Paritarias del Salario no se ponen de acuerdo

La Comisión Nacional del Salario Mínimo recibió los informes de las comisiones paritarias, las cuales no llegaron a acuerdos sobre una propuesta de salario, por lo que la próxima semana comenzarán a analizarlos.

Rigoberto Dueñas, dirigente sindical de la Federación de Trabajadores Campesinos y Urbanos (Fetracur), informó que ayer solo recibieron los informes y el jueves próximo comenzarán la discusión, y tienen hasta el viernes 11 de diciembre para tomar una decisión al respecto y trasladarlo a la Presidencia de la República.

Según Dueñas, el sector laboral solicita un salario mínimo diario de Q125, tanto para el sector agrícola, no agrícola y de maquila, mientras los empleadores señalan que no debe haber ningún incremento.

“Estamos bastante distanciados de alguna fórmula de negociación, y cuando hay posturas extremas, puede haber un diálogo no productivo, por lo que se puede vislumbrar que la decisión final quedará en manos del presidente”, afirmó Dueñas.

 

http://www.s21.com.gt/pulso/2015/11/28/paritarias-no-se-ponen-acuerdo

¿Y usted qué opina de las exenciones fiscales para las maquilas y Call Centers?

POR GRECIA ORTIZ
gortiz@lahora.com.gt

Guatemala se comprometió a eliminar antes del 31 de diciembre próximo los beneficios fiscales para los exportadores, lo que pondría en aprietos a muchos empresarios nacionales. Para contrarrestar esa situación, ese sector promueve la aprobación  de una ley que mantenga las exenciones fiscales para las maquilas y Call Centers, pero esa propuesta también tiene detractores, que rechazan las medidas proteccionistas y los privilegios para un grupo empresarial.

En la Organización Mundial del Comercio (OMC), Guatemala suscribió el “Acuerdo sobre subvenciones y medidas compensatorias”, un documento que compromete a los firmantes a prohibir las subvenciones –incluyendo las exenciones fiscales– a los resultados de exportación, como una medida para evitar la competencia desleal y el proteccionismo en el comercio internacional.

Esta disposición, que entraría en vigencia el próximo 1 de enero, tendría repercusiones para empresarios guatemaltecos, específicamente para el sector de la maquila, puesto que perderían los beneficios de la Ley de Fomento y Desarrollo a la Actividad Exportadora y de Maquila (Decreto 29-89).

De acuerdo con esa normativa, las empresas orientadas a la producción y/o ensamble de bienes que contengan como mínimo el 51 por ciento de mercancías extranjeras están exoneradas del pago de los derechos arancelarios y el Impuesto al Valor Agregado (IVA), y además están exentas del pago del Impuesto Sobre la Renta (ISR) por diez años.

Esos beneficios fiscales, junto a la mano de obra barata, hacen competitiva a la industria maquilera guatemalteca, una de las más importantes para las exportaciones y en la generación de empleos, de acuerdo con la versión de los mismos empresarios.

Los empresarios señalan que si no se aprueba una Ley que mantenga los incentivos fiscales, los maquileros trasladarían sus operaciones a otros países con mejores condiciones para competir en el mercado, afectando seriamente la economía de Guatemala.

Eso provocaría que el valor de las exportaciones se reduciría en alrededor de US$555.3 millones y además se perderían  44 mil 858 empleos directos en el sector y 33 mil 58 en otros sectores de la economía.

De acuerdo con el Banco de Guatemala, en 2013 la exportación de vestuario y textiles alcanzó un volumen de USS$1,511,945 millones, y en 2014 fue de US$1,526,911 millones.

Según la Comisión de Vestuario y Textiles (Vestex), de la Asociación Guatemalteca de Exportadores (Agexport), se estima que el sector genera más de 180 mil empleos directos e indirectos, de los cuales 46 por ciento son mujeres.

Sin embargo, no todos están de acuerdo con esa postura y creen que el sector de la maquila debería pagar los mismos impuestos que el resto de empresarios, y deben buscar otras formas para ser más competitivos.

11EL ARGUMENTO EMPRESARIAL

Alejandro Ceballos, vocero de Vestex, representa la opinión de los empresarios que abogan para que el Congreso apruebe la iniciativa de ley 4997 ley emergente para la conservación del empleo que a su criterio mantendría los beneficios para ese sector, y eso evitaría pérdidas en exportaciones y generación de empleo.

A criterio de Ceballos, los empresarios esperan con esta normativa se aclare el panorama tributario para el sector maquila y exportador, y entonces “cada quien” tome su decisión y defina si quiere quedarse o no trabajando en el país.

En ese sentido comentó, que el tiempo continúa transcurriendo y solo quedan unas semanas para que el Congreso apruebe la ley sin afectar al sector, pero hasta ahora no se tiene una respuesta clara de lo que va a acontecer. “Hemos hablado con el ministro –Sergio– De la Torre, luego el ministro –Ricardo– Sagastume y ahora el Ministro –Jorge– Méndez Herbruger, y fue él quien presentó la iniciativa de ley”.

Se le cuestionó al Vocero de Vestex sobre la petición de extender los incentivos fiscales en el marco de una crisis de ingresos en el Estado,  pero a su criterio es un “error grave” que se centre la atención en una crisis fiscal  cuando el problema es que se solicita un presupuesto “demasiado alto”, que después ni siquiera se logra ejecutar.

