¿Qué es el monopsonio y cómo impacta al mercado de trabajo?

Varias décadas (y kilos y canas) después de haber estudiado por primera vez el concepto de un mercado laboral con competencia perfecta, su belleza me sigue maravillando. En este tipo de mercado no hay necesidad de que el gobierno intervenga, puesto que (de forma casi mágica) se da un equilibrio entre las empresas que buscan trabajadores y los trabajadores que buscan empleo. Si el gobierno fijara un salario mínimo muy alto, se generaría desempleo, puesto que los empleadores no estarían dispuestos a contratar a tantos trabajadores si les tienen que pagar un salario más alto. Por el contrario, si el gobierno estableciera un tope salarial, el número de trabajadores demandados por las empresas superaría el número de personas dispuestas a trabajar por ese salario. Más allá de su estética académica, sigo convencido de que las lecciones de este modelo deben estar siempre presentes en el diseño de políticas públicas. Pero, como dice el economista Dani Rodrik, “es un modelo, no el modelo”, y hay muchas posibles fallas de mercado que también deberían considerarse. Entre ellas, el monopsonio, que cada vez genera más atención.

No tan conocido como el monopolio, el monopsonio se genera cuando hay muchas personas buscando trabajo y solo hay pocos empleadores, quienes pueden darse el lujo de ofrecer un salario menor al que tuvieran que ofrecer si hubiera más competencia por los trabajadores. Además de ser malo para el trabajador, este modelo genera un resultado que es ineficiente en el sentido económico. Es decir, hay potenciales contrataciones que beneficiarían tanto a las empresas como a los trabajadores, pero estas contrataciones de beneficio mutuo no se llevan a cabo. Por muchos años, la posibilidad teórica de monopsonio no se consideraba importante para el análisis práctico ni para el diseño de políticas públicas, pero varios estudios recientes sugieren que el problema de monopsonio es relevante y creciente en el tiempo (véanse, por ejemplo, este estudio con base en la información del sitio web careerbuilder.com y este estudio con base en una plataforma en línea de crowdsourcing).

El monopsonio se genera cuando hay muchas personas buscando trabajo y solo hay pocos empleadores, quienes pueden darse el lujo de ofrecer un salario menor al que tuvieran que ofrecer si hubiera más competencia por los trabajadores.

El rol de las políticas públicas

El problema del monopsonio tiene al menos tres implicaciones para las políticas públicas del mercado laboral. La primera tiene que ver con el salario mínimo. En un modelo de monopsonio, un pequeño incremento del salario mínimo puede aumentar el empleo, lo cual podría explicar los estudios empíricos que no encuentran los efectos negativos de los aumentos del salario mínimo que el modelo de competencia perfecta predice. No obstante, cuando el salario mínimo llega a un nivel crítico, seguir incrementándolo tendría el mismo efecto dañino que expliqué anteriormente para la competencia perfecta: aumentar el desempleo (o la informalidad). En este sentido, la existencia del poder monopsónicopuede justificar el uso del salario mínimo para mejorar el funcionamiento del mercado laboral, pero no su uso desmesurado.

La existencia del poder monopsónico puede justificar el uso del salario mínimo para mejorar el funcionamiento del mercado laboral, pero no su uso desmesurado.

La segunda implicación tiene que ver con la importancia de los sindicatos. Según el Consejo de Asesores Económicos de Estados Unidos, los sindicatos pueden proveer un contrapeso al poder de negociación y el ejercicio unilateral del poder monopsónico, promoviendo mayores salarios, mejores condiciones de trabajo y hasta un nivel más eficiente del empleo. En otras palabras, la existencia del poder monopsónico podría justificar un intento de revertir una tendencia de largo plazo hacia menores niveles de sindicalismo. De hecho, un estudio reciente encontró que el impacto negativo del monopsonio en los salarios es menor cuando hay un mayor porcentaje de trabajadores representados por un sindicato. Este estudio también demostró que el vínculo entre productividad y salarios es más fuerte cuando los sindicatos tienen mayor representación.

La existencia del poder monopsónico podría justificar un intento de revertir una tendencia de largo plazo hacia menores niveles de sindicalismo.

