Competitividad global y salarios mínimos

La legislación del salario mínimo es, según algunas escuelas, una herramienta efectiva para la reducción de la pobreza en los países más pobres.

Guillermo Pineda
30 05 17
No obstante, esta legislación es efectiva solamente cuando va acompañada de condiciones que fomentan la competitividad de las empresas en el mercado global. De lo contrario, la historia de nuestros países es un ejemplo de cómo los salarios mínimos aumentan los costos de nuestras empresas, incrementan el mercado laboral informal y reducen la oferta de empleos en el mercado formal.

Los aumentos de los salarios mínimos contribuyen en teoría a la reducción de la pobreza, especialmente de la pobreza extrema, cuando van acompañados de reformas macroeconómicas estructurales que permiten a las empresas mantenerse competitivas ante este incremento en sus costos. Al final de cuentas, un trabajador con un mayor ingreso puede asegurarse a sí mismo y a sus familiares mejores condiciones de salud, de alimentación, de educación y de transporte, con lo cual las empresas se vuelven mejores y más competitivas. Sin embargo, en la práctica, el aumento de los salarios mínimos se convierte en una decisión política importantísima que impactará en la vida de millones de personas para bien o para mal cuando no se cuenta con las condiciones socioeconómicas que le permiten a un país mantenerse competitivo a escala global.

Los efectos económicos del salario mínimo no se perciben en los sectores informales y fuera de la legislación, donde el trabajador termina ganando menos al final del día con los incrementos de precios de la canasta básica. Este último punto es de especial importancia para nuestro país, donde contamos con un mercado informal que alcanza casi el 70 % de la población económicamente activa, según el Ministerio de Trabajo de Guatemala.

El aumento del salario mínimo perjudica aún más a las pequeñas y medianas empresas, pues reduce sus márgenes de beneficio, incrementa la inflación y anima a los empresarios a reducir el tamaño de su personal o a comprar sus insumos en otros países. La distancia ya no es una barrera para lo anterior, y es más barato traer un contenedor desde Asia por 800 dólares que pagar el envío de ese mismo contenedor por las rutas Guatemala-Costa Rica o Guatemala-Estados Unidos, por poner un ejemplo. Además, los salarios mínimos más altos tienen efectos negativos sobre el volumen y el desempeño del empleo en el sector privado formal, pues suelen disuadir a las empresas de contratar nuevos trabajadores y causan despidos.

Entonces, ¿es contraproducente legislar un aumento del salario mínimo?

Legislar aumentos del salario mínimo no consigue el objetivo en nuestros países de sacar a los trabajadores de la pobreza y de reducir las desigualdades. Esta legislación tiene efectos distintos en países más desarrollados, donde la población del mercado formal es la mayoría y existen condiciones económicas de estabilidad que nuestros países no tienen. Milton Friedman, un economista querido por unos y odiado por otros, demostró que los incrementos de un salario mínimo crean un monopolio salarial a costa del desempleo de los jóvenes y de los menos cualificados (que para el caso de Guatemala es el grueso de la población) y propuso que en lugar de establecer salarios mínimos se ofrecieran condiciones mínimas de renta y servicios a los más pobres y necesitados siguiendo las reglas del mercado. Quizá explorar este camino sea el idóneo para nuestro país, donde el encarecimiento de la vida continúa, la competencia entre las empresas aumenta mientras reduce nuestras ganancias y la presión global de las transnacionales amenaza con sacarnos del mercado.

Ante el encarecimiento del costo de la vida en Guatemala, quizá deberíamos preguntarnos qué puede hacer (o dejar de hacer) el Gobierno para facilitar la creación de empleos y de nuevas empresas, pues, a cómo van las cosas, si seguimos discutiendo sobre legislar salarios o sobre cómo controlar los precios de la canasta básica, los más perjudicados serán los guatemaltecos más pobres y más vulnerables de nuestra sociedad.

[Fin]

https://www.plazapublica.com.gt/content/competitividad-global-y-salarios-minimos

El Disfraz de la Relación de Trabajo en Guatemala

https://www.dropbox.com/s/97q2f7ogdln2y9h/disfraz_laboral_2010%20correo%20ELECT%20UGT%20%282%29.pdf?dl=0

Trabajadores, Sindicatos y empleadores

A la juventud le explico que: Trabajador o trabajadora es la persona física que con la edad legal mínima, presta sus servicios retribuidos subordinados a otra persona, a una empresa o institución. Si no presta los servicios de forma voluntaria, se considera esclavitud o servidumbre. Según el trabajo desempeñado, en el ámbito anglosajón, es costumbre agrupar bajo el color teórico del cuello de su camisa, según el tipo de oficio que desempeñen.

El concepto moderno de trabajador, como el de empresa rio, surge con la Revolución Industrial del siglo XIX y se consolida durante la denominada Segunda Revolución Industrial. Esta dicotomía social, económica y productiva establecería las diferentes clases sociales, que se denominan clase capitalista o burguesía, se utiliza desde el siglo XVII y la otra es la clase obrera o proletariado. En el manifiesto comunista, Marx y Engels, definen al conjunto de trabajadores dependientes como proletariado.