“No se puede competir así, teniendo como vecinos a países que tienen leyes de fomento de inversión de hasta 60 años en impuesto sobre la renta. La lógica es que si los empresarios no se van ahora del país, es que se vayan más adelante”, aseguró.

Un documento de Vestex, sobre la competitividad del sector exportador refiere que “El Salvador, Honduras y Nicaragua tienen herramientas para la atracción de inversión y todos cuentan con salarios mínimos más bajos”.

En el tema de los salarios, ese sector señala que la remuneración económica de los demás países, coloca a Guatemala una posición de “desventaja competitiva”. Costa Rica, con US$851.58, tiene el mayor salario mínimo en la industria textil, seguido de Guatemala con US$457.61, cifra que se encuentra por encima de El Salvador, Honduras y Nicaragua.

En Guatemala, Vestex reconoce que ese salario se paga en la capital, pero no así en el Interior, argumentando que las condiciones son distintas, los costos de operación más altos y por ello, abogan por enmiendas a las leyes que permitan el salario diferenciado y el trabajo a tiempo parcial con sus prestaciones de ley, además de que existan incentivos y facilidades para los empresarios que se instalen en el Interior.

Para el vocero de esa organización, aunque se tengan pérdidas, siempre se paga el Impuesto Sobre la Renta y el Impuesto de Solidaridad, por lo que no se puede decir que el empresariado no cumple con el deber de pagar impuestos.

Ceballos aseveró que es difícil para una empresa seguir operando “si sabe que tendrá perdidas”, por lo que procederían a cerrar operaciones en el país y buscarían trasladarse a otro, con mejores condiciones. “El problema es que van a dejar de recaudar impuestos, ya la SAT en su manifiesto dijo que pagábamos el 9.2% de la recaudación total de las empresas beneficiadas con la normativa 29-89”, indicó.

SALARIO CON PRESTACIONES DE LEY

Sobre el empleo, y los beneficios que obtienen los trabajadores del sector textil, Ceballos opinó que ningún trabajador “gana tanto ni está tan protegido” como el que lo hace en maquila, ya que las condiciones las supervisan marcas internacionales.

“Es una mentira que agarran todos. De que hay que trabajar duro, hay que hacerlo. Pero tampoco se pasa sobre los derechos de  los trabajadores. Si no hay fábricas, no hay trabajo, no habrá nada. El riesgo de que se vayan las fábricas es que los trabajadores se quedan en cero. No van a violar sus derechos, no van a trabajar duro, pero tampoco van a ganar un centavo”, aseguró.

El salario otorgado a los trabajadores de este sector, aseveró, genera sus prestaciones acordes a la Ley, entre ellos mencionó indemnizaciones, seguridad social, aguinaldo, bono 14, vacaciones.

RECHAZAN LOS PRIVILEGIOS

Ricardo Barrientos, analista del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), rechaza que se mantengan los privilegios fiscales, porque eso afectaría el espíritu del comercio justo, y porque considera que el sistema de producción de las maquilas y zonas francas no es funcional ni beneficioso para el Estado.

En ese sentido añadió que el sector de maquilas es más conocido por señalamientos de violaciones a derechos laborales, especialmente de las mujeres, aunque también destaca transgresiones a las normas laborales de los “Call  Centers”.

“Es un modelo obsoleto, caduco. Bueno se está hablando que se quiere 80 mil empleos en el sector de maquila, pero nunca se han mostrado las cifras. Es un sector muy opaco. No tiene transparencia de las entidades encargadas o el Ministerio de Economía no tienen datos precisos, y a pesar de que el Icefi lo ha demandado, nunca se nos ha proporcionado”, agregó.

Es por eso, indicó que el Estado necesita generación de empleo y desarrollo económico, a la vez que respeten y fomenten los derechos laborales y eleven los ingresos del Estado, y no de leyes que lo debilitan.

Sobre la información que han solicitado, y no les han entregado, a su criterio representa un privilegio “más” que posee ese sector. “Si socialmente a este sector le estamos dando el privilegio de no pagar los impuestos, que todos los demás pagan, entonces lo mínimo que deberían cumplir es con ser transparentes”, apuntó.

La iniciativa que ahora se presenta, agregó que ya ha sido presentada y la misma fue rechazada por “abusiva y excesiva”, luego se presentó una iniciativa del Partido Patriota, también la ley Baldizón de empleo.

Barrientos, aseveró que la solución consiste en un plan integral económico y de generación de empleos porque “estas leyes de privilegios fiscales, son cualquier cosa…menos eso”, y considera que rebajar los salarios “es casi una extorsión”.

El impacto generado en la recaudación, de acuerdo a opiniones de la SAT y del Ministerio de Finanzas, generará la pérdida de recursos fiscales que podrían ir dirigidos a resolver la crisis que vive el sistema de salud.

La reducción de la recaudación de acuerdo al economista, incluso llegaría a ser de un mil quinientos y tres mil millones de quetzales, que al final podría llegar a cambiar opinó.

LO QUE DICE LA NUEVA INICIATIVA

El ministro de Economía, Jorge Méndez Herbruger, presentó una versión consensuada de la iniciativa Ley Emergente para la Conservación del Empleo, para que sea conocida y aprobada por el Congreso.

