La leyenda del salario mínimo diferenciado (1)

«La pobreza no la crea la gente pobre. Esta es producto del sistema que hemos creado. Por ende, hay que cambiar los modelos y los conceptos rígidos de nuestra sociedad» (Muhammad Yunus).

Inicio esta primera columna de 2016 con la frase anterior, escrita por el premio nobel de la paz del 2006, para referirme al tema de los salarios diferenciados (nuevamente).

Entre quienes defienden esta iniciativa se encuentra un exministro de Economía que pone como argumentos a favor:

  1. Esta iniciativa propone un aumento de salario que en promedio es de Q700. Lo anterior es totalmente falso. Paso a explicar por qué:
    1. Según datos de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2014, en el área rural de Escuintla, El Progreso y Zacapa el salario promedio fue de Q1 843.0, y la propuesta de Alejandro Maldonado es de Q1 954.0. Si bien es cierto que hay ciudadanos que devengan ingresos inferiores a ese promedio, son aquellas personas que no tienen ningún grado de educación o solo el nivel preprimario. Aquí valdría la pena preguntarle a Sergio de la Torre: ¿pondrá como operario de una máquina o como supervisor a alguien que no sabe leer y escribir?
    2. ¿Les esperaría a estos empleados sin educación un paraíso de capacitación en la empresa que los contrate? Según el BID (pág. 143), en Guatemala un trabajador no calificado tiene menos del 20 % de probabilidades de ser capacitado por la empresa para la cual labora, proporción que contrasta con la de Chile, con más del 60 %.
  2. El peor de los salarios es el que no existe. Es mejor eso a nada. Este argumento suena lógico, pero no tiene evidencia. Paso a explicar:
    1. Según reportan las Encuestas de Hogares o de Empleo, las personas que trabajan y no reciben remuneración son, en su gran mayoría, aquellas que lo hacen en su propia tierra para obtener los alimentos que su familia consume. Entonces, el enfoque es: ¿contrato a quien cultiva sus alimentos para que ahora pueda tener un salario e ir a comprarlos al mercado con un ingreso que solo le permitiría adquirir una tercera parte de la canasta básica alimentaria?
  3. Se prevén 10 000 puestos de trabajo de manufactura ligera para exportación. Falso. Paso a explicar por qué:
    1. En febrero y marzo de 2015 solicité, a través de la Ley de Acceso a la Información Pública, tanto al Programa Nacional de Competitividad (Pronacom) como al Ministerio de Economía (Mineco), los estudios que respaldan esta política pública. Y es que es básico que toda política nueva cuente con los estudios que la sustenten para poder evaluarla. La respuesta: «Sí usamos los estudios, pero los hizo el Ministerio de Trabajo (Mintrab). Me aboqué a este ministerio, y la primera respuesta fue: «Por favor, denos 10 días más». La segunda respuesta fue: «Los estudios los hicieron las comisiones paritarias del salario sobre la base de la Encuesta de Ingresos y Gastos Familiares 1998-1999, y estas solicitaron al Instituto Nacional de Estadística una actualización al 2009». ¿Copia de las actas? No las entregaron (oficio 45-2015 del Mintrab).
    2. Es decir, lo que promueven abiertamente el Pronacom, el Mineco y el Mintrab no tiene el más mínimo sustento técnico, sino que está formulado sobre la base de leyendas y mitos. Ojalá yo esté equivocado y hagan públicos los estudios que sustentan la iniciativa de salarios diferenciados.
  4. Hay incluso columnistas que proponen: «Démonos licencia para experimentar».¡Caramba! No sabía que parte del experimento era aconsejarle que coma menos al que se está muriendo de hambre. Aquí es preciso recordar cuál es el modelo que trata de implantarse en Guatemala: «Para la élite, exenciones fiscales. Para el pueblo, salarios de miseria». ¿Por qué no experimentamos aumentando los impuestos a los mayores ingresos del país al 1 % y quitando exenciones fiscales?
  5. La mejor política social es una buena política económica. Falso. Con este argumento tratan de vender la idea que este experimento hará que los salarios aumenten y que así todos estaremos mejor. Revisando las cifras del Banco de Guatemala, y particularmente las del producto interno bruto medido por la remuneración a factores de la producción, resulta que el factor trabajo representa cada vez una menor proporción, pues cae del 33.4 % en 2001 al 30.1 % en 2012, mientras que el excedente de explotación bruto aumenta del 38.2 % al 41.5 % en el mismo período de tiempo. Un claro ejemplo de que la teoría del derrame existe, sí, pero solo en los libros neoliberales.

http://www.plazapublica.com.gt/content/la-leyenda-del-salario-minimo-diferenciado-1?platform=hootsuite

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