La tercera implicación es tal vez la más obvia. Igual que existen esfuerzos orientados a combatir y regular los monopolios, los expertos están empezando a analizar cómo regular los monopsonios. Por ejemplo, Alan Krueger y Eric Posner proponen reforzar el escrutinio de las fusiones entre empresas para detectar efectos adversos en el mercado laboral. Igualmente, Krueger y Posner sugieren prohibir los convenios que impiden a trabajadores de salarios bajos buscar empleo en empresas que compiten con su empleador actual. También proponen prohibir los acuerdos entre sucursales de una sola empresa a no competir por los mismos trabajadores.

Monopsonio versus competencia perfecta

Mi impresión es que el debate sobre las mejores políticas públicas ante la existencia de los monopsonios está apenas comenzando. Las políticas orientadas a fortalecer el poder de negociación de los trabajadores o limitar el poder de los empleadores tienen mayor justificación ante la evidencia del poder monopsónico, pero no debemos olvidar por completo las advertencias del modelo “clásico” de competencia perfecta sobre un exceso de intervención del Estado. En mi opinión, los errores de “alabar demasiado las virtudes del mercado laboral libre” e “ignorar las consecuencias no anticipadas de intervenir demasiado en un mercado” son igualmente comunes y peligrosos.

https://blogs.iadb.org/trabajo/2018/03/23/que-es-el-monopsonio-y-como-impacta-al-mercado-de-trabajo/

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Trabajo infantil: dónde estamos y qué falta por hacer

A pesar de que el trabajo infantil se ha reducido en todo el mundo de forma significativa, todavía estamos lejos de su erradicación. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, aunque el trabajo infantil decreció un 38% entre los años 2000 y 2016, aún alrededor de 152 millones de niños de entre 5 y 17 años se encuentra en esta situación a nivel global. Si bien la región más afectada es África (donde 1 de cada 5 niños trabaja), en América Latina y el Caribe la incidencia de trabajo infantil es alta: alcanza al 7% de los niños. Dos países de la región, Haití y Perú, nos ofrecen evidencia para analizar mejor este fenómeno.

¿Por qué el trabajo infantil es un problema?

Como discutimos en este articulo anterior, al margen de las necesarias consideraciones éticas, el trabajo infantil es preocupante desde la óptica de las políticas sociales por sus potenciales efectos negativos sobre la situación actual y futura tanto de los niños como de sus países. El trabajo infantil reduce la posibilidad de que los niños puedan beneficiarse de la educación, ya sea porque el trabajar les impide ir a la escuela completamente, los lleva a reducir las horas para el estudio en la escuela o en casa, o porque afecta su capacidad de aprendizaje. Llevar a cabo actividades laborales extenuantes o riesgosas pueden afectar la capacidad de aprendizaje y, en general, la salud de los niños. Esta pérdida de acumulación de capital humano tiene efectos directos sobre el bienestar presente y futuro de los niños y de sus hogares, y sobre la productividad y crecimiento de los países en el largo plazo.

¿Quiénes son los más afectados?

La probabilidad que un niño trabaje depende de sus características individuales, las de su hogar y del contexto en el que vive. Los trabajos que los niños realizan también varían con base en estas características. Los datos longitudinales de Young Lives permiten analizar la evolución del trabajo infantil en una muestra de niños en cuatro países en desarrollo, incluido Perú, durante un periodo de 15 años.

Porcentaje de niños en trabajo remunerado

El gráfico muestra que la probabilidad de trabajar aumenta con la edad, particularmente después de los 15 años, que es cuando los niños están próximos a terminar la educación secundaria. Se ve también que los niños viviendo en hogares más pobres (tercil inferior) tienen más chances de trabajar que los niños en hogares menos pobres. En un estudio publicado recientemente, encontramos también que el terremoto del 2010 en Haití provocó que los niños provenientes principalmente de hogares más vulnerables estudien menos y trabajen más.

La parte inferior del gráfico muestra que, a edades tempranas, el trabajo infantil consiste mayoritariamente en actividades agrícolas, las que pierden importancia a medida que aumenta la edad de los niños. Existen también importantes diferencias de género en la asignación de trabajo remunerado y doméstico. De acuerdo con los datos de Young Lives para Perú (vea aquí la visualización interactiva) se observa que, a partir de los 10 años, las niñas se dedican a más tareas domesticas que los niños. En el mencionado estudio en Haití encontramos también que, mientras que los niños aumentan relativamente más sus horas de trabajo “para el mercado”, las niñas lo hacen relativamente en actividades domésticas.