Méndez expresó que “esta nueva versión fue consensuada a nivel técnico y cuenta con el apoyo del Ministerio de Finanzas y de la SAT. En esta propuesta de iniciativa hemos incorporado las observaciones de la administración tributaria, con el objetivo de mantener los empleos que actualmente genera el sector de exportación de servicios, tipo Call Centers y BPO, y el de exportación de vestuario y textiles”.

“La aprobación de esta ley es crucial para conservar estos empleos, sobre todo en el interior del país, y confío en que los señores diputados procedan a conocer y aprobar esta iniciativa de Ley”, concluyó el Ministro de Economía.

Esta propuesta de iniciativa de ley busca reformar el Decreto 29-89 “Ley de Fomento y Desarrollo de la Actividad Exportadora y de Maquila” y el Decreto 65-89 “Ley de Zonas Francas” y cumple con los compromisos de Guatemala ante la Organización Mundial del Comercio –OMC- además de asegurar que se conserven los más de 180 mil empleos que estos sectores generan.

La iniciativa se modificó porque en la primera propuesta no fue socializada con las instituciones de gobierno dedicadas a la recaudación fiscal y el manejo de las finanzas públicas. Sin embargo, la nueva propuesta no ha sido bien aceptada por el sector empresarial, porque consideran que limita en buena medida a los grupos productivos que se beneficiarían con la legislación, y piden que se mantenga el planteamiento inicial.

La SAT se pronunció “desfavorablemente” sobre la normativa presentada, pues desde el ámbito de competencia de esa institución, se observó que “contiene disposiciones que contravienen el ordenamiento jurídico tributario vigente y su eventual aplicación conlleva efectos negativos para el sistema tributario”.

Por otro lado el Ministerio de Finanzas, considera que la normativa presenta “inconsistencias” en su redacción que requerirán una revisión jurídica exhaustiva, además que debe revisarse el tema de plazos referentes a los incentivos que gozan los beneficiarios.

“Cambios conceptuales en la iniciativa también pueden erosionar las finanzas públicas, tal el caso de considerar ciertas operaciones que con la ley vigente no están afectas al IVA”, aseveró ese ministerio.

CIFRAS

43 empresas trabajan en tejido, serigrafía, lavado, bordado e hilos.

8.9% del PIB, representa la industria de vestuario y textiles a nivel nacional.

180 mil empleos entre directos e indirectos genera ese sector

155 empresas de confección existen

LAS CONSECUENCIAS DE NO APROBAR LA INICIATIVA

Para el Ministro de Economía Jorge Méndez Herbruger, la iniciativa de ley presentada es de “suma importancia para el país”, pues permite la estabilidad laboral para unas 40 mil personas, que dependen de la industria de la maquila, y representa más de 800 millones de dólares en ingreso de divisas, como resultado de exportaciones.

“Todo esto nos hace responsables para plantear al Congreso, la iniciativa que he mencionado. Esto deviene de la necesidad de cumplir con la OMC, que establece que para el 31 de diciembre de 2015 los incentivos fiscales, en relación al impuesto sobre la renta de industrias que no son de maquila de vestuario y textil, y de servicios deben de quedar fuera de esa exoneración”, afirmó.

El ministro aseveró, que esperan que la misma se apruebe, pues de no hacerlo las consecuencias serían que los inversionistas extranjeros y algunos nacionales que no tienen equipo fijo en Guatemala, es decir propiedades o bodegas, y que causaría que se puedan llevar su maquinaría a otro país que sí posea incentivos fiscales.

Méndez Herbruger comentó, que la iniciativa no vendría a perjudicar la recaudación porque todas las industrias al terminar el período establecido, pasarían a pagar el ISR, “hoy en día todos los que están aplicados al 29-89 no pagan impuesto sobre la renta”, y quienes no son maquilas sobre todo productos agrícolas o industrias, empezarían a pagar sus impuestos conforme venza el plazo de diez años.

 

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Creación destructiva y la maquila

¿Necesitamos destruir a la maquila? Tal vez cuando a cualquier trabajador en el país se le facilite encontrar mejores empleos. Mientras tanto es una mala idea. Hoy, para la mayoría de la población del país, la alternativa al empleo en maquila es trabajar en el sector agrícola o en el sector informal o arriesgar su vida en un viaje a los Estados Unidos.

Este artículo es la continuación de una discusión con Alberto Fuentes que, a mi juicio, ya no solo es una discusión sobre la ley de inversión y empleo o sobre algunas de sus permutaciones, sino de nuestra visión de política económica para Guatemala. Aquí, la columna original de Alberto, mi respuesta y su respuesta. Sin duda agradezco el nivel de Alberto para mantener una buena discusión.

Guatemala, ¿un país maquilero?

A diferencia de lo que cree Alberto, Guatemala nunca llegó a ser un país maquilero. Él argumenta que sí porque las exportaciones del sector han representado cerca de un tercio de las exportaciones del país, más de la mitad de las exportaciones de manufactura del país y un cuarto de la producción de manufactura del país.

¿Son dichos datos convincentes? Lo dudo. Sin lugar a dudas, el sector de vestuario y de textiles tuvo un crecimiento importante durante el período de 1997 a 2005 (ver gráfica). A 2002, las exportaciones de textiles y de vestuario representaron un 30.94 % del total de exportaciones, la mayor proporción alcanzada. Pero ello solamente representaba un 6 % del PIB. Y alrededor de dichos años, según datos de Vestex, el empleo en el sector era cercano al 3 % del total de los trabajadores del país. Posteriormente, malas políticas, la competencia de China y la crisis económica estadounidense hicieron que el sector decreciera hasta rebotar en 2010 (ver aquí la gráfica del sector).

