Del IGSS y los seguros de gastos médicos

El sueño húmedo de los banqueros y empresarios locales ha sido apropiarse de los fondos que capta y maneja el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social –IGSS–. Cuenta la leyenda que cada vez que hay cambio de autoridades en el IGSS los representantes de los bancos hacen cola para ofrecer servicios financieros –ahora ya sabemos cómo han funcionado esos negocios–.

Por ser una conquista laboral, lograda durante la revolución de 1944, ha sido más difícil privatizar la seguridad social; sin embargo, desde el gobierno de Álvaro Arzú, se ha promovido la privatización indirecta cuando, en lugar de fortalecer las instalaciones y equipos de los hospitales del seguro social, se decidió subcontratar algunos servicios en hospitales y laboratorios privados.

Se sabe que la práctica común para desacreditar a los servicios públicos es corromperlos y someterlos al abandono, para luego alimentar la narrativa de que el Estado es mal prestador de servicios y justificar la privatización. La historia ha demostrado que las privatizaciones no mejoran el servicio y solo lo encarecen, tal es el caso de las telecomunicaciones, en las que el país es actualmente uno de los más atrasados del continente.

La salud pública y el IGSS han sido saqueados durante décadas y, a pesar de todo, siguen funcionando para beneficio de muchos que no pueden pagar un hospital privado.

El IGSS es una institución que cubre enfermedad común, accidentes, embarazo, pediatría, invalidez, vejez y sobrevivencia; todo por una sola cuota de 4.83%, y sin deducible. Cualquier seguro privado costaría bastante más, y sin tener todas las coberturas mencionadas; mucho menos la pensión por vejez.

Igual que la mayoría de instituciones del Estado y autónomas, el IGSS ha sido botín de las autoridades de turno, quienes en contubernio con empresarios corruptos se han beneficiado haciendo negocios turbios con las finanzas de la entidad.

Luego de décadas de saqueo, de manera perversa, los interesados en adueñarse de los servicios que presta el IGSS, y convertirlos en otro negocio inescrupuloso, ponen a sus voceros oficiales y oficiosos a llevar la voz cantante para crear la narrativa de que es necesario “desmonopolizar” –dicen ellos– el seguro social.

Lo que procede es hacer un plan para limpiar el IGSS de funcionarios corruptos y transparentar la contratación de servicios y compra de medicamentos; de igual forma, es necesario eliminar las transacciones opacas entre la institución y los bancos –no es descabellado pensar que el IGSS tenga su propio banco–. La captación de fondos del seguro social todavía es lo suficientemente sólida para autosostenerse. También es imperativo terminar con la simulación contractual que junto a las cuotas patronales y laborales elimina otras prestaciones como: vacaciones, aguinaldo, bono 14 e indemnización.

La llamada desmonopolización solo traería más precariedad a la salud pública y muerte a la mayoría de la población que no podría pagar un hospital privado.

Los asalariados pertenecientes a las capas medias, quienes de momento pueden pagar seguros privados de gastos médicos y reniegan de los servicios del IGSS, deben tener presente que se está a una enfermedad grave de caer bajo la línea de pobreza, por lo que no se debe tener visión corta. Contribuir al seguro social no es una obligación, es un derecho adquirido. Incluso sería ideal que se abriera la posibilidad de que cualquiera pudiera pagar sus cuotas aunque no tuviera trabajo en relación de dependencia.

 

http://elsalmon.org/del-igss-y-los-seguros-de-gastos-medicos/

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