Además del nivel de pobreza y la edad y género de los niños, hay otros factores que contribuyen a explicar la existencia del trabajo infantil. Los padres pueden decidir enviar a sus niños a trabajar, en vez de a estudiar, cuando sus expectativas sobre los retornos de la educación son muy bajos, ya sea porque la calidad de la educación es baja o porque los costos de atender a la escuela son altos. Como vemos, las preferencias de los padres también juegan un papel importante. Cuando los recursos son escasos, pueden decidir sacrificar la educación de los niños que consideran que tienen menos chance de beneficiarse de ella (por ejemplo, los que han mostrado peores resultados académicos previamente), de los que tienen más chance de obtener retornos trabajando (por ejemplo, los más fuertes), o diferenciar por otras razones (por ejemplo, por el nivel de cercanía biológica).

¿El trabajo infantil es siempre perjudicial?

Aunque el trabajo infantil excesivo o en actividades peligrosas afecta al bienestar y a la acumulación de capital humano de los niños, existen situaciones en las que resulta difícil calificar al trabajo infantil como perjudicial. Cuando no existen políticas sociales de apoyo, el trabajo infantil puede ser una estrategia familiar necesaria para lidiar con situaciones económicas adversas. Por otra parte, la evidencia cualitativade Young Lives muestra que algunos niños que trabajan manifiestan orgullo por apoyar económicamente a sus hogares, además de adquirir habilidades y redes laborales.

Para continuar disminuyendo el trabajo infantil es necesario seguir invirtiendo en políticas sociales. Son numerosas las medidas a impulsar: los programas de transferencias condicionadas, destinados a aliviar las restricciones económicas de los hogares; continuar mejorando la cobertura y reducción de los costos para el acceso a la educación y mejorando su calidad; y diseñar políticas focalizadas en aquellos niños en mayor riesgo de trabajar. Es también necesario reforzar los mecanismos de detección y sanción de formas de trabajo infantil que, por su intensidad o por ser peligrosos, ponen en riesgo el bienestar de los niños.

*Este artículo cuenta con la coautoría de Marta Favara.

 

https://blogs.iadb.org/trabajo/2018/06/11/trabajo-infantil-donde-estamos-y-que-falta-por-hacer/

¿Cómo vemos el futuro del trabajo en América Latina y el Caribe?

El “futuro del trabajo” inundó nuestras redes sociales y fue uno de los términos más buscados por los usuarios de Google en América Latina y el Caribe en 2017. Todos comenzamos a hablar de los peligros de la automatización, de la inteligencia artificial y de cómo los avances tecnológicos podrían eliminar un porcentaje importante de los empleos que conocemos en la actualidad. Por eso hoy, los gobiernos también se están empezando a hacer la siguiente pregunta: ¿cómo podemos preparar a nuestros países para un futuro incierto de profundos cambios en el mercado laboral?

La respuesta a esta pregunta no es sencilla y ya estamos viendo la magnitud de esta encrucijada. Por ejemplo, hace unos meses el gigante estadounidense Walmart inauguró un nuevo establecimiento en Tegucigalpa (Honduras) y la prensa local se hizo eco del número de empleos creados: “Maxi Despensa Kennedy viene a generar 42 empleos directos y alrededor de 100 indirectos”.  Sin embargo, en las mismas fechas, otro gigante de nuestro tiempo (en este caso Amazon) acaparaba los titulares en buena parte del mundo con la apertura en Seattle (Estados Unidos) de su primera tienda sin empleados, ofreciendo a sus clientes una nueva experiencia de compra en la que basta con elegir un producto y salir de la tienda (previo pago automatizado con un dispositivo electrónico), sin hacer fila para pagar. La pregunta es, ¿qué ocurrirá si el modelo de Amazon llega a expandirse por nuestra región?

