Diferenciación: Decisión acertada

Hugo Maúl R.

La diferenciación regional del salario ha sido utilizado para reconocer las disparidades adentro de un mismo país.

A pesar del grado de avance y perfeccionamiento en el proceso de integración económica y política de la Unión Europea, y el compromiso de esta región con la defensa irrestricta de los derechos humanos, sus autoridades políticas y económicas reconocen la importancia de mantener regulaciones laborales diferenciadas de acuerdo a las necesidades de generación de empleo en distintos países, regiones, y segmentos poblacionales. El uso de salarios mínimos diferenciados por sector, región, edad, ocupación o calificación es muy común alrededor del mundo. En la Unión Europea, por ejemplo, en 2004, solamente tres de los 26 países que componían la Unión en ese momento carecían de alguna forma de diferenciación en su normativa sobre el salario mínimo. Tratos diferenciados que van desde la reducción de las obligaciones patronales a la seguridad social e impuestos al trabajo por contratar jóvenes y personas sin experiencia hasta salarios mínimos más bajos que el general de acuerdo a la edad o la experiencia del trabajador.
Incluso, la tan atacada diferenciación regional del salario es algo que ha sido utilizado para reconocer las disparidades adentro de un mismo país. En 1997, el Gobierno alemán estableció un salario mínimo para los trabajadores de la construcción de Alemania Oriental equivalente al 64 por ciento del salario mínimo vigente en ese momento para ese mismo tipo de trabajador en Alemania Occidental. A nadie sorprende estas amplias disparidades en la regulación relativa al salario mínimo en la Unión Europea; el distinto grado de desarrollo de los países que componen esta región demanda que las regulaciones laborales reflejen las distintas posibilidades de creación de empleo y generación de ingresos laborales en cada región. Saben bien las autoridades europeas que deben existir regulaciones laborales distintas de acuerdo con la situación de desempleo y productividad de las distintas regiones y/o segmentos de la población.
Ante un mismo costo unitario de la mano de obra, la mayoría de la inversión, creación de nuevas empresas y generación de empleo ocurrirá en regiones con mejor infraestructura productiva, productividad de los trabajadores, ventajas de ubicación y acceso a mercados. Algo que saben bien, y no cuestionan, defensores de derechos humanos y relatores especiales de la ONU, que con tanta autoridad hablan sobre lo que debería hacer o no un país para buscar su desarrollo. Carecería de sentido acusar a la Unión Europea de violar los derechos humanos y laborales por permitir que existan salarios diferenciados entre las regiones ricas y las pobres, con valores tan dispares como los US$210 del noroccidente de Bulgaria, la región más pobre de la Unión, con unos US$210 mensuales, y los US$2 mil 200 mensuales de Luxemburgo. No permitir esta diferenciación gravitaría en contra de las regiones con menores niveles de capacitación de sus trabajadores, mayores tasas de desempleo, mayores limitantes estructurales a la producción y peores condiciones para hacer negocios.

http://www.elperiodico.com.gt/es/20150224/opinion/9019/Diferenciaci%C3%B3n-Decisi%C3%B3n-acertada.htm

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