‘Es muy importante que los jóvenes tomen conciencia en lo humano, el concepto de igualdad y del derecho laboral, todos debemos comprendernos y respetarnos’.

En la teoría marxista, frente a la burguesía, el trabajador es la clase social que no tiene la propiedad de los medios de producción. Por lo tanto, la única fuente de ingresos para los proletarios es la venta de su trabajo, de su fuerza de trabajo. La sociedad capitalista se define como aquella sociedad política y jurídica basada en una organización específica del trabajo, el dinero y la utilidad de los recursos de producción. Los Jóvenes deben conocer que: Un sindicato es una asociación integrada por trabajadores en defensa y promoción de sus intereses laborales, con respecto al centro de producción.

El concepto de sindicato permite identificar a una agrupación de gente trabajadora que se desarrolla para defender los intereses financieros, profesionales y sociales vinculados a las tareas que llevan a cabo quienes la componen. Los sindicatos, tras reunirse con sus afiliados, informan y llegan a acuerdos previos o toman conciencia de las necesidades del momento, negocian en nombre de estos y se llaman negociación colectiva, sobre: salarios y condiciones de trabajo son las jornadas, descansos, vacaciones, licencias, capacitación profesional, dando lugar al contrato colectivo de trabajo.

El sindicato tiene como objetivo principal el bienestar de sus miembros, es decir, asegurar condiciones dignas de seguridad e higiene laboral y generar mediante la unidad, la suficiente capacidad de negociación como para establecer una dinámica de diálogo social entre el empleador y los trabajadores. La libertad sindical de los trabajadores, para crear, organizar, afiliarse, no afiliarse o desafiliarse o cambiar de sindicato, es libre y sin injerencias del Estado, patrones, empleadores u otros sindicatos.

Es muy importante que los jóvenes tomen conciencia en lo humano, el concepto de igualdad y del derecho laboral, todos debemos comprendernos y respetarnos. Todo joven debe obtener muchos conocimientos para conocer el significado de las cosas, en base de ello deben tratar de superarse y actuar correctamente respetando las leyes que ha plasmado la Sociedad, para no caer en lo indebido, apoyando la seguridad, educación, salud, trabajo, evitando la corrupción, vicios y respetándose a sí mismo como al prójimo y no perder el espíritu de patriotismo y el derecho humano.

http://www.s21.gt/2017/05/trabajadores-sindicatos-empleadores/

Guatemala: Actividad económica crece 3,2% a marzo 2017

 Al igual que en enero y febrero, el sector comercio explicó en marzo la mayor parte de la variación del índice de actividad económica, que registró un alza de 3,2% respecto al mismo mes de 2016.

Del informe mensual del Banco de Guatemala:

La actividad económica medida por la estimación del IMAE, a marzo de 2017, mostró un crecimiento de 3.2% (2.0% en marzo de 2016). Clic para interactuar con la gráficaClic para interactuar con la gráfica

Dicho resultado se vio impulsado por el comportamiento positivo que experimentaron, principalmente, las actividades económicas siguientes: Comercio al por mayor y al por menor; Industrias manufactureras; Transporte, almacenamiento y comunicaciones; Servicios privados; e Intermediación financiera, seguros y actividades auxiliares.

La serie desestacionalizada registró una variación de -0.6% en marzo de 2017 respecto
del mes anterior, en tanto que la tendencia-ciclo registró una tasa de crecimiento interanual de 3.5%, más dinámica que hace un año.

Ver informe completo.

 

http://www.centralamericadata.com/es/article/main/Guatemala_Actividad_econmica_crece_32_a_marzo_2017?u=99fb9b04bfd7ff6c5bce5fcfc44d683d&s=n&e=2&mid=%5BMESSAGEID%5D

El crimen de Chepe León Castañeda

POR: | 15 MAYO, 2017 – 1:19 PM

Chepe León Castañeda condenó secuestros y fue secuestrado.

Los años del conflicto armado interno fueron brutales. Muchos muertos, demasiados botones rojos que brotaron como espigas en la piel de este país. Pero uno de los crímenes que más me impactó fue el de Chepe León Castañeda.

El día de su muerte fue un aciago 16 de noviembre de 1979… Chepe había decidido junto a otros periodistas fundar el Sindicato de Medios de Comunicación Social, SIMCOS y sus actividades le llevaron a ser señalado para ser asesinado por el paramilitar, Ejército Secreto Anticomunista, ESA.

Mi colega de redacción, mi amigo. Un periodista que siempre estaba corriendo, como si el tiempo se le fuera entre sus largos y filosos dedos. Flaco, de pelo largo, nervioso pero firme. Inquieto, trabajador y buen amigo de sus amigos.

Jamás escatimó las horas ni el espacio para compartir, era un hombre de palabra fácil, no tenía ningún problema para hacer reír a los demás con sus buenas puntadas. Escribía en su máquina mecánica con dos dedos y lo hacia a gran velocidad.

