas ilegales.
“Creemos que este caso debería haber sido un golpe para Estados Unidos, por lo que los rumores de una pérdida de Estados Unidos son muy preocupantes”, afirmó.

En el 2008, AFL-CIO presentó una denuncia junto con sindicatos guatemaltecos al USTR al argumentar violaciones a los derechos laborales en el país e incumplimiento del TLC.

OIT

La presentación de las conclusiones del panel se dan a conocer una semana después de que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) aplazó conocer el caso de Guatemala en la Comisión de Normas.

“En esa reunión presentamos los avances en materia laboral, así como la ley que devuelve la capacidad sancionatoria a la Inspección de Trabajo”, afirmó Teleguario.

La OIT, por medio de la Comisión de Normas, estudia a los países que son denunciados por violaciones a los derechos laborales, así como la instalación de una comisión de encuesta, que es el instrumento de sanción para las naciones.

La OIT conocerá el caso en noviembre, y tiene varias denuncias en contra del Estado por violaciones a los derechos laborales, libertad sindical y asociación colectiva.

http://www.prensalibre.com/guatemala/politica/guatemala-y-ee-uu-ponen-fin-a-demanda