La precariedad del empleo juvenil, en tres cifras

En América Latina hay un 20% de jóvenes NiNis

Encontrar un buen empleo es siempre complejo, pero para los jóvenes suele convertirse en  “más difícil todavía”. Muchos de ellos ni siquiera buscan trabajo, dado que están desmotivados por las pocas probabilidades de encontrarlo. Aprovechando la publicación de los indicadores de empleo en la plataforma digital del BID Numbers for Development presentamos tres cifras que, de manera elocuente, nos recuerdan la realidad del empleo juvenil en América Latina y el Caribe.

· 19.9 millones de NiNis

Uno de cada cinco jóvenes de 15 a 24 años de la región son NiNis, es decir, ni estudian ni trabajan. El porcentaje es aún mayor y alcanza a uno de cada cuatro jóvenes en países como Honduras (28.67%), Guatemala (27.36%) o El Salvador (26.61%). Si miramos los números con más detalle descubrimos que la inmensa mayoría de NiNis son mujeres: un 77%, o lo que es lo mismo: por cada NiNi varón hay tres NiNis que son mujer. Las altas tasas de embarazo adolescente y su consecuente impacto en el cuidado de los niños hacen que muchas muchachas de la región no puedan estudiar ni trabajar. Explorar estos datos.

· 14% de desempleados

El desempleo afecta más a los jóvenes que a los adultos mayores (25 a 64 años). De hecho, el porcentaje es tres veces mayor: 14% contra un 4% para los adultos mayores. Los países que tienen una tasa de desempleo juvenil más elevada, por encima del 25%, son del Caribe: Jamaica, Barbados y Bahamas. En el otro extremo encontramos a Bolivia, Guatemala y Trinidad y Tobago, donde apenas un 5% de los jóvenes de 16 a 24 años están desempleados. Explorar estos datos.

· 54.4% de informales

La mayoría de los jóvenes asalariados tienen un empleo informal, y por tanto, en peores condiciones de protección social y derechos legales. Este porcentaje, nuevamente, es muy superior al que encontramos entre los adultos mayores (25 a 64 años), que  se sitúa en el 33.1%. Como se explica en Empleos para Crecer, esta alta informalidad, unida a aspectos como la alta rotación laboral o la falta de inversión en capacitación, alimenta el círculo vicioso del empleo precario. Explorar estos datos.

¿Cómo mejorar las oportunidades de empleo para los jóvenes?

Esta es “la pregunta del millón” que muchos países intentan contestar con distintos programas e iniciativas de capacitación o de inserción laboral. Desde 2014, el BID ha impulsado el foro internacional “TransFormación: habilidades para la productividad” para aprender las mejores experiencias internacionales de modelos de formación para el trabajo. Puedes visitar la página web o ver este video-resumen de presentación.

Además, repasamos algunas de las series previas de Factor Trabajo:

Empleos para crecer

Desgranamos el extenso paquete de políticas integrales orientadas a promover trabajos de más calidad y más productivos que se presentan en el libro Empleos para crecer (2015). Ver serie completa

Sistemas de aprendices, un puente para el empleo juvenil

En la región crece el interés por imitar los sistemas de aprendices más desarrollados de otros países, que han podido mantener bajas las tasas de desempleo juvenil incluso durante la crisis global y mayores niveles de productividad para el sector privado. Ver serie completa

La precariedad del empleo juvenil, en tres cifras

Sindicato del Congreso está dispuesto a luchar por la Ley de Servicio Civil

POR SAIRA RAMOS
sramos@lahora.com.gt

El Sindicato de Trabajadores del Congreso de la República (Sintracor) convocó a una reunión sindical donde se informó a sus afiliados acerca de las medidas que se tomarán en contra de la Ley de Servicio Civil del Organismo Legislativo.

En la asamblea se informó a los afiliados al Sintracor que a partir de hoy que entró en vigencia la ley que reformó el sistema de salarios y contrataciones de personal en el Congreso se presentará un amparo en contra de lo avalado por los diputados, porque esta normativa contiene elementos que atentan contra los derechos laborales.

