¿Dónde quedó el derecho al trabajo?

Juan Carlos Zapata

Oportunidades laborales en el país no logran concretarse por diferencias ideológicas.

En las últimas semanas, se han intensificado las columnas de opinión en contra del salario mínimo diferenciado que se desea implementar para nuevos empleos en actividades de exportación en manufactura ligera, en cuatro municipios del país, lo cual quiere decir que no se le está bajando el salario a nadie, ya que es solo para nuevos puestos de trabajo. Uno de los argumentos más utilizados es que el salario mínimo diferenciado de Q1,500 mensuales es “de hambre” y que con eso no se puede comprar la canasta básica alimentaria que ronda los Q3 mil al mes. Si bien yo soy el primero en querer con todo el corazón que todos los guatemaltecos ganen por encima de Q5 mil al mes o más, el simple hecho de desearlo no va a transformarse en una oportunidad laboral formal en la práctica.

Lo que a muchos críticos al tema de los salarios mínimos diferenciados nos les gusta ver, son los números. Lo que los datos nos muestran es que simplemente 54 por ciento de la población efectivamente tiene ingresos por debajo de los Q690 mensuales (ENCOVI 2011). ¿Qué incentivos existen entonces para abrir puestos de trabajo formales en un municipio en la provincia? La respuesta hoy por hoy es ninguna, una de las razones por lo que la mayoría de la población económicamente activa trabaja en la informalidad (69.3 por ciento según datos al 2014). Esto puede ser en actividades por cuenta propia o en empresas informales, no gozando de prestaciones, ni tampoco seguro social.

La iniciativa de salarios mínimos diferenciados es una forma de comenzar a pensar fuera del esquema en el que los guatemaltecos hemos creado instituciones como el concepto de salario mínimo nacional, que ha dejado fuera del sistema de seguro social a millones de guatemaltecos.

Cuando vemos la experiencia de otros países como México, por ejemplo, que incluso en el Distrito Federal tiene un salario mínimo más bajo que el que se está proponiendo en los municipios donde se establecería el salario mínimo diferenciado (el salario mínimo en el D.F .es de Q1,070 mensuales) ¿seguiremos con el mismo argumento?

¿Qué alternativas de trabajo formal tiene la mayoría de mujeres en un municipio como Masagua, donde la mayoría se gana la vida haciendo tareas domésticas? La realidad hoy es que ninguna, si no se incentiva a las empresas a establecer fábricas que le permitan a esa mujer hoy un mejor ingreso, formal y con prestaciones, lo más probable es que seguirá con su trabajo informal, mientras los columnistas y defensores de “derechos humanos” sigan criticando la medida. Lo que ninguno de ellos se pregunta, ni tampoco responden, es ¿dónde quedó el derecho al trabajo?

@jczapata_s

http://www.elperiodico.com.gt/es/20150223/opinion/8951/%C2%BFD%C3%B3nde-qued%C3%B3-el-derecho-al-trabajo.htm

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