Impacto de la tecnología en el mundo del trabajo

Como refleja El futuro del trabajo: perspectivas regionales, una publicación conjunta de los cuatro bancos de desarrollo regionales más importantes, existen cinco factores que determinan el impacto que puede tener la tecnología en los mercados laborales. En primer lugar, las estructuras económicas hacen que algunos países sean más susceptibles que otros. Es el caso de Centroamérica, por ejemplo, en donde una parte relevante de la economía se basa en sectores cuyo potencial de automatización es elevado, como los centros de atención al cliente (call centers), el comercio o la agricultura. Si algo está claro es que la Cuarta Revolución Industrial, como se denomina este tsunami tecnológico, tiene el potencial de contribuir al fin del trabajo como lo conocemos. De hecho, de acuerdo con la consultora McKinsey, al menos un 30% de las tareas podrán automatizarse en el 60% de las ocupaciones.

Si algo está claro es que la Cuarta Revolución Industrial, como se denomina este tsunami tecnológico, tiene el potencial de contribuir al fin del trabajo como lo conocemos.

Las habilidades existentes en la fuerza laboral también influyen en los incentivos para automatizar y el potencial de crear nuevos puestos de trabajo. De acuerdo con el Foro Económico Mundial, América Latina y el Caribe es una de las regiones con menores niveles de habilidades. Para superar esta barrera y asegurarnos de que nuestros ciudadanos están preparados para ocupaciones que hoy no alcanzamos ni a imaginar, debemos formar en ellos habilidades más sofisticadas y complejas. No me refiero solamente a las habilidades digitales, sino también a las habilidades socioemocionales (aquellas que los robots no pueden alcanzar, como la empatía, la comunicación, la persuasión o la negociación) y analíticas (como la capacidad para resolver problemas o saber cómo aprender a aprender).

Un tercer factor que afecta el nivel de influencia que tienen los avances tecnológicos en el mundo del trabajo es el acceso a banda ancha. Cada vez son más los trabajadores independientes que están a disposición de miles de clientes a través de plataformas electrónicas que funcionan a través de internet, en lo que se conoce como la economía gigEste fenómeno preocupa porque reduce el trabajo asalariadoy sitúa a millones de personas como contratistas independientes, lo que reduce las obligaciones sociales y, con ello, las protecciones que reciben los trabajadores. En la medida en que la tendencia es hacia más autoempleo, este fenómeno puede conllevar a más informalidad. Sin embargo, bien aprovechada, la economía gig puede ser una oportunidad en términos de generación de ingresos. Además, las plataformas digitales pueden conectar a los trabajadores de la región con los mercados internacionales, sin necesidad de migrar. Asimismo, el hecho de que las transacciones queden registradas en una plataforma digital aumenta su trazabilidad. Sin embargo, mientras que 35 de cada 100 personas que viven en países desarrollados tiene suscripciones de banda ancha fija, esta cifra se reduce a 10 para los países en desarrollo y emergentes.

Las presiones para automatizar también van a depender de la realidad demográfica de cada región. Aquellas economías en donde los salarios están creciendo más rápidamente o en donde hay cada vez menos personas en edad de trabajar tendrán más incentivos para automatizar. Mientras que los países africanos tendrán un crecimiento importante en su fuerza laboral, la proporción de personas en edad de trabajar en nuestra región irá reduciéndose poco a poco.

Aquellas economías en donde los salarios están creciendo más rápidamente o en donde hay cada vez menos personas en edad de trabajar tendrán más incentivos para automatizar.

Un último factor que hay que tener en cuenta cuando se habla de automatización es la disponibilidad de redes de protección. Es posible que los costos en bienestar de la automatización sean más altos en las economías en desarrollo y emergentes porque sus redes de protección están menos desarrolladas que las de los países de mayores ingresos. La cobertura de la seguridad social es a menudo más baja en regiones como América Latina y el Caribe, incrementando el impacto de los cambios laborales en aquellos trabajadores que no tienen acceso a seguro de desempleo.