Al final, como diría Deirdre McCloskey, esto parece resumirse a la pregunta: «¿Qué tan grande es lo grande?». Personalmente me resulta difícil aceptar que Guatemala ha sido un país maquilero cuando lo más que logró fue representar un 6 % del PIB y un 3 % del empleo. Y cuando ello fue breve.

El brinco del paquete completo como ejemplo

Alberto señala que el brinco al paquete completo refleja lo poco que se ha modernizado la maquila guatemalteca, pues es lo mismo que se empezó a impulsar hace 10 años. Dada la falta de apoyo en investigación y desarrollo (R&D), altos costos de electricidad, corrupción en aduanas y la apreciación del tipo de cambio real, a mí me parece que es un avance importante. ¿Justifica el apoyo del Gobierno? Yo diría que sí, pues ha hecho que el sector sea más robusto y sobreviva la entrada de China a pesar de los crecientes problemas por expandir los encadenamientos del sector. Esto es importante porque contrasta con el comentario de Alberto de que a la industria solo puede deparársele una «inexorable decadencia», ya que, según él, los incentivos fiscales solo sirven para atraer industrias que compiten a base de bajos costos, pero resulta que Irlanda atrajo inversión de Apple con incentivos fiscales.

Ahora bien, este no es el único cambio en la industria. Ha habido cambios del tipo de productos que se producen en el país y en cuanto a la sofisticación productiva de estos —no es la misma playera blanca de hace años—. También ha habido cambios en el sector respecto al encadenamiento del sector. Por ejemplo, hay empresas que ahora pueden atender pedidos individuales que se realicen a través de páginas de internet, lo cual requiere alta flexibilidad para mantener la rentabilidad. También he visto empresas que contratan expertos en modas en el ámbito internacional para que vengan a Guatemala a apoyar en el proceso de diseño. También he visto empresas con marcas propias entrando en mercados internacionales. Eso ya se hace, aunque parece que Alberto no está enterado de ello.

En todo caso, no nos perdamos. El sector de maquila es altamente productivo comparado con el sector promedio de la economía nacional. Por eso es que podía producir 30 % de las exportaciones y 6 % del PIB con menos del 3 % de los trabajadores. Así pues, incluso si no fuera tan innovador, aún es más innovador que el resto de los sectores del país.

A veces la creación destructiva solo es destructiva

Cuando Schumpeter hablaba de la creación destructiva se refería a cómo el capitalismo tiene la capacidad de generar nuevas estructuras económicas (nuevos productos, nuevos insumos, nuevos procesos productivos, nuevos mercados) que vienen a destruir las anteriores. La idea era clara: hay nuevos sectores productivos que están entrando y cambian la estructura del país. En el caso de Guatemala es ingenuo, desde dos perspectivas, decir que eliminar los incentivos fiscales (y no desarrollar el resto de políticas favorables para la sofisticación del sector) va a generar creación destructiva[1].

Alberto [Fuentes] termina adoptando una posición muy libertaria al creer que los mercados se ajustarán y permitirán el crecimiento de nuevas industrias si solo dejamos que el sector de vestuario y de textiles desaparezca.

Primero está la experiencia de India en contraposición a la de Europa continental durante el ascenso del imperio británico. India contaba con una pujante industria de tejidos de algodón en el siglo XIX, cuando exportaba dichos productos a Europa y a China, dada la calidad del producto. Los ingleses empezaron a proteger sus productos de lana, así que impusieron aranceles prohibitivos a los productos de India. Gracias a dicha prohibición empezó a surgir una industria algodonera en Inglaterra, la cual eventualmente se benefició de los descubrimientos científicos para mecanizar el tejido y el bordado. Fue tan productiva la industria que no solo minimizó la industria de lana en Inglaterra, sino que dicho producto empezó a ser exportado a granel a todo el mundo. Esta primera parte, sin duda, puede uno denominarla destrucción creativa.

En Europa continental sabían que la manufactura, debido a su mayor productividad, permitía generar una mayor prosperidad. Se podían crear más empleos y pagar mayores salarios, mientras que en el sector agrícola mayor productividad implica mayores salarios, pero menos empleo. Por ello se establecieron medidas favorables para los sectores de manufactura. No solo se protegió con aranceles (incentivos fiscales) la ropa de lana, seda y algodón, sino también hubo apoyo con espionaje industrial y políticas para atraer migrantes que tenían conocimientos especiales en la nueva maquinaria.

En el caso de India, que perdió su independencia bajo el imperio británico, dicha nación no pudo optar por las medidas de Europa continental, así que se desindustrializó de manera notable. No pudo imponer aranceles, así que no tuvo tiempo ni capacidad para adaptar su industria, lo que hizo que su industria de bordados de algodón desapareciera y que dicho país se convirtiera en uno agrícola al exportar algodón crudo. Y esa, de manera resumida, es una de las razones importantes del empobrecimiento de India desde 1750.