En la reunión, los líderes de Sintracor instaron a los trabajadores a mantenerse unidos en la lucha que emprendió el presidente del Congreso, Mario Taracena, quien publicó ayer en su cuenta de Twitter que en ese ente empezó una etapa “dura y de tragos amargos”, refriéndose a las destituciones que empezarán en los próximos días

Los sindicalistas también hablaron de la posibilidad de accionar en contra de la reducción salarial del diez por ciento que hará efectiva la Dirección Financiera, de Recursos Humanos, Financiera y de Auditoría Interna que se hará a partir de julio, la cual busca enmendar el pago de más que se hizo en los últimos 16 años.

Por esta reducción, el Congreso tendrá un ahorro de Q1 millón 706 mil 544.06. En junio, ese organismo pagó Q24 millones 553 mil 503.10 por concepto de salarios y en este mes pagó Q22 millones 846 mil 659.04. El ahorro proyectado anualmente será de Q23 millones 895 mil 816.84, refieren la información oficial.

SINTRACOR ACCIONA

Por otro lado, la Secretaría General de la Corte de Constitucionalidad (CC), informó que el lunes 11 de julio, el Sintracor presentó una apelación de sentencia directa dictada por la Sala Segunda de Trabajo del Organismo Judicial (OJ), la cual ya fue admitida a trámite y se pidió antecedentes.

En esta semana se espera que la CC notifique al Sintracor la fecha y hora en que se programó su vista pública, según refiere la información.

Por esta apelación, previo al cierre de esta edición La Hora intentó comunicarse con el secretario general del Sintracor, Alfredo Tumax, para ahondar en los detalles de la acción, sin embargo, no fue posible contactarle.

Sindicato del Congreso está dispuesto a luchar por la Ley de Servicio Civil

 

Cuatro posibles cambios al IGSS que utilizarían fondos privados

La antigua discusión respecto de la necesidad de sistemas alternos que apoyen los fondos de pensión como los que funcionan en otros lugares, se reactivó luego que varios congresistas plantearon reformas al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.

 

La propuesta, que surgió de la Comisión de Previsión y Seguridad Social del Congreso, busca que el cotizante tenga la posibilidad de elegir atención médica en un hospital que no sea el IGSS, sin aumentar su contribución.

 

El diputado Carlos Barreda, integrante de la Junta Directiva del Congreso, explicó que lo que está en juego es la obligatoriedad de cotizar al IGSS y lo que se quiere es que haya opciones. Ayer, tres diputados que integran la Comisión de Seguridad Social viajaron a Chile para conocer el sistema local, que funciona con fondos de pensión.

Rolando San Román, gerente de la Bolsa de Valores Nacional, explicó que, en el mundo, 30 países hicieron reformas en sus sistemas de capitalización individual y tienen alternativas al tradicional sistema solidario de reparto simple que se emplea en Guatemala.

Analistas exponen al menos cuatro alternativas:

  • Sistema de capitalización de fondos privados

En este,  las personas mantienen sus ahorros en  cuentas de capitalización individual.

Las personas son dueñas de esos ahorros y los rendimientos o intereses  son los que proveen la pensión al final

del tiempo pactado.

En 1981, Chile se convirtió en el primer país de América Latina que reformó de manera estructural   su antiguo sistema de seguridad social, adoptando un régimen

de capitalización individual puro.

En Guatemala, alrededor de la década de 1990,  la mayoría de los bancos del país abrieron fondos privados de pensión con plazos de tres, cinco, ocho, 10 y 20 años.

 

Este sistema es solo una opción paralela a la del   Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y no contemplan apoyo en aspectos de salud.

  • Compiten sistemas

El sistema mixto  en competencia es aquel  donde el sistema de reparto  simple compite con las  cuentas de capitalización individual.

 

En este sistema, los cotizantes pueden elegir en cuál de los dos desea estar.

Dicho sistema se emplea en   El Salvador y en él participan, además del Estado, instituciones privadas conocidas como  Administradoras Privadas de Fondos de Pensiones (AFP).