Prioridades para triunfar en la era de los robots

¿Cómo podemos entonces aprovechar las oportunidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías y reducir sus impactos adversos? Una prioridad para triunfar en la era de los robots es que nuestros países inviertan más en su capital humano. Para ello, es necesario mejorar las habilidades de la población, impulsando su aprendizaje más allá de la escuela y orientando a su talento hacia las nuevas oportunidades que brinda la tecnología. La segunda prioridad será apoyar más las transiciones de los trabajadores entre empleos, teniendo en cuenta que, en el nuevo mercado laboral, el ‘trabajo para toda la vida’ será la excepción (se calcula que los millennials cambiarán hasta 15 veces de trabajo a lo largo de su carrera). Por último, es preciso repensar el Estado del Bienestar, adaptando nuestros sistemas de seguridad social a la nueva realidad de la economía gig y a los cambios demográficos que provocarán que América Latina y el Caribe pase a ser una de las regiones del mundo más envejecidas.

Una prioridad para triunfar en la era de los robots es que nuestros países inviertan más en su capital humano.

Desaprovechar esta revolución por no habernos preparado para enfrentarla es el mayor riesgo que corre la región. La buena noticia es que, aunque todavía existen grandes desafíos en materia laboral y de seguridad social, la tímida adopción de tecnología nos da un poco más de tiempo para apostar por las políticas correctas. Solo así podremos entrar con buen pie en el futuro del trabajo y garantizar un modelo de desarrollo económico con oportunidades para todos en la era de los robots.

https://blogs.iadb.org/trabajo/2018/04/30/el-futuro-del-trabajo-en-america-latina-y-el-caribe/

¿Qué es el monopsonio y cómo impacta al mercado de trabajo?

Varias décadas (y kilos y canas) después de haber estudiado por primera vez el concepto de un mercado laboral con competencia perfecta, su belleza me sigue maravillando. En este tipo de mercado no hay necesidad de que el gobierno intervenga, puesto que (de forma casi mágica) se da un equilibrio entre las empresas que buscan trabajadores y los trabajadores que buscan empleo. Si el gobierno fijara un salario mínimo muy alto, se generaría desempleo, puesto que los empleadores no estarían dispuestos a contratar a tantos trabajadores si les tienen que pagar un salario más alto. Por el contrario, si el gobierno estableciera un tope salarial, el número de trabajadores demandados por las empresas superaría el número de personas dispuestas a trabajar por ese salario. Más allá de su estética académica, sigo convencido de que las lecciones de este modelo deben estar siempre presentes en el diseño de políticas públicas. Pero, como dice el economista Dani Rodrik, “es un modelo, no el modelo”, y hay muchas posibles fallas de mercado que también deberían considerarse. Entre ellas, el monopsonio, que cada vez genera más atención.

No tan conocido como el monopolio, el monopsonio se genera cuando hay muchas personas buscando trabajo y solo hay pocos empleadores, quienes pueden darse el lujo de ofrecer un salario menor al que tuvieran que ofrecer si hubiera más competencia por los trabajadores. Además de ser malo para el trabajador, este modelo genera un resultado que es ineficiente en el sentido económico. Es decir, hay potenciales contrataciones que beneficiarían tanto a las empresas como a los trabajadores, pero estas contrataciones de beneficio mutuo no se llevan a cabo. Por muchos años, la posibilidad teórica de monopsonio no se consideraba importante para el análisis práctico ni para el diseño de políticas públicas, pero varios estudios recientes sugieren que el problema de monopsonio es relevante y creciente en el tiempo (véanse, por ejemplo, este estudio con base en la información del sitio web careerbuilder.com y este estudio con base en una plataforma en línea de crowdsourcing).

El monopsonio se genera cuando hay muchas personas buscando trabajo y solo hay pocos empleadores, quienes pueden darse el lujo de ofrecer un salario menor al que tuvieran que ofrecer si hubiera más competencia por los trabajadores.

El rol de las políticas públicas

El problema del monopsonio tiene al menos tres implicaciones para las políticas públicas del mercado laboral. La primera tiene que ver con el salario mínimo. En un modelo de monopsonio, un pequeño incremento del salario mínimo puede aumentar el empleo, lo cual podría explicar los estudios empíricos que no encuentran los efectos negativos de los aumentos del salario mínimo que el modelo de competencia perfecta predice. No obstante, cuando el salario mínimo llega a un nivel crítico, seguir incrementándolo tendría el mismo efecto dañino que expliqué anteriormente para la competencia perfecta: aumentar el desempleo (o la informalidad). En este sentido, la existencia del poder monopsónicopuede justificar el uso del salario mínimo para mejorar el funcionamiento del mercado laboral, pero no su uso desmesurado.