Segundo, en el caso de Guatemala, el debilitamiento de la maquila se daría sin que exista un sector que vaya a tomar su lugar. No hay un sector creciente que vaya a tomar su lugar. No son los call centers, que no aglutinan ni a 20 000 empleados (y que siguen con problemas para lograr apoyo del Gobierno en la promoción de la educación en inglés). ¿Serán el café y el azúcar? ¿Será el brócoli, el banano o la extracción de oro? Es más probable que haya un incremento del comercio informal y de la migración hacia México y Estados Unidos.

Al final, Alberto termina adoptando una posición muy libertaria al creer que los mercados se ajustarán y permitirán el crecimiento de nuevas industrias si solo dejamos que el sector de vestuario y de textiles desaparezca. Yo lo dudo.

Sobre las alternativas

El empleo en fábricas de vestuario y de textiles no es el de un oficinista de banco en términos de comodidad. Pero no es posible crear tres millones de empleos de oficinistas de banco en Guatemala. En contraste, sí es posible crear millones de empleos en el empleo agrícola y en el comercio informal, pero allí las condiciones sí son precarias. En ese sentido, la pregunta es: ¿cuál es la alternativa para la generación de empleo? ¿Será que matando la maquila surgirá una industria que pagará Q5 000 al mes a cientos de miles de guatemaltecos con cinco años de educación promedio? La historia reciente del país nos dice que debemos ser escépticos. En los últimos 20 años Guatemala ha pasado a contar cada vez con más productos primarios como sus principales exportaciones (agricultura y minería). Dudo que esos sectores vayan a crear mucho del empleo que Alberto desea.

Cabe tomar en cuenta que, aun con los problemas en la industria y con mucho empleo subcontratado, es más fácil realizar un proceso de formalización en el sector industrial que en el sector agrícola. De hecho, hay esfuerzos importantes en dicha dirección, que se aprecian en las presiones de los clientes internacionales por cumplir con la legislación laboral para las maquilas.

Sobre el futuro

Coincido en que es necesario pensar en una transición hacia nuevas y más sofisticadas industrias. Sin lugar a dudas. Pero creo que dicha apuesta no puede ser la única que desarrolle el país porque no todos estamos en la misma capacidad de poder dar dicho brinco. Por eso el sector de maquila puede ser el paso para que mucha de la población rural y trabajando en el sector agrícola o en el comercio informal pueda subir un primer peldaño en el desarrollo. De esa manera, a ellos y a sus hijos les será más fácil la transición hacia los nuevos sectores innovadores.

¿Y entonces? Yo aprobaba la ley de inversión y empleo con modificaciones. Y aprobaba los mecanismos de gobernanza e impositivos que recomiendo para R&D y de capacitación. De esa manera, y con claras apuestas en materia de desarrollo de parques industriales cercanos a los puertos del país, estaríamos en camino a la transformación industrial por la cual ambos abogamos.

 


[1] Por cierto, el argumento que esbozo en esta sección es una razón para poner en duda la etiqueta delibertario que me imputó Nómada cuando se publicó el segundo artículo de Alberto.

[Fin]

Un millón de menores trabajan

POR VIRGINIA CONTRERAS
vcontreras@lahora.com.gt

Al menos un millón de niños, niñas y adolescentes, entre 5 y 17 años, realizan diferentes labores, según lo indicó la Organización Internacional del Trabajo (OIT); además, señaló que Guatemala es el país de la subregión de América Central donde se reporta el mayor índice de trabajo infantil peligroso.

En tal sentido, estadísticas del Ministerio de Trabajo señalan que 850 mil 937 menores se encuentran activos laboralmente, la mayor parte de ellos en Huehuetenango. Mientras que datos de la Procuraduría de los Derechos Humanos destacan que tres de cada 10 niños indígenas trabajan y 1.5 de cada 10 niños no indígenas también lo hacen.

 

http://lahora.gt/un-millon-de-menores-trabajan/

Maquila y tecnología

En esta columna busco responder a algunos de los comentarios de la columna de Alberto Fuentes publicada en Nómada hace algunos días, no solo con relación a la estrategia de desarrollo de Guatemala, sino también con relación a la ley de promoción de inversión y empleo.

Empezaré reconociendo aquellas cosas en las que coincido con Alberto para luego enfocarme dónde veo importantes diferencias.

  • Coincido en que el desarrollo económico proviene de una «revolución incesante en las estructuras productivas de un país», que requieren «inversiones en educación, en infraestructura, en programas de investigación y desarrollo y en apoyo a los emprendedores».
  • Coincido en que debe cuestionarse la validez de la idea de que la propuesta de ley de promoción de inversión y empleo es la «única forma de actualizar las leyes existentes (decretos 29-89 y 65-89)». En otra ocasión, Juan Alberto Fuentes ha mencionado que podría pensarse en una ley específica para el sector de vestuario y textiles para preservar y fomentar el empleo del sector y luego en una normativa específica para desarrollar sectores específicos. El problema que veo con esta idea es que no hay propuestas de discusión en la mesa y que el tiempo para cumplir con el compromiso internacional está por vencerse. Por lo mismo, ya en una columna previa sugería pensar en modificar varios artículos de la iniciativa de ley para mejorarla sustancialmente.

