El mercado laboral chapín

El mercado laboral chapín

¿Por qué nos sorprendemos de los altos niveles de violencia?

“¿Qué va a llevar reina, tenemos piña, papaya, melón, sandía, la quiere con pepita o con miel?”, pregunta todos los días doña Catarina Itzep Oxlaj, mujer indígena proveniente de Quiché y quien lleva más de 15 años de vender fruta afuera del Aeropuerto La Aurora. Tras ser deportada de Estados Unidos, su hija Yolanda vende también shucos del otro lado de la calle de donde vende fruta su mamá. ¿Será este el mismo destino que tendrán los nietos de doña Catarina?

Además de ofrecer manos y brazos de los migrantes a la economía mundial, ¿cómo nos incorporamos como país al proceso de globalización neoliberal?, ¿por qué nos sorprendemos de los altos niveles de violencia? Si basta con observar detenidamente a nuestro alrededor para percibir las condiciones de vida de las grandes mayorías sin educación, en de-sempleo, en la economía informal y con salarios imposibles. Basta con asistir un día cualquiera al aeropuerto La Aurora para ver irse y volver a centenares de poblaciones indígenas que se fueron hace tiempo para adquirir el empleo que como país no les podíamos ofrecer.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2011, la población total del país era de 14 millones 713 mil 763 habitantes. De estos, el 61 por ciento tenía 15 o más años de edad y conformaba la Población en Edad de Trabajar (PET).

De acuerdo a la Encuesta sobre Trabajo Informal, alrededor de 574 mil 700 per­sonas eran trabajadores del sector informal de la economía. Del total, 65.3 por ciento se dedi­caba a la venta de fruta, verdura y refrescos, ropa, carne, abarrotes y alimentos. Del total de trabajadores, más de la mitad eran mujeres (56.1 por ciento) e indígenas (57.8 por ciento); la tercera parte tenía ingresos inferiores a Q1,000 (US$129), muy por debajo del salario mínimo, que en ese año era de Q1,374 (US$177.5).

En un estudio realizado por INCEDES, llamado Análisis de las Migraciones Laborales Actuales y los Procesos de Armonización Legislativa en Centroamérica, México y República Dominicana la población en edad de trabajar, 5 millones 571 mil 358 personas trabajaban o buscaban tra­bajo (62 por ciento), es decir, constituían la Población Económicamente Activa (PEA). En el interior de este grupo, la tercera parte era de sexo femenino y poco menos de la mitad indígena. La escolaridad promedio de los trabajadores era de 6.3 grados. La PEA rural nacional, que concentra el mayor volumen de trabajadores (52 por ciento), presentaba una escolaridad promedio de 4.4 grados.

La tasa de subocupación descendió de 63.7 por ciento en el 2002 a 57.1 por ciento en el 2011. Y aunque la tasa de ocupación en 2011 rebasó el 95 por ciento, la tasa de ocupación plena a nivel nacional alcanzó el 40 por ciento, lo que significa que solo cuatro de cada diez trabajadores laboraron jornadas adecuadas de trabajo y percibieron salarios acordes con su experiencia o formación.

La agricultura continúa siendo la mayor fuente de ocupación: en esta rama laboró el 38 por ciento de la población (la mayoría de sexo masculino, y más de la mitad indígena), seguida por la rama de servicios (26 por ciento), comercio (18 por ciento) e industria (14 por ciento). Solamente en el comercio hubo un ligero predominio de mujeres, que representaron el 51 por ciento del total de la población ocupada en dicha rama de actividad económica.

En relación con la estructura salarial, destaca que el salario promedio nacional (Q1,966.93, equivalentes a US$254) era menor al salario mínimo promedio vigente en el 2011. El salario de los trabajadores indígenas, mujeres y jóvenes, en promedio representa 23 por ciento menos del promedio nacional.

En definitiva la incorporación de Guatemala en el proceso de globalización ocurre en el contexto de un alto porcentaje de subempleo y baja remuneración de la mayoría de los trabajadores. La estructura del mercado laboral guatemalteco evidencia que las políticas macroeconómicas implementadas no han sido acompaña­das de políticas de promoción de empleo asalariado.

Así, el próximo candidato a la Presidencia debe tener un plan estratégico para esta enorme población en necesidad de empleo, y promoción de empleo, con salarios justos. Un plan económico para ingresar a la economía mundial más allá de poner en venta las manos y brazos de la población no calificada. Dice doña Bárbara desde Patzún “en la cooperativa de mujeres hemos bordado más de mil huipiles el problema que tenemos es que no sabemos dónde venderlos”. Un plan económico debe pasar también necesariamente por abrir los debidos nichos de mercado para exportar nuestros invalorables productos al mercado mundial.

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