La existencia del poder monopsónico puede justificar el uso del salario mínimo para mejorar el funcionamiento del mercado laboral, pero no su uso desmesurado.

La segunda implicación tiene que ver con la importancia de los sindicatos. Según el Consejo de Asesores Económicos de Estados Unidos, los sindicatos pueden proveer un contrapeso al poder de negociación y el ejercicio unilateral del poder monopsónico, promoviendo mayores salarios, mejores condiciones de trabajo y hasta un nivel más eficiente del empleo. En otras palabras, la existencia del poder monopsónico podría justificar un intento de revertir una tendencia de largo plazo hacia menores niveles de sindicalismo. De hecho, un estudio reciente encontró que el impacto negativo del monopsonio en los salarios es menor cuando hay un mayor porcentaje de trabajadores representados por un sindicato. Este estudio también demostró que el vínculo entre productividad y salarios es más fuerte cuando los sindicatos tienen mayor representación.

La existencia del poder monopsónico podría justificar un intento de revertir una tendencia de largo plazo hacia menores niveles de sindicalismo.

La tercera implicación es tal vez la más obvia. Igual que existen esfuerzos orientados a combatir y regular los monopolios, los expertos están empezando a analizar cómo regular los monopsonios. Por ejemplo, Alan Krueger y Eric Posner proponen reforzar el escrutinio de las fusiones entre empresas para detectar efectos adversos en el mercado laboral. Igualmente, Krueger y Posner sugieren prohibir los convenios que impiden a trabajadores de salarios bajos buscar empleo en empresas que compiten con su empleador actual. También proponen prohibir los acuerdos entre sucursales de una sola empresa a no competir por los mismos trabajadores.

Monopsonio versus competencia perfecta

Mi impresión es que el debate sobre las mejores políticas públicas ante la existencia de los monopsonios está apenas comenzando. Las políticas orientadas a fortalecer el poder de negociación de los trabajadores o limitar el poder de los empleadores tienen mayor justificación ante la evidencia del poder monopsónico, pero no debemos olvidar por completo las advertencias del modelo “clásico” de competencia perfecta sobre un exceso de intervención del Estado. En mi opinión, los errores de “alabar demasiado las virtudes del mercado laboral libre” e “ignorar las consecuencias no anticipadas de intervenir demasiado en un mercado” son igualmente comunes y peligrosos.

https://blogs.iadb.org/trabajo/2018/03/23/que-es-el-monopsonio-y-como-impacta-al-mercado-de-trabajo/

Por qué soy escéptico sobre el futuro del trabajo

Últimamente, el tema de los cambios tecnológicos, supuestamente sin precedentes, está muy de moda en el debate sobre las políticas laborales. Los robots van a robar nuestros trabajos. Algunos pocos ganarán una fortuna mientras la mayoría no podrá conseguir empleo porque sus habilidades serán obsoletas. Si no entendemos el futuro del trabajo, tan distinto a lo que estamos acostumbrados, enfrentaremos un problema social y económico enorme.

Por mi parte, soy escéptico. No tengo duda de que habrá nuevas tecnologías que cambiarán el mercado laboral. Tampoco discrepo con la afirmación de que las políticas laborales tendrán que apoyar a los trabajadores que pierdan sus empleos por los cambios tecnológicos del futuro. Pero pienso que no estamos viendo algo realmente nuevo. Y creo que, al menos hasta ahora, la evidencia empírica está de mi lado.

No tengo duda de que habrá nuevas tecnologías que cambiarán el mercado laboral. Tampoco discrepo con la afirmación de que las políticas laborales tendrán que apoyar a los trabajadores que pierdan sus empleos por los cambios tecnológicos del futuro. Pero pienso que no estamos viendo algo realmente nuevo.

El ejemplo de los ascensoristas

Un artículo reciente (en inglés) de Robert D. Atkinson y John Wu analiza el mercado laboral de Estados Unidos desde 1850 hasta 2015. El artículo presenta varios casos de ocupaciones destruidas en el pasado. Para dar solo uno de los muchos ejemplos, había más de 100.000 ascensoristas (quienes operaban los ascensores) en 1950, pero casi ninguno a partir de 1990. Después de un análisis de los datos históricos, los autores concluyen: “Cuando realmente examinamos 165 años de la historia de los Estados Unidos, las estadísticas muestran que el mercado laboral estadounidense no tiene niveles de rotación laboralparticularmente altos. (…) De hecho, es exactamente lo contrario. Los niveles de rotación ocupacional en los Estados Unidos están en mínimos históricos”.

