Las historias con las que nos engañamos

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¿De verdad para progresar lo necesario es deprimir salarios y debilitar la capacidad de inversión social del Estado? 

Suele decirse en este país que la inestabilidad jurídica, los altos impuestos y el aumento periódico del salario mínimo son tres de las causas que impiden nuevas inversiones y que detienen el flujo de inversión extranjera. Por esas razones es que Guatemala está sumida en el subdesarrollo y la pobreza.

Lo de la inestabilidad jurídica usualmente se asocia a la creación de nuevos impuestos o a la elevación de tasas. Algo que, como hemos visto, tampoco es que ocurra cada año. A partir de 2012, solamente hubo dos intentos por modificar la estructura tributaria: uno que tuvo éxito –al inicio del gobierno de Otto Pérez– al subir las tasas del impuesto sobre la renta (ISR), limitar exenciones y eliminar la declaración del impuesto al valor agregado (IVA) como abono al pago del tributo. Luego, la segunda fue propuesta a finales de 2014, cuando se cayó la recaudación. En esa oportunidad, se quiso establecer, dentro del presupuesto de 2015, un impuesto para la distribución de sacos de cemento, otro tributo mensual por uso de líneas telefónicas y elevar las regalías por la explotación minera. Esta segunda fracasó al ser declarada inconstitucional.

Así las cosas, el clima jurídico ha estado relativamente estable. Ha habido otros intentos de modificarlo, aunque no en beneficio del erario, como cuando en enero de 2013 el Ministerio de Economía (Mineco) presentó la iniciativa Ley de Promoción de Inversiones y Empleo y en septiembre de 2014, el Ministerio de Trabajo empujó la idea de los “salarios mínimos diferenciados” .

La primera de esas iniciativas fue presentada para, supuestamente, cumplir con un compromiso asumido ante la Organización Mundial de Comercio (OMC). Su contenido, sin embargo, iba totalmente en contra de lo exigido por la OMC: eliminar para el 31 de diciembre de 2015 las exenciones de ISR que gozan las maquilas y las zonas francas. Contrario sensu, la iniciativa del Mineco proponía prolongar esas subvenciones, en algunos casos, hasta por 70 años y ampliarlas no solo para las exportaciones sino también para las ventas que se hacen en el mercado interno. Recientemente, el actual ministro de Economía presentó una nueva iniciativa más acotada, la iniciativa de Ley Emergente para la Conservación del Empleo, en la que las exenciones se mantienen para maquilas, call centers y los productos que exportan, pero se les exonera del IVA para los insumos que compren localmente.

La iniciativa del Ministerio de Trabajo para implantar salarios diferenciados en cuatro municipios tenía por justificación llevar al empleo formal, aunque fuese con salarios por debajo del mínimo, a un gran número de personas que no conseguían trabajo.

De esa manera hemos llegado al final del año, con un inmenso déficit presupuestario,con una crisis política que reveló la existencia de redes para defraudar al Estado con la participación activa de quienes encabezan la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) y del propio gobierno, y con la demanda, en este contexto de escasez de recursos, de limitar aún más la posibilidad de captación de ingresos del Estado. Y con la narrativa quemuchos empresarios impulsan acerca de que la mejor forma de crear un clima apropiado para la inversión es por medio de crear o mantener exoneraciones de impuestos y reduciendo los salarios.

No sé si la divulgación de los resultados de la Encuesta Condiciones de Vida 2014 (ENCOVI) les hará cambiar el discurso, y si les provocará algún nivel de disonancia cognitiva conocer que 6 de cada 10 guatemaltecos no tienen los ingresos para costearse una canasta mínima de alimentos, bienes de consumo y servicios indispensables. Lo trágico sería que el próximo gobierno creyera esos cuentos que se cuentan los empresarios, con lo cual, de aceptarlos como verídicos, el Estado no podrá costear el funcionamiento de los sistemas educativo y de salud públicos, ya no digamos reorientarlos hacia la prestación de servicios de calidad.

Y si el nuevo gobierno acepta la idea de que los salarios mínimos son un obstáculo para la inversión, menos posibilidad habrá de estimular el mercado interno y de reducir la brecha de pobreza.

 

http://contrapoder.com.gt/2015/12/17/las-historias-con-las-que-nos-enganamos/

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