Por otro lado, difiero en el tono cuasiapocalíptico de Alberto. También difiero en algunos descuidos sobre los hechos. Por ejemplo:

  • El acuerdo gubernativo 29-89 se llama Ley de Fomento y Desarrollo de la Actividad Exportadora y de Maquila. Nunca fue su intención solo enfocarse en las maquilas. Su enfoque era promover la diversificación de la oferta de exportación del país. Parece un pequeño detalle, pero no lo es.
  • Existe el supuesto de que en Guatemala muchas de las empresas siguen siendo las maquilas de principios de 1990, cuando las empresas solo se dedicaban a coser la ropa. Se ha verificado una evolución hacia el concepto de paquete completo, en el cual se pasa de la compra de la tela al teñido, al planchado y a la colocación del producto en las tiendas en Estados Unidos. Por otro lado, han existido obstáculos para un mayor desarrollo del sector difíciles de resolver por sí mismos. Por ejemplo, obstáculos para un mayor desarrollo de tejidos sintéticos (en parte porque venimos de tener altos costos de electricidad), menores tiempos de entrega (por los problemas de infraestructura y servicios en aduanas), expansión al interior del país y a regiones con alto potencial de exportación (por los aumentos al salario mínimo, que no justifican salir a contratar personal de menor productividad), etc.
  • La ley de inversión y empleo no «obstaculizará el desarrollo, ahogará la vocación emprendedora del empresariado guatemalteco [sic] y reducirá aún más los limitadísimos ingresos del Estado». Esto requiere un análisis detallado, pero diré lo siguiente. Primero, no obstaculiza el desarrollo (ver lo que desarrollo en los párrafos siguientes). Segundo, no ahoga la vocación emprendedora, cuando lo que vemos hoy en día es el florecimiento del mercado inmobiliario y de centros comerciales, que no incrementan la productividad laboral ni generan empleo masivo, lo cual contrasta con lo que se ha logrado al día de hoy con el acuerdo gubernativo 29-89. Tercero, no es que súbitamente algunas empresas vayan a dejar de pagar impuestos por algo que llevan años produciendo.

Creo que para comprender el problema que tengo con el artículo de Alberto hay que empezar por el título: «¿Queremos seguir siendo un país maquilero?». ¿Por qué? Porque da por sentado que de hecho somos un país maquilero. Y allí es donde está la gran debilidad del análisis. No lo somos. Es difícil estar del lado de Alberto cuando la proporción de trabajadores en el sector agropecuario del país supera el 30 % o cuando el sector de vestuario y textiles, el principal sector maquilero del país, nunca llegó a superar, según las estimaciones del mismo sector, el 3 % de la población económicamente activa. Claro, y allí estamos tomando en cuenta mucho del empleo subcontratado. Así que, si hablamos de las empresas exportadoras inscritas al IGSS, la proporción es aún menor. ¿Seguir siendo un país maquilero? Lastimosamente, nunca lo hemos sido. Mientras tanto, otros países generaron miles de empleos que nosotros pudimos desarrollar en el país, pero por falta de políticas claras no lo logramos.

¿Seguir siendo un país maquilero? Lastimosamente, nunca lo hemos sido.

Es más. Considero que es necesario en este punto llevarle la contraria a Alberto y decir: aún necesitamos incrementar la participación de la maquila en una parte importante del país. Necesitamos generar oportunidades de empleo para la población fuera del sector agrícola, especialmente el de autosubsistencia. Es la falta de empleo lo que es limitante para lograrlo. En el interior del país aún se lograría un incremento importante de la calidad del empleo si se pudiera acceder a un empleo de maquila. No solo en el sector agrícola, sino también en el de servicios. Cuando realizamos el estudio del comercio informal en Guatemala hace diez años, el 31 % de los comerciantes informales urbanos respondieron que dejarían su negocio con tal de encontrar un empleo que les ofreciese el mismo ingreso que percibían en ese momento. El 69 % restante solo se dejaría contratar a cambio de un aumento en sus ingresos. Curiosamente, dicho aumento era equivalente al salario que habrían ganado dichos comerciantes en las maquilas más productivas del país en ese año. Claro, no solo de incentivos fiscales vive la inversión. Lo importante es saber ofrecer una combinación atractiva para la inversión. Creer que debemos dejar de utilizar los incentivos fiscales es ingenuo. Si ni los gringos ni los europeos, que son los países desarrollados, los dejan de emplear, ¿por qué va a ser uno más papista que el papa? Y, como seguro Alberto sabrá, la historia del desarrollo económico está vinculada a procesos impositivos diferenciados a sectores con potencial de generación de empleo y de crecimiento económico. Y por más que Juan Alberto Fuentes Knight diga que no hay evidencia entre inversión e incentivos fiscales, la verdad es que ese tipo de análisis económicos es fútil, esto dicho por el principal experto en desarrollohoy por hoy. Más aún, lo que señala Fuentes Knight es importante: el problema no es de la legislación, sino de cómo se aplica la ley. Así que, en una época en la que contamos con la Cicig, ese no debería ser un problema.

Por eso considero que Guatemala necesita una estrategia dual de desarrollo económico. Hay que pensar en las condiciones actuales de la población en las áreas rurales del país para crear empleo no agrícola, así como en las condiciones para promover la urbanización del país alrededor de regiones que tengan potencial de desarrollo. Allí es donde hay un rol importante para las maquilas que tanto desprecia Alberto.