Es importante resaltar que los autores no niegan que haya mucha inestabilidad laboral. Solo presentan datos históricos para mostrar que el fenómeno no es nuevo. Para complementar su análisis, presento aquí estadísticas sobre la rotación laboral en el mercado laboral mexicano. Las cifras son promedios anuales de las contrataciones y separaciones mensuales como porcentaje del empleo total registrado con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Es cierto que la rotación laboral muestra una tendencia al alza desde el 2009, pero la rotación laboral fue sustancialmente mayor en 2000 que en 2017.

¿Más o menos rotación laboral?

En 2000 acabábamos de tranquilizarnos del miedo que generó el problema informático del año 2000(Y2K). Al llegar al año 2000, las computadoras iban confundirse y pensar que era 1900. Los teléfonos móviles ya existían, pero se usaban para hacer llamadas telefónicas en vez de hacer pagos bancarios o compartir memes. Si uno tenía miedo de subirse a un taxi cualquiera de la calle, se podía usar ese teléfono móvil para llamar a un sitio seguro de taxis, pero faltaban 9 años para la fundación de Uber. Nos preocupábamos por las posibles burbujas en mercados de valores, pero las criptomonedas no existían. Había muchas quejas del cinismo y falta de ética de trabajo de la generación X (mi generación) porque los millennials todavía no habían entrado al mercado laboral (algunos no habían nacido aún). Pero, a pesar de los avances tecnológicos en los últimos 17 años y la llegada de un grupo de jóvenes trabajadores que supuestamente buscan cambiarse de empleo a cada rato, la realidad es que había más rotación laboral en 2000 que ahora.

¿Qué mensaje debemos llevar de esta reflexión? En mi opinión, la posibilidad de que las habilidades de muchos trabajadores se vuelvan obsoletas es uno de los problemas más importantes que la sociedad enfrentará. No pienso que sea un problema nuevo, y tampoco veo evidencia de que el problema esté empeorando, pero es un problema serio. No nos asustemos —se han enfrentado estos problemas en el pasado—, pero sí ocupémonos en mejorar las respuestas de política pública. No veo por qué pensar que el problema será peor mañana que hoy, pero sí creo las políticas públicas de hoy son insuficientes ante tanta inestabilidad laboral. Y si no actuamos, también serán insuficientes mañana.

 

https://blogs.iadb.org/trabajo/2018/02/16/por-que-soy-esceptico-sobre-el-futuro-del-trabajo/

Respira: te ayudará en el trabajo y en la vida

¿Puede algo tan simple como concentrarte en tu respiración ayudarte a encontrar paz y a ser más productivo en un mundo cada vez más frenético y competitivo? ¿Puede también ayudar a las empresas a aumentar su productividad? La respuesta es que sí (o al menos eso parece).

En los últimos años, la meditación conocida como mindfulness (o atención plena, en español) ha adquirido mucha popularidad debido a sus efectos positivos sobre problemas como la depresión o la ansiedadmanejo de estrés o sobrecargas de información. Además de funcionar como un antídoto para estos síntomas de nuestra vida agitada, se dice que la práctica regular de mindfulness aumenta el sentimiento de equilibrio, conexión y disfrute de la vida.

Además de funcionar como un antídoto para estos síntomas de nuestra vida agitada, se dice que la práctica regular de mindfulness aumenta el sentimiento de equilibrio, conexión y disfrute de la vida.

La popularidad, el volumen de artículos de investigación y la evidencia anecdótica sobre los efectos de mindfulness en la última década son difíciles de ignorar, y tanto los sectores privados como públicos están tomando atención. Empresas como Google, HSBC, L´Oreal o McKinsey vienen invirtiendo en cursos de mindfulness para sus trabajadores. Al mismo tiempo, universidades prestigiosas como las de Oxford y Harvard vienen ofreciendo sesiones de meditación de este tipo a sus trabajadores y estudiantes. Por otro lado, el Parlamento del Reino Unido ha organizado el Mindfulness All Party Parliamentary Group, el cual produjo un informe con sugerencias de política vinculadas al rol del mindfulness en los sistemas de salud, educación, trabajo y justicia.