Los fondos de pensiones mixtos integrados podrían ser manejador a lo interno del IGSS, pues el tradicional sistema de reparto convive con la capitalización

individual.

En algunos sistemas se otorga una pensión mínima para algunos cotizantes, financiada por una  parte del sistema de reparto en donde todos los integrantes aportan de forma solidaria.

  • Sistemas públicos que integran instrumentos privados

En países como Canadá se emplea un sistema público de tres subsistemas o pilares.

El primer pilar se destina a pagar el grueso de las pensiones y se compone con el plan de pensión canadiense

y el plan de pensión de Quebec.

Estos subsistemas amparan a alrededor de 17 millones de canadienses.

El segundo  es el denominado Programa de Seguridad  de Vejez, que es financiado en su totalidad por impuestos y está disponible para todos los ciudadanos  de la tercera edad.

En este caso,  la pensión se compone de un mínimo básico  y un aporte del Estado para personas de  bajos ingresos, aparte de  una subvención mensual.

En el tercer pilar son ahorros particulares que permiten obtener mayores rendimientos.

  • Mecanismo público

Los sistemas de pensiones en los países de Europa  occidental son públicos y operan

a través de mecanismos de reparto.

 

Estos sistemas tuvieron su origen en la Segunda Guerra Mundial.

En el caso de las pensiones, los trabajadores se jubilan a edad más temprana con un mayor porcentaje de su sueldo como trabajadores.

Se basan en dos pilares: el primero consiste en una pensión universal para personas que no tienen derecho a a una  por sus cotizaciones en su vida laboral y que se financia con impuestos.

El segundo  consiste en un sistema de reparto para  trabajadores afiliados a la seguridad social, financiado por medio de sus aportes durate su vida laboral.

 

http://www.prensalibre.com/economia/economia/reforma-genera-discusion

Boceto de reforma

KARIN SLOWING

Editorial

¿Queremos que el sistema público de salud y seguridad social siga involucionando hasta el colapso, sin importar las vidas perdidas en el proceso? O ¿queremos más bien profundizar el esquema del “sálvese quien pueda”, al que nos orillan con la ambición de privatizar el IGSS y que los más enfermos y más pobres se vayan al hoyo al no poder pagar? ¿O podemos finalmente aceptar que todos somos miembros de esta comunidad llamada Guatemala y que tenemos igual derecho a la salud y la seguridad social? Es a partir de esa claridad de visión, y de un acuerdo político entre ciudadanos que lo respalde, que se debería plantear qué hacer de ahora en adelante —y para los próximos 30 años— con las instituciones del sector salud.

Eso no está pasando: No hay claridad siquiera de cuál es la visión de reforma que impulsan. Hay un documento, presentado oficialmente hace unas semanas, que solo puede calificarse de boceto; con pinceladas aquí y allá, que dejan mucho margen a que cada quien lo rellene según su imaginación o sus prejuicios. Curiosamente, el único esbozo de marco estratégico que ofrece está al final del documento, no al principio; posiblemente porque se escribió de último, o lo escribió otra gente; o para que se nos pase por alto.

¿Qué proponen en concreto? A cinco años plazo: 1. La redefinición de las competencias y funciones del MSPAS y del IGSS (pero no dice cuáles ni cómo); 2. Reformar y separar las funciones de salud y previsión social y de los seguros de salud (pero no dice qué ni cómo); 3. Actualizar el marco jurídico de la seguridad social, integrando todas las fuentes de financiamiento en un solo “pool” con regulaciones, recursos y riesgos similares. 4. Establecer un “Fondo Nacional de Salud” alimentado por múltiples fuentes; 5. “Devolver” los servicios de salud a la administración local —municipal y departamental (como que alguna vez hubiera sido así)—. 6. Establecer entidades autónomas de evaluación de la calidad de los servicios y los bienes e insumos que se ofertan al sistema. Hay etapas intermedias que no alcanzo a describir por razones de espacio.