Por otro lado, hay que pensar en la actualización constante de la estructura económica del país, que implica seguir apostando por la educación, la capacitación, la investigación y el desarrollo, la infraestructura, etc. En ese sentido, considero que esa apuesta está siendo reconocida por el mismo
Gobierno. El mismo Ministerio de Economía, que impulsó la mejorable ley de inversión y empleo, también acaba de hacer pública su propuesta de política industrial, que reconoce la necesidad de la actualización de la estructura productiva del país.

Por eso considero errado pensar que la iniciativa de ley de inversión y empleo debe modificarse para que responda mejor a nuestros objetivos. Y debe verse como parte de un esfuerzo integral en el que hay otros temas que deben mencionarse y empezar a ponerse en la agenda. Doy dos ejemplos. Uno, desarrollar una política de absorción y desarrollo tecnológico financiada con un impuesto a las exportaciones del sector primario del país. Dos, deberíamos apoyar la educación vocacional a partir de un incremento del impuesto a la planilla.

[Fin]

Necesitamos que se acaben estas maquilas

En mi entrega anterior, planteé algunas de las razones por las cuales considero que la aprobación de la recién presentada Ley de Promoción de Inversión y Empleo (recientemente rebautizada como Ley Emergente para la Conservación del Empleo) sería un error. En esta ocasión, propongo algunas ideas más en torno al debate de esta iniciativa.

Argumentaba que el problema de la propuesta de ley no sólo radica en el costo fiscal (regresivo) que representará para el raquítico Estado guatemalteco,[1] ni en las magras posibilidades que ofrece para atraer inversiones de calidad. Un problema adicional –y a mi entender, fundamental– es que el objetivo implícito de la ley propuesta no es promover el desarrollo mediante la “creación destructiva” que describe Schumpeter. El fin es, más bien, extender la agonía de una industria maquilera que, a pesar de haber contado con privilegios fiscales por casi cuarenta años, no ha logrado reinventarse para competir en un mercado mundial cambiante.

En respuesta a mi texto, mi colega Lisardo Bolaños Fletes escribió una columnaen Plaza Pública en la cual disentía con algunas de mis ideas. Agradezco a Lisardo la invitación al debate, y a continuación espero responder a la mayoría de sus argumentos. Dichos argumentos, a mi entender, se dividen en dos partes: por un lado, está la descripción de la industria de la maquila y su evolución histórica; y por otro, la visión del desarrollo del país a largo plazo.

En cuanto a la descripción de la industria, Lisardo empieza por cuestionar mi afirmación de que Guatemala ha sido, o es, un país maquilero, indicando que “nunca llegó a superar… el 3% de la población económicamente activa”. Sin embargo, la importancia de una industria no depende solamente del tamaño de su fuerza laboral, sino también del valor de su producción y exportaciones.[2] Y en el caso de la maquila, durante su época dorada a mediados de la década del 2000, sus exportaciones representaban más de un tercio de las exportaciones totales del país (superando al café y el azúcar), y más de la mitad de las exportaciones de manufactura. Durante estos años, la industria contribuía, además, alrededor de un cuarto de la producción total manufacturera.[3] Con estos datos, resulta difícil concluir que Guatemala no es, ni jamás ha sido, un país maquilero.

Lisardo cuestiona también la afirmación de que la industria ha sido incapaz de reinventarse para mantener su ventaja competitiva. Arguye que al interior de la industria se ha dado “una evolución hacia el concepto de paquete completo…” Pero este argumento nuevamente esconde información necesaria para un análisis riguroso, pues el paquete completo ha sido parte de la producción maquilera guatemalteca (y de la mayoría de los demás países maquileros de la Cuenca del Caribe) desde hace al menos diez años. Incluso recuerdo haber visitado, como parte de una investigación que realicé junto con Pipkin en el 2005, cursos organizados por Vestex enfocados en el paquete completo, y maquilas como Koramsa, que se presentaban como modelo de este modo de organización del proceso productivo. El hecho de que, diez años más tarde, Lisardo presente al paquete completo como ejemplo de los avances de la industria refleja lo poco que se ha modernizado la maquila en Guatemala, a pesar de haber contado con el continuo apoyo financiero de las exenciones fiscales.

Lisardo también expresa dudas sobre mi visión de desarrollo para el país, en la cual abogo por un proceso consistente con la idea de la creación destructiva. La faceta destructiva del proceso que propongo pondría fin a los beneficios fiscales que mantienen con vida a la agonizante industria maquilera actual. Lisardo adopta una postura contraria. Sugiere que el país requiere de más maquilas como las actuales, pues según sus estudios, la mayoría de los comerciantes informales del país estarían dispuestos a dejar sus negocios actuales por trabajos con salarios similares a los de “las maquilas más productivas del país…” Este razonamiento tiene al menos dos problemas.

Primero, la calidad del empleo de la maquila deja mucho que desear. Y no sólo me refiero a la gran intensidad del trabajo de maquila –una dimensión que no menciona Lisardo y que probablemente afectaría las conclusiones de su estudio con los comerciantes informales. También estoy hablando de los salarios y beneficios laborales. Como lo reconoce el mismo Lisardo, la maquila incorpora mucho empleo subcontratado no inscrito en el IGSS; y es incapaz de pagar el salario mínimo (diferenciados para la maquila, y menor que los salarios mínimos agrícola y no agrícola) si es que ha de seguir siendo competitiva.[4]Pero, ¿cómo va a ser positiva para el desarrollo una industria que no sólo no paga buena parte de los impuestos que le corresponden, sino que además se esmera en bajar salarios, reducir beneficios y alargar las jornadas laborales?