¿Qué es mindfulness?

Empecemos desmitificando qué es la meditación mindfulness: no es una religión (aun cuando tiene raíces en el budismo); no necesitas hacerlo con las piernas cruzadas en el suelo (aunque, si quieres, puedes hacerlo así), puedes practicarla en casi cualquier lugar; no toma mucho tiempo; y no te distraerá de tus objetivos de vida o profesionales (en cambio, te podría ayudar a clarificarlos y alcanzarlos).

Mindfulness es básicamente entrenamiento para la mente. John Kabatt-Zinn, quien fue el pionero en la investigación de esta práctica, la define como la calidad de poner atención, con tres componentes: la atención es voluntaria, en el momento presente y sin juzgar. La mente tiene una capacidad innata para mindfulness, que se puede aumentar o perder según el uso, de manera similar a como cambia nuestra masa muscular dependiendo si hacemos ejercicio físico o no. Si se practica de manera regular, cultiva y refuerza la capacidad innata de la mente para ser consciente, es decir, de saber identificar con claridad y de forma intencional cada una de las experiencias que se suceden en cada momento. Esta práctica puede mejorar las habilidades cognitivas, la inteligencia emocional, la productividad y, en definitiva, el bienestar general. Existe evidencia de que la práctica de mindfulness permite estos logros, en parte a través de los cambios en la estructura física de regiones cruciales del cerebro.

Mindfulness es básicamente entrenamiento para la mente. 

El método de mindfulness más popular e investigado es un simple ejercicio de respiración y meditación. Al poner toda nuestra atención en el proceso simple y natural de inhalar y exhalar, estamos ejercitando cualidades específicas de la mente y capacidades del cerebro, y relajando el sistema nervioso. Se pueden encontrar instrucciones para esta práctica en libros, apps y programas de entrenamiento, por lo que quien quiera practicarlo no necesita obligatoriamente la ayuda de un instructor. Sin embargo, practicarlo en grupo o el coaching personalizado, liderado por expertos, es aconsejable para establecer una práctica regular. La clave para el éxito es practicar con regularidad e integración en la rutina cotidiana, por ejemplo, estableciendo una práctica de, por lo menos, 8 minutos al día, acompañada de breves momentos de mindfulness a lo largo del día de trabajo.

¿Por qué las empresas y gobiernos están invirtiendo en mindfulness?

El mindfulness es una intervención relativamente con bajo costo y alta efectividad. Por un lado, mejora la salud mental de las personas y, a través de esto, puede mejor la adquisición y utilización de las habilidades necesarias para aumentar la productividad en el mercado de trabajo. Por otro, los problemas de salud mental son extremadamente costosos para la sociedad, por lo que las empresas se ven también afectadas. En el Reino Unido, esa es la principal causa de ausencia laboral, que genera 70 millones de días de trabajo perdidos por año.

Ya hay empresas que están ofreciendo programas de mindfulness a sus empleados, ya sea con sesiones introductorias de una hora o con programas intensivos que duran varias semanas. Mientras están sentados en sillas o cojines en el suelo, los participantes usualmente reciben charlas básicas de neurociencia y prácticas para integrar mindfulness en su rutina diaria. El efecto de estas prácticas en el lugar de trabajo todavía no se ha investigado en profundidad. Sin embargo, estudios de caso muestran resultados prometedores sobre los efectos de mindfulness en el trabajo, en especial sobre bienestar, resiliencia, mejoras en relaciones profesionales, productividad y desempeño laboral.

A pesar de sus potenciales ventajas, es importante señalar que aún se requiere más investigación sobre los efectos de mindfulness. Por el momento, ¿por qué no probar respirar, hacerlo conscientemente y de manera regular en nuestra rutina diaria? Si quieres probar qué es, te recomendamos empezar con este video.

*Este artículo cuenta con la coautoría de Sophie Maclaren.

https://blogs.iadb.org/trabajo/2018/02/02/respira-te-ayudara-en-el-trabajo-y-en-la-vida/