Una cosa clave que no menciona es cómo incrementar el financiamiento para salud; tampoco cómo mejorar la mezcla público privada de gasto, para hacerla más eficiente; ni qué cambios introducir al modelo de atención; mucho menos cómo fortalecer las funciones de rectoría y regulación del MSPAS e IGSS para gobernar este complejo sistema de salud, conformado por múltiples proveedores públicos y privados de servicios, bienes e insumos.

Frente a eso, ¿qué nos dice la realidad? Han pasado seis meses y no han logrado siquiera estabilizar la situación de abastecimiento de los servicios públicos de salud, ni en el MSPAS ni en el IGSS. Le callaron la boca al San Juan de Dios con 100 millones este trimestre para que dejaran de protestar, pero el resto de servicios sigue paliando la falta de insumos.

En lugar de cooperar, se les va el tiempo en “peleas de gallitos”, viendo quién termina poniendo su marca en el MSPAS; mientras tanto, en el IGSS domina la parálisis y el desabastecimiento de los servicios; los procesos siguen cooptados por las empresas proveedoras, mientras los empleados están sin garantías de que adjudicar un proceso de compras no les significará la cárcel porque los ponen a firmar lo que otros amañan. Y de Minfin seguimos esperando la operatividad de la nueva ley de compras.

Prácticamente ya se perdió el primer año de gobierno. Sin estabilizar la situación de los servicios, no hay reforma posible. Los juegos de poder tienen un límite. En salud ya lo toparon. Es hora de ponerse a gobernar.

http://www.prensalibre.com/opinion/opinion/boceto-de-reforma

 

Desmonopolizar IGSS: cómo destruir el legado de Arévalo

En la primera mitad del siglo XX hubo un auge en la creación de sistemas públicos de seguridad social principalmente luego de la segunda guerra mundial. A mitad de ese siglo, en Guatemala la iniciativa fue liderada por el primer presidente de la revolución de octubre, Juan José Arévalo, y así en 1946 se creó el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social –IGSS-. La idea del expresidente era crear una red de seguridad social de carácter público y obligatorio como un sistema de protección mínima en beneficio y con la contribución de toda la población. El problema en la concepción del expresidente Arévalo al crear el IGSS es que pensó en un instituto intrínsecamente solidario en un país profundamente egoísta.

Esto puede observarse en los recientemente surgidos movimientos libertarios radicales que llaman a desmonopolizar el IGSS, lo cual, dejando al lado el egoísmo, además de ser una contradicción legal, es una falacia conceptual, que podría caber en lo que Sartori llamadeegreism, pues arbitrariamente se clasifica al IGSS de monopolio cuando en realidad no cumple las condiciones para ser un monopolio ni nada cercano a ello, sino simplemente es una institución pública que presta servicios públicos: la seguridad social, sin que esto impida que existan más oferentes de los mismos servicios.

Ahora bien, dejando de lado estas inoportunas propuestas, resulta riesgoso también que el sector privado organizado en el CACIF y el diputado presidente de la Comisión de Previsión Social del Congreso, Luis Pedro Álvarez, realicen una propuesta de reforma de la seguridad social que aparenta ser menos radical pero que puede destruir el IGSS. En este sentido, a pesar que tanto el director ejecutivo de CACIF, como Luis Pedro Álvarez, niegan que se proponga la privatización, resulta curioso que utilizan los mismos dos argumentos que utilizó en su momento el exministro de trabajo chileno José Piñera en la época de la dictadura de Augusto Pinochet al crear el sistema de capitalización individual (que es básicamente privatización): (i) el empoderamiento de los afiliados y (ii) eliminar la obligatoriedad de cotización, y precisamente es el modelo chileno el que, según Álvarez, han estudiado para realizar la propuesta.

Tanto CACIF como el diputado Álvarez debiesen saber (o lo saben y le restan importancia a) tres cosas. Primero, que el sistema de administración de fondos de pensiones genera un enorme rechazo en la población chilena, de hecho la semana pasada más de 100 mil chilenosmarcharon en las calles contra este sistema. Segundo, que el sistema de capitalización individual chileno incide en la precarización del trabajo, pues considerando la inestabilidad laboral, ante desempleo friccional, el sistema deja al trabajador en períodos largos de desprotección. Y tercero, como lo indica Luis F. Linares, si se deja a los trabajadores decidir entre afiliarse al IGSS u optar por un seguro privado, el resultado será “que se retiren (del IGSS) los que más ganan y permanezcan los que ganan menos, más temprano que tarde quebrará o será un sistema pobre para pobres.”