El segundo problema con la línea de argumentación de Lisardo es que, aunque quisiéramos más maquilas, ningún privilegio fiscal va a impedir su inexorable decadencia, al menos en la forma actual de la industrial maquilera. ¿Por qué digo esto? Porque los privilegios fiscales son útiles principalmente para industrias que buscan competir a base de bajos costos de producción. Pero está muy claro que la maquila guatemalteca ya no es capaz de compararse con otros países cuyos costos de producción son mucho menores. No es coincidencia que, entre 2004 y 2014, la producción de vestuario y textiles como porcentaje del PIB se haya reducido casi a la mitad, y su proporción de las exportaciones totales del país haya bajado del 35% al 14%.[5]

Y entonces, ¿qué hacemos? Esta es la pregunta que me lanzaba Alejandro Ceballos, uno de los líderes de la industria de la maquila. A mi parecer, hay dos opciones. La primera se centraría en reemplazar la agotada industrial maquilera actual por una industria de maquila capaz de desarrollar sus propios diseños y marcas, y generar empleos de mayor calidad. Tal industria probablemente comenzaría por conquistar los mercados regionales antes de expandirse a otras áreas del mundo.

La segunda opción es aceptar que nos encontramos frente al ocaso de la industria de la maquila del país, y que debemos buscar nuevas industrias. A fin de cuentas, la maquila siempre ha sido concebida simplemente como una etapa en el proceso de desarrollo a largo plazo. En la nueva etapa de desarrollo, el país aprovecharía el legado que le ha dejado la etapa de la maquila. Dicho legado incluye a una fuerza laboral acostumbrada al régimen industrial y con cierto nivel de capacitación; una experiencia de organización colectiva, liderada por Vestex, sumamente exitosa; y una generación de experimentados empresarios –entre los que se incluye el mismo Ceballos– con un vasto conocimiento de la producción manufacturera para la exportación. Estos son recursos invaluables que el país debe utilizar para promover un nuevo proceso de transformación industrial consistente con la creación destructiva.

Ambas opciones –la innovadora maquila de mayor valor agregado o la transformación hacia nuevas industrias– requerirían de una agresiva política industrial, liderada por el Estado. Y ninguna de las dos dependería de la aprobación de la Ley Emergente para la Conservación del Empleo, una ley profundamente conservadora, útil solamente para un grupo de empresarios que se resiste al cambio, e incompatible con el desarrollo.

 

[1] Este argumento se vio reforzado por las recientes declaraciones del Ministro de Economía, quien indicó que “Los impuestos que generan las personas que trabajan en el sector de vestuario son mucho mayores que los que las empresas dejan de pagar de ISR”.

[2] Por cierto, dados los datos que presenta Lisardo, cabe preguntar por qué los maquileros que promueven la propuesta de ley la defienden con base en la gran cantidad de empleos que supuestamente se perderán si no se aprueba.

[3] Cálculos propios con datos del Banguat.

[4] Por esta razón, es en este sector donde se originan descabelladas propuestas salariales como los salarios mínimos por productividad, o los salarios diferenciados por región.

[5] Cálculos propios con datos del Banguat.

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Alberto Fuentes
/Latinoamericano, estudiante del desarrollo social y económico de los países del Sur. Realizo investigaciones sobre el sector empresarial y sus relaciones con el Estado, la sociedad civil y, especialmente, l@s trabajadores.

 

https://nomada.gt/necesitamos-que-se-acaben-estas-maquilas/

Guatemala es el país con mayor índice de trabajo infantil en Centroamérica, según OIT

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Guatemala es el país de la subregión de América Central y República Dominicana en donde se reporta el mayor índice de trabajo infantil peligroso, siendo en total, de acuerdo con la entidad, al menos un millón de niños, niñas y adolescentes de entre 5 y 17 años, los que realizan diferentes labores.

La Oficial Regional de la OIT informó que en América Latina se contabilizan actualmente 12.5 millones de infantes que trabajan, lo cual en la mayor parte de casos les impide ir a la escuela.

Agregó que pese a que durante 2012 se redujo en 7.5 millones la cifra del total de niños que son explotados laboralmente, no se ha avanzado lo suficiente en la erradicación de este flagelo.

Asimismo, se dio a conocer que en la subregión de América Central y República Dominicana hay 2 millones de menores que trabajan, de los cuales la mitad son guatemaltecos.

Por su parte, el ministro de Trabajo, Oswaldo Enríquez, explicó que según datos de esa cartera, son 850 mil 937 menores los que están activos laboralmente en Guatemala, la mayor parte de ellos en Huehuetenango, y que ejercen en “las peores formas de trabajo infantil”.

Finalmente, la oficina de la OIT pidió a las autoridades de los diferentes países que se enfoquen adecuadamente las políticas públicas para evitar el trabajo infantil, especialmente el riesgoso, mismo que en Guatemala se vincula con la pólvora y picar piedra.

 

http://www.emisorasunidas.com/noticias/nacionales/guatemala-es-el-pais-con-mayor-indice-de-trabajo-infantil-en-centroamerica-segun-oit/269894