Mantenía un cigarrillo entre la comisura de los labios y siempre tenía entrecerrados los ojos a causa del humo del Payaso sin filtro que fumaba con deleite….

Historia completa de Chepe León Castañeda en voz de Haroldo Sanchez:

http://www.guatevision.com/sin-reservas/chepe-leon-castaneda/

 

The Future of Work, Robotization, and Capitalism’s Ability to Generate Useless Jobs

The value of your work should not be determined by your paycheck.

By Rutger Bregman

A great deal has been written in recent years about the perils of automation. With predicted mass unemployment, declining wages, and increasing inequality, clearly we should all be afraid.

By now it’s no longer just the Silicon Valley trend watchers and technoprophets who are apprehensive. In a study that has already racked up several hundred citations, scholars at Oxford University have estimated that no less than 47% of all American jobs and 54% of those in Europe are at a high risk of being usurped by machines. And not in a hundred years or so, but in the next 20. “The only real difference between enthusiasts and skeptics is a time frame,” notes a New York University professor. “But a century from now, nobody will much care about how long it took, only what happened next.”
I admit, we’ve heard it all before. Employees have been worrying about the rising tide of automation for 200 years now, and for 200 years employers have been assuring them that new jobs will naturally materialize to take their place. After all, if you look at the year 1800, some 74% of all Americans were farmers, whereas by 1900 this figure was down to 31%, and by 2000 to a mere 3%. Yet this hasn’t led to mass unemployment. In 1930, the famous economist John Maynard Keynes was predicting that we’d all be working just 15-hour weeks by the year 2030. Yet, since the 1980s, work has only been taking up more of our time, bringing waves of burnouts and stress in its wake.

Meanwhile, the crux of the issue isn’t even being discussed. The real question we should be asking ourselves is: what actually constitutes “work” in this day and age?

What is “work” anyway?

In a 2013 survey of 12,000 professionals by the Harvard Business Review, half said they felt their job had no “meaning and significance,” and an equal number were unable to relate to their company’s mission, while another poll among 230,000 employees in 142 countries showed that only 13% of workers actually like their job. A recent poll among Brits revealed that as many as 37% think they have a job that is utterly useless.

They have, what anthropologist David Graeber refers to as, “bullshit jobs”. On paper, these jobs sound fantastic. And yet there are scores of successful professionals with imposing LinkedIn profiles and impressive salaries who nevertheless go home every evening grumbling that their work serves no purpose.

Let’s get one thing clear though: I’m not talking about the sanitation workers, the teachers, and the nurses of the world. If these people were to go on strike, we’d have an instant state of emergency on our hands. No, I’m talking about the growing armies of consultants, bankers, tax advisors, managers, and others who earn their money in strategic trans-sector peer-to-peer meetings to brainstorm the value-add on co-creation in the network society. Or something to that effect.

So, will there still be enough jobs for everyone a few decades from now? Anybody who fears mass unemployment underestimates capitalism’s extraordinary ability to generate new bullshit jobs. If we want to really reap the rewards of the huge technological advances made in recent decades (and of the advancing robots), then we need to radically rethink our definition of “work.”

The paradox of progress

It starts with an age-old question: what is the meaning of life? Most people would say the meaning of life is to make the world a little more beautiful, or nicer, or more interesting. But how? These days, our main answer to that is: through work.

Our definition of work, however, is incredibly narrow. Only the work that generates money is allowed to count toward GDP. Little wonder, then, that we have organized education around feeding as many people as possible in bite-size flexible parcels into the employment establishment. Yet what happens when a growing proportion of people deemed successful by the measure of our knowledge economy say their work is pointless?

That’s one of the biggest taboos of our times. Our whole system of finding meaning could dissolve like a puff of smoke.

The irony is that technological progress is only exacerbating this crisis. Historically, society has been able to afford more bullshit jobs precisely because our robots kept getting better. As our farms and factories grew more efficient, they accounted for a shrinking share of our economy. And the more productive agriculture and manufacturing became, the fewer people they employed. Call it the paradox of progress: the richer we become, the more room we have to waste our time. It’s like Brad Pitt says in Fight Club: too often, we’re “working jobs we hate so we can buy shit we don’t need.”

The time has come to stop sidestepping the debate and home in on the real issue: what would our economy look like if we were to radically redefine the meaning of “work”? I firmly believe that a universal basic income is the most effective answer to the dilemma of advancing robotization. Not because robots will take over all the purposeful jobs, but because a basic income would give everybody the chance to do work that is meaningful.

I believe in a future where the value of your work is not determined by the size of your paycheck, but by the amount of happiness you spread and the amount of meaning you give. I believe in a future where the point of education is not to prepare you for another useless job, but for a life well lived. I believe in a future where “jobs are for robots and life is for people.”

And if basic income sounds Utopian to you, then I’d like to remind you that every milestone of civilization – from the end of slavery to democracy to equal rights for men and women – was once a Utopian fantasy too. Or, as Oscar Wilde wrote long ago: “Progress is the realization of Utopias.”

http://evonomics.com/doubt-capitalism-useless-jobs-rutger-bregman/