Ahora bien, en este sentido el reconocido economista francés Thomas Piketty en La economía de las desigualdades desarrolla sobre la seguridad social y su necesario carácter público. Piketty argumenta certeramente que “los problemas de motivación e información que causan el racionamiento del crédito se aplican de la misma manera a cualquier mercado intertemporal y, en especial, al mercado del seguro. Esto explica por qué el mercado es incapaz de proveer correctamente los seguros sociales fundamentales, y así justifica los sistemas públicos y obligatorios de protección social”. De esta manera de ser privatizada la seguridad social no resultaría entonces en una ganancia en materia de libertad o de empoderamiento, sino que al final más bien resultaría en una explícita renuncia irrevocable a la seguridad social para los más desprotegidos pues, entre otras cosas, las imperfecciones en el mercado de seguros racionalmente implican exclusión.

Por último, es necesario considerar que las críticas más fuertes al actual sistema de seguridad social son argumentos en contra de la corrupción, y de hecho los directores del IGSS de los últimos años, desde la gestión de Luis Reyes Mayen -expresidente de CAMAGRO- y el escándalo de videos sobre supuestos favores sexuales, su sustituto Juan De Dios Rodríguez actualmente acusado de corrupción, luego sustituido por Carlos Contreras, exministro de trabajo de Otto Pérez Molina e impulsor de los salarios mínimos diferenciados, tienen acusaciones o vínculos con personas presuntamente corruptas. Sin embargo esto no implica que el sistema en su conjunto o su concepción pública sea el fallo, sino más bien las motivaciones personales y la falta de voluntad para rescatar uno de los más importantes legados de la revolución.

 

Desmonopolizar IGSS: cómo destruir el legado de Arévalo

IGSS: pensiones y enfermedad común

Dicen que solo el 17 % de la población económicamente activa (PEA) paga el IGSS. El 17 %. Con eso, la afirmación crasa de que es un «monopolio» se cae. Desde que se inició la liberalización de las formas de contratación, muchas personas quedaron totalmente desprotegidas. Se les hizo creer que como freelance iban a tener un ingreso más alto porque no les quitaban IGSS. Y no. Dejaron de cotizar para su jubilación, pero no les importó (no nos importó): éramos jóvenes, teníamos tiempo para ahorrar para la vejez.

Patricia Cortez Bendfeldt

Dice un columnista que no tener Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) será beneficioso y educativo para los pobres, ya que así aprenderán a ahorrar para su vejez.

Tengo casi 50 años y no creo poder jubilarme antes de los 70. Planifiqué mi futuro para no tener demasiados dependientes. Inicié mi vida reproductiva tarde para poder tener una carrera y algo de estabilidad. La dichosa estabilidad jamás llegó.

He tenido años buenos como profesional y he visto crecer mis ahorros para luego despeñarse en gastos que no tenía previstos.

Hay amigos de mi edad que tienen hasta tres trabajos y, con todo lo que ganan, saben que no podrán jubilarse hasta más allá de los 70, con el desgaste físico y emocional que supone eso. Son personas que ya no creen en la educación pública y gratuita y que están pagando carreras universitarias de incluso más de tres hijos en alguna universidad privada. No pudieron invertir adecuadamente en su juventud y carecen de ahorros, algunos de ellos víctimas de bancos quebrados y de fraudes en pirámide.

Uno de los médicos que trabajan aquí tiene casi 80 años. Aún no se jubila. Necesita el dinero. Otros sí se jubilaron, pero prefirieron perder la escasa cuota de jubilación para poder volver a trabajar ganando más. De todas formas, son raros los que tienen jubilación.

Conozco a un abogado que tuvo un accidente en moto. Era un hombre exitoso. En una noche terminó como un bebé de dos años: múltiples lesiones en la cabeza que generaron una enorme necesidad de dinero y agotaron los seguros. La familia tuvo que vender propiedades. Se quedaron con un solo vehículo. La esposa trabajaba medio tiempo y tuvo que pasar a tiempo completo. El hijo dejó la universidad para trabajar con la madre. El otro hijo dejó el colegio caro para ser becado en una escuela religiosa. El hombre aún no se recupera tras cinco años. No tiene jubilación ni apoyos para la rehabilitación. No tiene posibilidades de mejorar más de un 20 %.

Y recuerdo a la vecina, una mujer dueña de una tienda cuyo marido operario de fábrica pagaba IGSS. La señora se fracturó la pierna ya siendo viuda, y el IGSS le enviaba la ambulancia a su casa para que no perdiera su terapia. Volvió a caminar perfectamente.

Son casos aislados, me dirán, pero es evidente que no estamos frente a un monopolio.

A pesar de la obligatoriedad del IGSS, el crecimiento de afiliados es bajo y ya fue superado por los que están afiliados a seguros privados.

También el número de peticiones de apoyo en redes sociales crece: «paguemos la quimio de fulana», «ayudemos para el riñón de mengano», «da tu aporte para el bebé de ella».

Con el seguro social todos hemos esperado mucho tiempo para una cita, pero yo también lo hice, por más de 15 días, para que me preaprobaran una consulta médica en el seguro privado que luego no me dieron. Tuve que acudir a la solidaridad de algún colega. Todos acudimos a la solidaridad de alguien porque no podemos pagar la propia cuenta. Pero no queremos que sea de manera oficial.

Pongamos que menos del 30 % de la PEA paga el IGSS y que posiblemente un 30 % similar (o tal vez más —no creo que sea menos—) está pagando uno o varios seguros que dividen su aporte en gastos médicos, fondos de pensión, seguro de gastos funerarios, el dinero en el colchón o en cuentas en cooperativas y otros, todos con miras a su vejez y previendo emergencias.

Hay seguros caros y seguros patito que por Q25 al mes te ofrecen consultas médicas ilimitadas (eso dice la propaganda), consultas ginecológicas ilimitadas, uso de ambulancia (una vez al año) y consultas domiciliares una vez al año, pero casi ningún medicamento. No brindan hospitalizaciones y el seguro de vida paga un total de Q5 000. Son seguros que no aseguran nada y son sumamente populares, como los que los colegios obligan a los padres a comprar.

O sea, al contrario de lo que predican los que quieren tomar el IGSS, sí hay muchos ofertantes de servicios médicos. Pero su cobertura es baja, mala y hasta risible. Y hay fondos de pensión que no son más que ahorros a plazo fijo sin beneficios extras. O sea, ya hay una desmonopolización. Lo que no se ve es la mejora.

Muchas personas que tienen, por su voluntad o por presión del empleador, un seguro caro han sido obligados a realizarse exámenes innecesarios y a pagardeducibles (copagos) muy altos por algo que creyeron sencillo. Deberíamos tener mejores servicios, pero no ocurre: en los privados la rueda la mueve el lucro y en el IGSS la corrupción.

¿Merecemos una mejor atención? Claro. Pero no veo que los seguros que ya pagamos hagan algún esfuerzo por mejorar sus servicios. Por el contrario, las ganancias aumentan. Y a eso le apuestan a la hora de querer comprar el IGSS.

Si en serio quieren desmonopolizar, ¿qué nos pueden ofrecer a los que actualmente no cotizamos al IGSS y difícilmente podremos hacerlo? ¿Lo mismo pero más caro? Yo me arremango para trabajar al menos 20 años más para juntar para mi vejez. Y, obviamente, a buscar caridad para pagar mi salud. Cuando me toque, mejor si tengo más amigos que me donen… hasta que a ellos también les toque. De momento me tatuaré en la piel esta instrucción:

«No llevarme a hospital privado».

No quiero privar a mi hijo de su herencia y además dejarlo con una deuda impagable y sin madre.

[Fin]

Seguros privados: “Un episodio”

Hace un par de años me regalaron un libro: Lecciones de Kei. El libro narra —en primera persona— el drama, el dolor y las angustias de un padre guatemalteco de clase media alta por procurar el tratamiento para su hijo después de que a este le detectaron un tumor cerebral.

Mario Quan

Cuenta cómo el seguro privado se les acabó y cómo hubo que recurrir a la generosidad de médicos y de amigos con recursos para costear operaciones carísimas.

El caso de Kei no es aislado.

Cuando estaba en el colegio —no recuerdo con exactitud; tal vez fue en sexto grado—, un compañero de clase tuvo un «episodio». Así —como un «episodio»— me lo describió mi mamá. Y lo sacaron del colegio. Nunca regresó a clases.

Para entonces habré tenido 11 años y mi mente estaba ocupada con otras cosas.

Pasó la vida y cada cierto tiempo me topaba en la calle con mi excompañero de clase. Siempre estaba acompañado de su padre. Yo lo saludaba y él me saludaba de vuelta. En su mirada perdida veía una chispa que poco a poco se iba extinguiendo. Alguna vez pregunté qué le había pasado. La respuesta fue vaga: era un desbalance químico en el cerebro y tendría que medicarse de por vida. Me conformé con eso y no pregunté más.

Alguien solicitó que nosotros, los excompañeros, lo apoyáramos con lo que pudiéramos. Todos o casi todos dieron. Yo no aporté.

El año pasado volvió a aparecer mi excompañero. Al parecer, las cuentas por los tratamientos y los medicamentos eran altísimas, los seguros ya se habían agotado y lo recursos de la familia —junto con sus propiedades— estaban llegando a niveles críticos.

Alguien solicitó que nosotros, los excompañeros, lo apoyáramos con lo que pudiéramos. Todos o casi todos dieron. Yo no aporté.

Cuando discutimos de política y economía con los de mi promoción del colegio, pareciera que siempre hay dos posturas: capitalismo/privado/bueno versus comunismo/público/malo.

Yo, obviamente, soy visto como el comunista del grupo.

Mientras uno de mis excompañeros contabilizaba lo que los demás iban depositando en la cuenta de la familia, yo guardaba silencio.

Pasaron un par de semanas y un buen amigo se comunicó conmigo. Me increpó sobre por qué no había depositado. Le dije que no iba a hacerlo para demostrar que yo no era un comunista. Guardó silencio, como esperando a que me explicara.

Verás —le respondí—. Ustedes siempre dicen que soy un comunista o un socialista, pero lo que hoy están haciendo es justo eso: lo que me achacan que no hago. Ustedes pretenden que el dolor de otra familia sea importante para mí y no solo esperan que sea importante, sino que ayude. ¿No es eso socialismo?

Él lo negó. Dijo que ayudar a los seres queridos era parte de lo que nos volvía más humanos, mejores cristianos y mejores personas.

—¿Y si no solo ayudamos a los conocidos y a los seres queridos, sino también a los desconocidos y a los enemigos? ¿No nos hace eso más humanos aún? ¿Mejores cristianos y mucho mejores personas?

—¡Por supuesto que sí! —respondió de inmediato.

—Entonces, para eso están los impuestos.

Hoy amanecí pensando en los muchos Kei y padres de Kei que están allá afuera, que no tienen la suerte de conocer médicos y amigos generosos que aporten a la causa cuando el seguro privado —ese que nos venden como una mejor alternativa al seguro público— se agota y no es renovado porque económicamente no es viable —ni atractivo para la aseguradora— seguir pagando los tratamientos.

Kei —como muchos otros— morirá al final. Y tal vez este libro es el mejor referente para demostrar que los seguros privados en Guatemala son bastante deficientes y que no todos pueden contar con la bondad de amigos y de conocidos.

Mi negativa de apoyar a la familia de mi excompañero no me hizo el más popular de mi clase, pero espero que por lo menos la persona que me llamó haya entendido por qué en los últimos años he abogado por un Estado con más recursos, por una educación gratuita y por un seguro social más eficiente.

Y es porque la caridad nunca será una solución a largo plazo.

[Fin]